En Revista Insertos sentimos la imperiosa necesidad de seguir de cerca la evolución de la carrera hacia los Óscar 2018, de ahí que Yago Paris y Cristina Aparicio Miranda presenten a continuación los trabajos y los artistas que consideran que deberían llevarse el premio en las principales categorías. Este año contamos con la participación de varias firmas invitadas: José Félix Collazos y Juanma Ruiz (Caimán Cuadernos de Cine) y Javier G. Godoy (Redrum Blog de Cine). Los tres se han prestado a arrimar el hombro para aportar variedad de criterio al análisis de las candidatas a las estatuillas doradas, y así conformar un especial con tantas confluencias como afortunadas divergencias.

Mejor película

Cristina Aparicio: La forma del agua. Resulta complicado decantarse por una cinta en un año plagado de trabajos sobresalientes (como es el caso de Call Me by Your Name, El hilo invisible o Tres anuncios a las afueras). No obstante, el trabajo de Del Toro no es solo una película conmovedora y socialmente pertinente, sino que es, además, toda una lección de cine que se nutre de distintos géneros cinematográficos y que remite a grandes clásicos a la vez que conserva una personalidad y estilo propios.

José Félix Collazos: El hilo invisible. La película de Paul Thomas Anderson es, sin duda, la obra más importante en una categoría que este año presenta numerosas propuestas interesantes. Sensual y cerebral a partes iguales, más allá de su exquisitez late una perspicaz y estudiada puesta en escena para contarnos una historia que es un campo de batalla emocional e intelectual y donde la rendición (dulce) es un regalo envenenado y lleno de liturgia. Un duelo por la tortuosa mente humana hasta la entrega y el equilibrio, en este caso también de fondo y forma.

Javier G. Godoy: Tres anuncios en las afueras. A pesar de sus licencias de guion, diálogos prefabricados en pos del espectáculo y unos minutos finales discordantes con el “punch” del resto del metraje, la película de Martin McDonagh mantiene velocidad de crucero apoyándose en algunas de las mejores interpretaciones del cine norteamericano en 2017. Además, su crónica de Mildred Hayes vs. la ley resulta un atractivo western moderno con el gancho de la mejor comedia negra que Carter Burwell y dos o tres secuencias memorables acaban de convertir en fabuloso cine imperfecto.

Yago Paris: El hilo invisible. En una carrera de los Óscar con tanto nivel, títulos como este, como Lady Bird, La forma del agua, incluso Déjame salir o Los archivos del Pentágono dan una imagen clara del nivel de este año. Todas ellas podrían ser dignas vencedoras de la gran estatuilla de oro, pero este crítico escoge la última obra de Paul Thomas Anderson por su atrevimiento, por su capacidad para alcanzar la complejidad desde la transparencia formal, desde el (aparente) academicismo. Se tratan demasiados temas en este perverso juego de dominación y sumisión como para pasar por alto lo nuevo de un director que ya ha pasado a la historia del cine.

Juanma Ruiz: El hilo invisible. Aunque es un año con algunas propuestas notables e incluso excepcionales (desde Los archivos del Pentágono hasta La forma del agua, pasando por Tres anuncios en las afueras), la gesta de Paul Thomas Anderson se antoja de una dimensión superior, gracias a su capacidad para tejer un complejísimo discurso audiovisual donde todo, desde la puesta en escena hasta cada matiz interpretativo, está al servicio de una obra monumental.

the-post-buena

Mejor dirección

C. A: Paul Thomas Anderson por El hilo invisible / Guillermo del Toro por La forma del agua. Es justo reconocer la labor del realizador mexicano, capaz de dotar de un estilo personal y único su último largometraje. Sin embargo, la rigurosa puesta en escena con que Paul Thomas Anderson construye su historia de obsesiones perversas se convierte en toda una lección minimalista de alarde técnico, donde la forma se convierte en la esencia que domina todo el conjunto.

