Érase una vez una costa después de la hecatombe


En 2010, el gallego Alberto Vázquez adaptó por primera vez su novela gráfica Psiconautas en el cortometraje de animación Birdboy, que es el nombre por el que se conoce a uno de los dos protagonistas, un niño con pinta de trabajador de servicios funerarios, facciones cadavéricas y unas profundas ojeras que evidencian la toxicomanía. En apenas diez minutos la pieza resumía los radicales contrastes estéticos y temáticos que definen los trabajos de Vázquez. Comenzaba con un tono de dibujo amable, propio de sencilla ilustración para cuentos infantiles. Veíamos una familia de ratitas que vivía en un feliz mundo hogareño. Tras el desayuno, el padre acompañaba a su hija Dinki, la otra protagonista, a la escuela. Ambos atravesaban un bonito bosque entre lánguidas notas musicales y el piar de los pájaros, y allí encontraban subido a una rama a Birdboy, aún no devastado por las drogas, que estaba aprendiendo a volar. Dinki le preguntaba si la llevaría con él cuando supiera utilizar las alas. El padre se despedía y veíamos cómo cambiaba el escenario: llegaba a un puerto con grúas y a una zona industrial donde las chimeneas expulsan columnas de humo hacia un cielo de tonos tristones. Son muchas las ratitas que se aproximaban a una fábrica. Y esta, de repente, explotaba. La hecatombe asolaba el lugar, y a los que no habían muerto, a gente como Dinki o Birdboy, solo les quedaba sobrevivir entre las ruinas materiales, pero sobre todo morales, del mundo que había quedado en pie. A partir del minuto tres se daba entrada a un dibujo de negro sobre blanco, a las tonalidades grisáceas y a un agudo rojo sangre.

El largometraje Psiconautas, los niños olvidados propone una segunda y más completa inmersión en el universo del tebeo, ampliando la pesadilla a casi ochenta minutos. Aquí todo se distingue por la corrupción siniestra de un microcosmos naíf de animales antropomórficos. Las ratitas, los pajaritos, los zorritos, los cerditos y los perritos abandonan el espacio acostumbrado de los cuentos y se ven arrojados a un temática adulta de referencias reales (narcotráfico, juventud marginal, catástrofes ecológicas) que se presenta bajo los mismos trazos que en los dibujos del corto, añadiendo nuevas texturas y aplicando la intensidad y las resonancias terroríficas que ha empleado Vázquez, en su labor como ilustrador, para La sombra sobre Innsmouth de Lovecraft (Astiberri Ediciones) y el relato biográfico sobre la figura de Poe escrito por Jordi Sierra i Fabra (Libros del Zorro Rojo). Y este último rasgo cobra especial relevancia en la representación más definitoria de la obra: el buceo por varios subconscientes bajo estados alterados de la psique —de ahí el apelativo psiconautas que reciben algunos personajes- a causa de las drogas, pero también del dolor y unos desajustes mentales provocados por una realidad aplastante que se cierne y atrapa a quienes la sociedad ha olvidado, abandonándolos a su suerte justo cuando emprendían el camino hacia la edad adulta.

El paso del papel a la animación que ha emprendido el autor junto al co-director Pedro Rivero es concienzudo y muy convincente, sin duda un trabajo de nota. Probablemente, por ello, la cinta esté llamada a convertirse en una referencia del género hecho en España. Y también probablemente, poco se recordará su condición de retrato de generación perdida, significado que palpita de principio a fin, puesto que no termina de concretar unas correspondencias claras ni de elaborar el análisis que lo explica. Ya desde el libro original, Alberto Vázquez siempre ha sostenido que detrás de Psiconautas late su Galicia natal o cualquier territorio costero del norte, zonas que vivieron – como otras muchas del país, convendría no olvidar – durante los años ochenta y noventa una desactivación traumática de la juventud. La película, desde luego, no ofrece ninguna sutilidad al respecto y, lo que importa al final, apenas sobrepasa los enunciados del planteamiento. Lo que tiene como resultado que el deseo vital de huida que sienten Birdboy, la ratita Dinki y sus amigos presente durante el metraje un desplegar de alas demasiado corto: no se corresponde, ay, el parco y poco sorprendente desarrollo argumental con la notabilísima y tétrica fuerza obtenida con la realización.


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PSICONAUTAS

Dirección: Alberto Vázquez, Pedro Rivero

Animación, drama, terror. España, 2015

Duración: 76 minutos

 


 

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