Desnudando la América bienpensante

Yago Paris


El actor cómico afroamericano Jordan Peele ha dado el salto a la dirección de largometrajes con Déjame salir, una cinta de género que, a través de la combinación del terror con la comedia, permite múltiples lecturas que van desde el juego metacinematográfico hasta el análisis sociopolítico de Estados Unidos. Peele, quien también escribe el guion, aborda el conflicto racial de su país a través de un planteamiento sencillo: el protagonista (Daniel Kaluuya), negro de clase media, va a conocer a los padres de su novia (Allison Williams), blancos progresistas de clase alta que viven en una mansión en el campo. La lucidez del realizador se deshace de cualquier convencionalismo y ataca al corazón de lo que podría denominarse racismo 2.0, aquel que se disfraza de tolerancia y respeto pero que, en el fondo, es una versión amable y condescendiente del supremacismo blanco. Uno de los aspectos más estimulantes de Déjame salir reside, precisamente, en el hecho de poner en el punto de mira a la “sociedad progre estadounidense”, esa que clama a los cuatro vientos que no puede ser racista porque ha votado a Obama. En la ópera prima de Peele se juega constantemente con el tema, hasta el punto de retratar la suerte de cuñadismo que todo negro tiene que vivir en la actualidad: el esplendor físico de la raza negra, lo magnífico que es poder conocer la cultura de otras razas o lo muy de moda que actualmente está ser negro son sólo algunos de los dardos que el guionista dispara, no de manera casual, contra parte del público al que va dirigida esta cinta, blancos con estudios e inclinaciones de izquierdas.

La brillantez en el fondo encuentra su réplica en la forma. Lejos de conformarse con tener un texto excelente, el autor demuestra que es un director talentoso, que no sólo tiene clarísimo lo que quiere contar, sino que sabe hacerlo a través de sus imágenes. Peele llena el metraje de metáforas visuales —el ciervo, el león de peluche— y de planos repletos de significado —ese apabullante momento en el que el protagonista sube las escaleras y de pronto el resto de invitados se queda en silencio, al acecho. No contento con ello, el realizador no sólo se atreve a jugar con la comedia y el terror, que fusiona a lo largo de todo el metraje, sino que también prueba suerte con diferentes subgéneros de este último. Al igual que ocurría en la reciente La invitación (2015), cinta de terror psicológico de Karin Kusama que transcurría en el interior de una casa en la que el ambiente se va enrareciendo con el avance de la trama, el filme se divide en dos mitades claramente diferenciadas, cuyos respectivos desarrollos son similares en enfoque y estructura.

La primera mitad se acerca a un modelo de terror de corte psicológico, en el que no termina de quedar claro si lo que ocurre debe preocupar al protagonista o es simplemente fruto de su paranoia. En este fragmento la película se aproxima al cine de Alfred Hitchcock —el mejor ejemplo sería Sospecha (1941)—, en el que la clave reside en el suspense, en tensar el hilo cada vez más para desasosegar al público, a quien, al mismo tiempo, se le concede alivios cómicos de cuando en cuando. En el caso de Déjame salir, comedia y terror conviven casi en cada plano. La segunda mitad del relato se aparta de la comedia y se centra en un terror más sangriento, con toques de ciencia ficción, lo que acerca la película al cine de David Cronenberg —cita metarreferencial a Videodrome (1983) incluida—, hasta el punto de que la clave de toda la trama podría interpretarse como una reformulación de “la nueva carne”, el concepto que define la filmografía del director canadiense. En conjunto, Jordan Peele se corona como una gran promesa detrás de las cámaras al salir victorioso de su apuesta por el juego formal con los géneros y el análisis subtextual de la administración Obama.


Déjame salir crítica


déjame salir póster cartel

 

DÉJAME SALIR

Dirección: Jordan Peele.

Reparto: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Betty Gabriel, Caleb Landry Jones.

Género: Comedia de terror. Estados Unidos, 2017.

Duración: 103 minutos.

 


 

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