J.F.C: Paul Thomas Anderson por El hilo invisible. Es imposible no reconocer la sabiduría y madurez de uno de los más importantes autores y renovadores del panorama cinematográfico estadounidense. La capacidad para encontrar el tono en esta perversa historia romántica sólo es comparable con su trabajo con los intérpretes y la cámara. Detrás de su aparente clasicismo se encuentra una propuesta formal tan obsesionada con el perfeccionismo como su protagonista. Un trabajo que indaga en las referencias cinéfilas y encuentra voz propia en un resultado que rebosa personalidad.

J.G.G: Guillermo del Toro por La forma del agua / Luca Guadagnino por Call me by your name. Por un lado, la veneración por el detalle y el cuidado del diseño de producción del mexicano; por otro, la libertad que Guadagnino ofrece a sus actores para lograr una épica historia de amor minimalista y deslumbrante como la luz natural de las secuencias dela película. Ambos realizadores muestran claridad de ideas con contundencia y, cada uno con sus señas de identidad, consiguen dirigir con oficio y talento dos romances que se encuentran en las antípodas el uno del otro.

Y.P: Paul Thomas Anderson por El hilo invisible. Si esta obra le ha fascinado a quien esto escribe es, en buena parte, por la labor de Paul Thomas Anderson tras las cámaras. En un ejercicio similar al de David Fincher en obras como La red social o, especialmente, Perdida, aquí Anderson transparenta su estilo hasta el punto de hacerlo pasar por otra película más sobre la clase alta británica -lo que se conoce vulgarmente como “cine de tacitas” o “cine de vestidos”. La grandeza de Anderson reside en la fe ciega en sus imágenes, en la madurez de su trabajo, que le permite estar en segundo plano para construir una cinta en la que no necesita reivindicar su autoría para que no quede duda de que su mano ha sido determinante en el resultado final.

J.R: Paul Thomas Anderson por El hilo invisible. Por los motivos expuestos más arriba, sería de justicia otorgarle el galardón a Paul Thomas Anderson por El hilo invisible. No obstante, y en un apunte menos categórico, cualquier otro año sin Anderson en el menú tanto Guillermo del Toro como Steven Spielberg serían absolutamente merecedores de la estatuilla. Los archivos del Pentágono en particular demuestra el poder de la dirección cinematográfica, sin ir más lejos, en su prodigiosa secuencia de la puesta en marcha de las rotativas.

image (1)

Mejor actriz protagonista

C.A: Sally Hawkins por La forma del agua / Frances McDormand por Tres anuncios en las afueras. De la fragilidad y la dulzura de Hawkins a la entereza y dureza de McDormand, ambas actrices son capaces de dotar a sus personajes de una fuerte determinación desde parámetros emocionales opuestos. Cualquiera de ellas sería un reconocimiento más que justo a trayectorias repletas de brillantes interpretaciones.

J.F.C: Frances McDormand por Tres anuncios en las afueras. La que parece ser la apuesta más segura de la noche de los premios de la Academia de Hollywood tiene una razón de peso tan física como su interpretación: es un vendaval que arrastra todo a su paso, competidoras incluidas. El premio a McDormand no sólo sería confirmar el reconocimiento a una de las mejores intérpretes de su generación y la reivindicación de papeles para las actrices que han cumplido los sesenta años, sino también poner en valor un retrato femenino lleno de ira y determinación, con fuerza, dolor y humanidad, muy alejado de los estereotipos que el cine ofrece a las mujeres.

J.G.G: Frances McDormand por Tres anuncios en las afueras. Como casi siempre, la categoría de actriz protagonista luce músculo interpretativo con sus cinco acertadas opciones. Sin embargo, en un año tan importante para la lucha por la igualdad y los derechos de la mujer, el personaje de Mildred Hayes en Tres anuncios en las afueras ha calado muy profundo. Para ello, la gran Frances se puso el mono de trabajo – literalmente- y regaló a crítica y público una poderosa representación de lo que es una fémina desgarrada pero entregada a una guerra total contra las ineptas autoridades de Ebbing. Un rol lleno de fuerza sólo al alcance de actrices de primer nivel.

Y.P: Saoirse Ronan por Lady Bird. En una categoría repleta de grandes actuaciones femeninas, destaca la lectura de Saoirse Ronan de un personaje tan complejo, a pesar de la apariencia liviana que Greta Gerwig le aporta al relato. El mérito de Ronan reside en su capacidad para plasmar la esencia de la realizadora, en quien se basa dicho personaje. Lo que podría ser un escollo, debido a la desbordante personalidad de Gerwig, Ronan lo convierte en un reto del que sale airosa. En todo momento vemos a Gerwig, pero si la vemos es por la capacidad de Ronan para entender su función en cada instante del relato.

J. R: Frances McDormand por Tres anuncios en las afueras. Es difícil dejar fuera la excelente composición de Sally Hawkins para La forma del agua, pero sería la única verdadera competidora en términos actorales frente a una McDormand capaz de añadir infinidad de matices, aparentemente incompatibles entre sí, a su personaje. Ni unas solventes Saoirse Ronan y Margot Robbie, ni mucho menos una Meryl Streep que parece establecida desde hace mucho tiempo en un piloto automático y un catálogo fijo de herramientas interpretativas alcanzan la estatura de McDormand.

dunkerque crítica insertos
Mejor actor protagonista

C.A: Timothée Chalamet por Call me by your name. Ni la más que conseguida caracterización de Churchill de Gary Oldman, ni la prodigiosa interpretación de Daniel Day-Lewis ensombrecen el trabajo de este joven actor. Matizada, sutil y con una energía arrolladora, la interpretación de Chalamet es uno de los puntos fuertes del film de Guadagnino, al conseguir transformar sus emociones en signos visibles.

J.F.C: Timothée Chalamet por Call me by your name. A pesar de la impresionante (y premiada) composición que Gary Oldman hace de Winston Churchill y por encima de la soberbia composición del ya ganador de tres premios Oscar, Daniel Day Lewis, el casi recién llegado Chalamet entrega un sutil y palpitante retrato de ese momento de luz y zozobra que es el primer amor. Su sensual trabajo es conmovedor, sus emociones (reconocibles para cualquier espectador) transmiten tanta verdad como confusión para lidiar con sus sentimientos. Y ese plano final, lleno de registros, se merece el premio para el más joven de los intérpretes nominados.

J.G.G: Timothée Chalamet por Call me by your name. Tiende a minusvalorarse el trabajo interpretativo de los actores más jóvenes, pero esta temporada ha puesto en negrita dos nombres muy a tener en cuenta: Barry Keoghan (El sacrificio de un ciervo sagrado) y Chalamet, un milagro que se materializa en la película de Luca Guadagnino. Espontáneo y natural como se ve pocas veces, el actor de Nueva York –aunque con raíces francesas- da el do de pecho y destaca entre todos los intérpretes que lo rodean en la película. También entre los nominados al Óscar, por mucho que las capas de maquillaje y el digno trabajo de Gary Oldman vengan con una estatuilla debajo del brazo.

Y.P: Timothée Chalamet por Call me by your name. Aunque la competencia
también es alta en el apartado masculino, uno confía en que el riesgo supere al convencionalismo. Frente a la clásica actuación pensada para triunfar en este tipo de ceremonias como es la de Gary Oldman en El instante más oscuro se alza una interpretación atrevida, que baila en la cuerda floja, como la de Chalamet. El factor de la juventud debería ser tenido en cuenta como un extra que suma para entender el mérito de comprender a un personaje tan complejo, al que el actor interpreta con soltura en un filme lleno de matices, que lidera con solvencia a pesar de su edad.

J.R: Daniel Day Lewis por El hilo invisible. Aunque las probabilidades están del lado de Gary Oldman (la encarnación de personajes históricos bajo capas de maquillaje es algo muy del gusto de la Academia), Day Lewis está, igual que el film que protagoniza, sencillamente a otro nivel. Cada gesto, cada movimiento casi imperceptible, cada inflexión de la voz… Si de verdad el actor se retira tras este papel, deja un testamento interpretativo apabullante.

V1-0046_LB_00000 - copia (2000x1019)

Mejor guion original

C.A: Martin McDonagh por Tres anuncios en las afueras. La cinta destaca por su frescura, originalidad, socarronería y escenas rocambolescas donde los diálogos son políticamente incorrectos y cinematográficamente brillantes.

J.F.C: Martin McDonagh por Tres anuncios en las afueras. El dramaturgo angloirlandés, en su doble calidad de guionista y director de la cinta, construye una narrativa absorbente que, aunque no exenta de licencias y giros discutibles, atrapa al espectador y lo transporta al mundo rural de la América profunda con un relato que conjuga claves de western, thriller y drama. Todo ello aderezado con un debate moral sobre los claroscuros de la justicia (y la violencia), tanto personal como institucional.

J.G.G: Martin McDonagh por Tres anuncios en las afueras. Desde que pudimos verla en España allá por el mes de septiembre y a través de la sección Perlas del Festival de San Sebastián, algunos ya reparamos en que su guion eléctrico y punzante daría que hablar durante la temporada de premios. La locuacidad del texto de McDonagh se convierte en vehemencia con oportuno descaro, mientras que los momentos más solemnes —a veces ligeramente impostados— resultan el ingrediente perfecto para dar a luz la mejor tragicomedia del año.

Y.P: Jordan Peele por Déjame salir. La de Peele es una cinta en la que fondo y forma
se funden en una única y solvente propuesta de autor que profundiza en sus planteamientos sin perder su vertiente lúdica. El juego con los géneros es evidente, pero tras su jugosa propuesta formal se esconde una ácida crítica de la sociedad estadounidense bienpensante, esa que se escuda en una idea de progresismo para caer en tópicos y “cuñadismos” francamente racistas, de ahí que la lucidez que muestra Peele en el retrato de su país cobre especial relevancia.

J.R: Martin McDonagh por Tres anuncios en las afueras. Su forma de construir tramas y subtramas, de desarrollar personajes y dotarlos de recovecos, de luces y sombras… quizá sea la obra (pulcra y meticulosa) de un alumno de Syd Field o algún otro gurú de los manuales de guion hollywoodienses, pero sin duda se trata de un alumno aventajado. Frente al pretendido minimalismo, rayano en la simpleza, de una Lady Bird no menos apegada a una fórmula, o la eficiencia del libreto de La forma del agua (más complejo de lo que parece a simple vista, pero de apariencia meramente funcional), McDonagh muestra un envidiable manejo de los engranajes narrativos.

La Forma del Agua_.132_sow_2k_stills_171004.3

Mejor guion adaptado

C.A: James Ivory por Call me by your nameLa novela de André Aciman es adaptada por James Ivory, quien sorprende por lo lejos que queda de ese clasicismo que respiran muchas de las películas que ha dirigido. La fluidez y el naturalismo son las características principales de un guion que se basa más en la complicidad de sus protagonistas que en sus diálogos: sin duda, todo un valor a la hora de trasladar el libreto a la pantalla.

J.F.C: James Ivory por Call me by your name. Ni siquiera alguien tan prestigioso como Aaron Sorkin por Molly’s Game puede hacer sombra a la delicada adaptación que de la novela de André Aciman hace el octogenario Ivory, otrora director de adaptaciones literarias de qualité. La sabiduría y ternura con la que este veterano vuelve la vista hacia el despertar a la vida adulta sorprende por su naturalidad y el relato se hace universal incluso en un ambiente minoritario y elitista. La edad es un grado.

J.G.G: James Ivory por Call me by your name. Con James Ivory adaptando la lírica de la la novela de André Aciman, estaba claro que la esencia de su historia de amor inundaría cada uno de los minutos del film de Luca Guadagnino. Es difícil encontrar una contrincante a la altura, teniendo en The Disaster Artist la única opción de entre todas las nominadas. Aun así, ninguna de las aspirantes cala tan profundo en el espectador como la película italiana, transformación al cine virtuosa, sensible y tremendamente conmovedora.

Y.P: James Ivory por Call me by your name. La clave de la cinta de Guadagnino, a
pesar de su opulencia formal, está en los matices de su guion. Lleno de detalles que llenan de realidad lo que se narra, Ivory comprende a la perfección a sus personajes y se asegura de que la construcción de su idilio amoroso sea rotundo. A pesar de que la película se recordará más por sus esteticistas imágenes de un amor de verano, el guion es el verdadero germen de la posible grandeza del filme.

J.R: James Ivory por Call me by your name. Aunque no es nada desdeñable la competencia, desde The Disaster Artist hasta un Logan construido como un monumento elegíaco que nadie debería cometer el error de mirar por encima del hombro, la adaptación de Ivory de la novela de André Aciman es de una delicadeza y precisión admirables, capaz de integrar ya desde el guion el aspecto sensorial/sensual que luego recoge y potencia la puesta en escena de Luca Guadagnino.

THREE BILLBOARDS OUTSIDE OF EBBING, MISSOURI

Mejor actriz de reparto

C.A: Allison Janney por Yo, Tonya. Con una sólida carrera televisiva a sus espaldas, Janney defiende este complejo papel, de esos poco complacientes y que no despiertan simpatías. Demostradas sus dotes para la comedia, su potencial dramático queda más que confirmado en una interpretación marcada por un rostro impasible a la par que elocuente.

J.F.C: Allison Janney por Yo, Tonya. Resulta tremendamente revelador ver los títulos de crédito de la película donde aparecen grabaciones de los auténticos protagonistas de esta historia real. Sólo así se aprecia en toda su magnitud la brillante recreación (de todos los actores) para componer unos personajes que, aunque existieron (y existen) realmente, parecen sacados de un capítulo de Fargo. Todos ineptos y egoístas, algunos mezquinos, pero Allison Janney destaca como la bruja de este cuento de hadas subvertido con un retrato white trash de madre/madrastra entre la caricatura y lo “humano, demasiado humano”.

J.G.G: Laurie Metcalf por Lady Bird / Allison Janney por Yo, Tonya. Las dos madres más genuinas del año se juntan en la categoría de actriz de reparto. Metcalf, incapaz de llamar a su hija Lady Bird, trata de mantenerla cerca a base de directrices firmes pero alejadas del lenguaje adolescente con el que reconducir a los jóvenes susceptibles a todo descubrimiento. La actriz representa con peculiar expresividad esa controvertida figura desorientada, también, por las situaciones que están por venir. Por su parte, Allison Janney es la mejor “mala de la película” de la temporada y su cara —y formas— de pocos amigos, azote y tormento de la Tonya Harding de Margot Robbie, es la estampa más escalofriante de estos Óscar.

Y.P: Laurie Metcalf por Lady Bird. Uno de los mayores intereses de la película está
en la capacidad para trasmitir naturalidad a pesar de partir de un planteamiento en el que la mano de la directora se hace notar en cada plano. Aunque sin alardes, la cinta es puramente formalista, pero esto no impide que sus dos actrices principales luzcan. Saoirse Ronan y Laurie Metcalf son, respectivamente, hija y madre, y su tensa relación es una de las principales claves de la película. Esta estrecha relación provoca que una interpretación dependa de la otra, por lo que el triunfo de una es la consecuencia del buen hacer de la otra. En este caso, ambas están espléndidas, y ayudan de manera determinante al desarrollo final de este excelente filme.

J.R: Alison Janney por Yo, Tonya / Leslie Manville por El hilo invisible. El corazón partido entre estas dos figuras autoritarias, la madre white trash compuesta por Janney y la hitchcockiana señora Danvers evocada por Manville. Difícil elección entre dos interpretaciones excelentes, quizá Manville juega con la ventaja de venir arropada por una película (a riesgo de parecer insistentes en esto) sensiblemente superior.

Captura de pantalla 2018-01-10 a las 9.34.12

Mejor actor de reparto

C.A: Willem Dafoe por The Florida Project. El (ninguneado) film de Sean Baker sobre la indefensión infantil cuenta con el personaje interpretado por Dafoe, un conserje que hace las veces de ángel de la guarda y de Pepito Grillo. El cambio de registro permite dar cuenta de la versatilidad de un actor que, independientemente de sus atributos físicos (una dureza de rasgos faciales que le ha otorgado el papel de villano en múltiples ocasiones), puede enternecer y enamorar y no solo asustar.

J.F.C: Willem Dafoe por The Florida Project. Estaría bien que una obra tan maravillosa (e ignorada en esta edición) como la película de Sean Baker tuviera un reconocimiento en el “veterano” de la función. La interpretación de Dafoe, entre esos prodigiosos actores infantiles, ofrece el contrapunto de la experiencia con el cinismo de quién está de vuelta pero, sin embargo, no ha perdido la empatía. Su personaje y su sentido del humor van oscureciéndose progresivamente al ritmo que pierden colorido las imágenes de esta crónica de los desterrados del paraíso Disney.

J.G.G: Sam Rockwell por Tres anuncios en las afueras / Willem Dafoe por The Florida Project. Cada a uno a su manera y método, los dos actores norteamericanos irradian una suerte de magia interpretativa que sólo son capaces de transmitir los actores más veteranos. Aunque sus papeles no pueden ser más diferentes, existe en ambos roles la veracidad y verosimilitud necesarias para transmitir las sensaciones de unos personajes complejos y con distintos niveles de intensidad emocional. Uno por defecto y otro por exceso, ambos consiguen dos interpretaciones de lo más sugerente.

Y.P: Willem Dafoe por The Florida Project. Encontrar a un actor consagrado en una
película que se enorgullece de estar hecha en los márgenes de la producción es siempre un hallazgo, por la valentía de quien se somete a perder su estatus de estrella. Además de esto, Dafoe confirma su excelencia interpretativa mimetizándose con el entorno y pasando desapercibido, como si fuera un actor no profesional que se interpretase a sí mismo. En vez de amenazar con restar, Dafoe suma al proyecto y eleva The Florida Project a un escalón superior de excelencia.

J.R: Willem Dafoe por The Florida Project. Apenas reconocida en las nominaciones, la cinta de Sean Baker merecía sin duda mucho más. Pero claramente tenía uno de sus mejores valores en la fuerza actoral de un Dafoe que se convierte en la piedra de toque emocional de todo el film, en el perfecto punto medio entre la empatía y la consciencia de lo que sucede en su motel.

null

Mejor película de habla no inglesa

C.A: Una mujer fantástica. Difícil (siempre) decantarse por una cinta en esta categoría donde compiten algunos de los mejores trabajos del año, como es el caso de la fábula moderna En cuerpo y alma de Ildikó Enyedi o la desgarradora Sin amor de Andrey Zvyagintsev. Entre ellas destaca el trabajo de Sebastián Lelio, una historia cuya silenciosa puesta en escena es una elocuente reivindicación de la necesidad de reafirmarse desde una normalidad que, socialmente, no existe.

J.F. C: Sin amor (Loveless). El autor de Leviatán vuelve a poner el foco sobre la
sociedad rusa, en este caso a través de un matrimonio en proceso de separación, para alumbrar el fracaso colectivo de nuestras sociedades contemporáneas. Un mundo frío e individualista, regido por el egoísmo, cuya podredumbre moral ejerce la crueldad sobre los más débiles: en este caso el hijo en común de la pareja rota. Sin concesiones, afilado e hiriente como un bisturí, Zvyagintsev abre una herida sobre el infectado corpus social moderno con su cámara elegante y cargada de despiadado simbolismo.

J.G.G: The Square. La película europea más premiada del año tiene en todos en sus minutos retazos de pretenciosidad que, paradójicamente, la convierten en una propuesta aún más seductora. Provocador unas veces, delirante otras, el film del director de Fuerza mayor respira modernidad, pero también una inteligente crítica de la frivolidad intrínseca en los gafapastismos del arte, talento del ser humano muy propicio a las filosofías pedantes. Con todo y con esto, The Square resulta un trabajo diferente y con mucha personalidad, suficientes razones para ser, quizá, la mejor película de la categoría.

elgranshowman

Mejor película de animación

C.A: Coco. Llena de emoción, la nostalgia y la ternura destacan en el último trabajo de Pixar, capaz de construir un mundo tan fantástico como necesario, donde superar la pérdida se convierte en un memorable viaje repleto de color, consuelo y, sobre todo, magia.

J.F.C: Coco. La ausencia de propuestas más renovadoras en esta categoría sitúa a la última producción de Pixar como la obra más redonda y ratifica el reinado de la productora de animación en los últimos años. Coco es fresca, emotiva y… coyuntural. Su mensaje multicultural y su reivindicación del recuerdo sobre los ausentes tiene un subtexto que reivindica la añoranza de los seres queridos y su memoria tanto por la pérdida como por la emigración en los difíciles tiempos de la era Trump. Una mirada sobre la muerte convertida en un deleite visual lleno de positivismo y esperanza.

J.G.G: Loving Vincent. Aunque es necesario reconocer que el relato que maneja la película polaca no está a la altura de su propuesta formal, sí es obligado tener muy en cuenta el imponente trabajo de producción. Su aparición en el panorama internacional asombró a propios y extraños, pues hasta ahora jamás se había rodado una película con las características del filme dirigido por Dorota Kobiela y Hugh Welchman. Sería una buena noticia para el cine de animación en general que, por una vez, Pixar— que no ofrece su mejor versión en Coco— no se llevase el gato al agua.

Y.P: Coco. En un año en el que todas las nominadas han estado a la altura de las circunstancias, pero en el que, a juicio de este crítico, ninguna ha brillado con una luz especial, resulta francamente sencillo escoger la excelencia formal de Coco como factor determinante. Apabullante en sus texturas y llena de tacto en el momento más tierno de la historia, la cinta de Pixar hace méritos suficientes para conquistar la estatuilla dorada, a pesar de otras objeciones que se le puedan poner al trabajo de Lee Unkrich y Darla K. Anderson.

the_square_19_00246158 jpg - copia (1858x820)

Mejor montaje

C.A: Jonathan Amos y Paul Machliss por Baby Driver / Tatiana S. Riegel por Yo, Tonya. Entre las muchas virtudes del último largometraje de Edgar Wright está su prodigioso y sofisticado montaje, minucioso y preciso con un ritmo frenético. En la misma línea se encuentra el trabajo de Craig Gillespie, donde gracias al montaje se rompe con el convencionalismo de un relato de estructura narrativa clásica.

J.G.G: Jonathan Amos y Paul Machliss por Baby Driver. Sin duda, la edición de la dupla formada por Jonathan Amos y Paul Machliss es un porcentaje muy alto del éxito de la película de Edgar Wright. Persecuciones a toda velocidad, diálogos electrizantes y una banda sonora que marca el tempo de cada fotograma, sólo podían ser unidos con el pegamento del montaje, pieza clave de un trabajo lleno de ritmo y pocos fundidos a negro. Este año hay poco sitio para el resto, por mucho que Chistopher Nolan –en Dunkerque– haya intentado volver a poner patas arriba las manijas de su reloj cinematográfico.

Y.P: Jonathan Amos y Paul Machliss por Baby Driver. A pesar de que las cuatro nominadas podrían llevarse sin problemas el premio a mejor montaje, quien firma estas líneas considera que la clave de Baby Driver reside, precisamente, en la musicalidad de sus imágenes. Siendo una cinta que puede disfrutarse, como el personaje sordo de la historia, simplemente con la mano pegada al altavoz, para recibir las vibraciones de una música que no llega a escuchar, una de las claves de la propuesta formal de Edgar Wright es el excelente montaje, que nutre de musicalidad a unas imágenes que funcionan per se, sin necesidad de acompañamiento musical.

J.R: Jonathan Amos y Paul Machliss por Baby Driver. La última locura de Edgar Wright se apoya en el montaje y el sonido para componer una verdadera sinfonía, en el sentido literal del término: Baby Driver es una experiencia musical, independientemente de sus canciones, basada en el ritmo de sus planos y sus golpes, sus cambios de marchas y sus derrapes. Todo está milimetrado para conseguir la cadencia y el tempo precisos.

TRI-12529r7

Mejor fotografía

C.A: Dan Laustsen por La forma del agua. Luminosa desde su oscuridad, reconocible desde su rareza, bella desde su monstruosidad, la cinta de Del Toro equilibra cualquier dicotomía posible desde una puesta en escena donde todo el aspecto visual parece dar cuenta de la dualidad que compone al ser humano y, por tanto, a la sociedad.

J.F.C: Roger Deakins por Blade Runner 2049. Un trabajo autoconsciente de su importancia, creado para destacar pero también de resultado deslumbrante y, aunque parezca obvio, el referente pesaba como una losa. El trabajo de Deakins, con una asombrosa paleta de color, potencia toda la melancolía y carga de profundidad que Villeneuve ha querido imprimir en su secuela del clásico de Ridley Scott y además preña sus bellas imágenes de una tristeza que impresiona el ánimo y cualquier retina sensible.

J.G.G: Roger Deakins por Blade Runner 2049. El escandaloso tratamiento de la imagen por parte de Roger Deakins no es nada nuevo. A pesar de la gran competencia de esta edición -Hoyte Van Hoytema o Dan Laustsen también vuelan a gran altura- el fotógrafo británico ha vuelto a dar una lección de cómo crear escenas impactantes que sobrecogen por su luz y los encuadres más estudiados que, además, son marca de la casa, y un trabajo de prestidigitación fotográfica al alcance de muy pocos. Es, sin duda, una leyenda viva de esta apasionante disciplina del cine.

Y.P: Roger Deakins por Blade Runner 2049. Quizás se deba a que uno siente que hay una deuda histórica con Roger Deakins, eterno aspirante que nunca ha ganado el Óscar como mejor director de fotografía, pero lo cierto es que las atmósferas que siempre ha logrado crear en pantalla, especialmente en el cine de Denis Villeneuve, son merecedoras de un reconocimiento como este.

J.R: Roger Deakins por Blade Runner 2049. Quizá no es el mejor trabajo de Roger Deakins, pero dado su absoluto dominio de la luz, eso no es decir mucho. Sin duda, y sin desmerecer al resto de competidoras, la película de Denis Villeneuve le debe mucho a su trabajo lumínico, deudor del Blade Runner original pero capaz de ampliarlo a una mayor variedad de registros y atmósferas.

babydriver3

Mejor canción original

C.A: This is me, de El gran Showman. El punto álgido de la cinta de Michael Gracey llega en el momento en que este himno clama por hacer visible lo que se esconde por monstruoso. Un canto a la diferencia que, sin ser desesperanzado, desgarra, estimula y sobre todo, ilumina.

J.G.G: Mystery of love, de Call me by your name. Sufjan Stevens, el cantautor responsable de discos como Carrie And Lowell, marca la diferencia en la edición 90 de los Premios de la Academia norteamericana y en una categoría acostumbrada a ver ganar las canciones más grandilocuentes –aunque no por ello menos buenas. En el caso de Stevens, el mérito está en haber aparecido más de una vez en la película de Luca Guadagnino, y siempre con el mismo efecto cautivador. Su simbiosis con el film aspirante al Óscar es una de las mejores noticias del panorama cinematográfico-musical.

Y.P: Remember me, de Coco: Aunque uno concuerde más con el estilo musical de Mystery of love, de Sufjan Stevens, lo cierto es que Remember me, más allá de la belleza intrínseca de sus notas, es utilizada de manera formidable en el clímax de Coco, hasta el punto de que, en buena medida, da la clave a esta cinta de animación. Por su dualidad musical-cinematográfica, uno la escoge como la mejor canción de las nominadas.

Mejor banda sonora original

J.R: Jonny Greenwood por El hilo invisible / John Williams por Star Wars: Los últimos Jedi. La música de Greenwood es perfectamente merecedora de cualquier galardón imaginable, y su empleo en conjunción con las imágenes resulta tan audaz como efectivo. Por otro lado, la infravaloradísima partitura de Williams es una muestra (como ya ocurriera con su contribución para El despertar de la Fuerza o, sin ir más lejos, este año en Los archivos del Pentágono) de la serena madurez de un creador que a estas alturas está menos interesado en deslumbrar, como antaño, que en explorar los sutiles matices musicales de cada momento dramático. Precisamente por eso se irá seguramente de vacío.


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.