Músculos atrofiados


Los albores del nuevo siglo trajeron consigo el alumbramiento de Vin Diesel como gran figura de referencia del nuevo cine de acción. Con las viejas glorias del guantazo prácticamente amortizadas y cada vez más lejos del público juvenil, un treintañero cachas, calvo, de andares muy torcidos y que parecía contener todas las virtudes esenciales del arquetipo en clave zafia se abría paso gracias, principalmente, a dos obras maestras del cine poligonero: The Fast and the Furious (A todo gas) (2001) y xXx (2002), ambas firmadas por el, en aquella época, muy inspirado Rob Cohen. Abrumados por un éxito que no vieron venir, muchos guardianes de las esencias, como siempre, se apresuraron a redactar la enésima acta de defunción del género ante estas escandalosamente vulgares degradaciones de un cine que debía de parecerles, visto lo visto, pura sofisticación y elegancia en algún extraño tiempo anterior. Entre tanto, muchos adolescentes llenaban las salas para ver dos películas que recogían la emergente cultura del tuning por primera vez en productos de esa escala, que se hacían también eco del creciente interés por los deportes de riesgo, que sostenían discursos abiertamente descreídos y antipolíticos (la primera aparición del protagonista de xXx en la película era… ¡robando y destrozando el coche a un senador como castigo por querer prohibir los videojuegos!) y con unos personajes marginales, desarraigados del núcleo familiar y definidos por ideales de justicia un tanto heterodoxos. Películas que, en definitiva, hablaban a su público de tú a tú.

Por un nefasto exceso de orgullo, o por tener el peor agente del mundo, Diesel se las arregló realmente mal para gestionar ese estrellato súbito, lanzándose a incursiones muy poco comprensibles en el terreno familiar (la comedia de Disney Un canguro superduro, en 2005) o en el cine de prestigio (la película de Sydney Lumet Declaradme culpable, en 2006). Antes de aquello, el actor había decidido dejar correr las secuelas de sus grandes éxitos, considerando que los guiones de estos proyectos no eran lo suficientemente buenos. Justo es reconocer que en ninguno de los dos casos –2 Fast 2 Furious (A todo gas 2) (John Singleton, 2003) y xXx 2: Estado de emergencia (Lee Tamahori, 2005)– se equivocaba.

En la actualidad, Vin Diesel es un hombre reconciliado consigo mismo, cómodamente apoyado en la estabilidad económica que le brinda encabezar una de las franquicias más sólidas y rentables de la historia del cine: la de Fast & Furious, saga a la que decidió muy sabiamente regresar en su cuarta entrega. Espoleado por un éxito que no da síntomas de agotamiento, pese a la precoz desaparición de una de sus figuras principales (el fallecido Paul Walker), Diesel ha tomado la determinación de ajustar cuentas con su pasado y revivir –literalmente, puesto que en la segunda parte se anunciaba su muerte– también a Xander Cage, su personaje de xXx. ¿Demasiado tarde, quizás?

Lo primerísimo que pone en evidencia esta xXx: Reactivated que llega quince años después es que los estándares de calidad de su protagonista, desde luego, no son los mismos que le llevaron a rechazar la secuela de 2005. Esta tercera entrega (que, por cierto, contra todo pronóstico no trata de apócrifa la anterior) no solo tiene un guion igual o peor de malo que aquella, sino que repite, con la misma miopía, todos los errores que la llevaron al desastre. En Estado de emergencia, un Ice Cube decididamente mal asesorado recogía el testigo de Diesel convirtiéndose en inevitable diana de las críticas que recibiría un espectáculo muy bochornoso, demostración cristalina de lo mal que habían entendido xXx sus propios ejecutivos. Nada quedaba de la sinceridad de la primera, aquí enterrada en la impostura de un thriller de espionaje hipertecnológico, pretendidamente cool, ridículamente macarra y muy, muy necesitado de afirmarse ante su público como el más chulo de su barrio, hasta buscando polémicas de muy bajo nivel contra el actor anterior (se llegaban a repetir incesantemente cosas como que el nuevo espía era mucho mejor que Cage, o incluso se mostraba su supuesto cadáver). Mientras que la primera era hija de su tiempo, la nueva xXx devenía en un producto anacrónico en la órbita del 007 de Roger Moore, repleto de secuencias de acción disparatadas, amén de imposibles de ejecutar para un protagonista (Cube) a años luz de parecer un héroe de acción, por mucho que nos guste como rapero. Y la vuelta de Vin Diesel, para quienes esperasen una mejora, está lejos de alterar ese estado de cosas.

Más parecida en resultados a Escuadrón suicida (David Ayer, 2016) que a cualquier entrega de Fast & Furious, los responsables de Reactivated optan por imitar la dinámica de grupo que consolidó la saga de los coches, rodeando a su protagonista de una gama de secundarios carentes de todo carisma sobre los que repartir la acción. Se revela como una jugada no del todo mala, a tenor del pobre estado físico de Diesel, despreocupado de regalar a sus fans un solo buen golpe. Montadas las secuencias de la estrella a un ritmo acelerado para que no se noten los dobles, son los actores importados de Asia (Donnie Yen y Tony Jaa) los que se encargan de dar un mínimo espectáculo pese a que la cara gigante del cartel y marca de la película no sea la de ellos. El escaso compromiso del actor con sus exigencias corporales –que contrasta con el de otro compañero de generación suyo, Dwayne Johnson, cuya disciplina de trabajo está lejos de toda duda– se extiende a todo lo demás: a lo largo de la más de hora y media de duración de xXx 3, no vemos ni una vez a Vin Diesel ser capaz de poner una cara medio normal en un plano de escucha (gesto bastante denigrante hacia el resto del reparto) ni de estar mínimamente metido en su papel, más allá de tres mohínes arrogantes difíciles de considerar como una interpretación. Su Xander Cage ni siquiera se parece en nada al original, sino a una patética caricatura propia de un juego infantil, donde él es un ser mitológico, el mundo le adora y a todas las chicas les suscita interés romántico.

Un argumento infumable –Cage y los suyos deben localizar un aparato conocido como “la Caja de Pandora”, capaz de controlar satélites y tirárselos a la cabeza a quien su usuario quiera–, reclamos publicitarios al borde del timo –las dos penosas apariciones del futbolista Neymar Jr.– y una concepción de la feminidad que provocaría pesadillas crónicas en las consejerías del Instituto de la Mujer: estos ingredientes, sumados a lo dicho en líneas anteriores, superarían en dureza los desafíos para sacar adelante una película planteados por Lars von Trier en su documental Cinco condiciones (2003). Y sin embargo, hay detrás de xXx: Reactivated un director que logra salir ileso: el inmenso D.J. Caruso, profesional de los pies a la cabeza, tan competente como para lograr plegarse a todos los inconvenientes posibles y entregar, todavía, un muy digno trabajo de realización. Es frecuente ver a Caruso en producciones muy mediocres, pero sus inusitados esfuerzos por facturarlas de la mejor manera posible son de agradecer. Dándole un plus de calidad que debió de coger por sorpresa a sus productores (el propio Vin Diesel entre ellos, claro), el director echa el resto en un excelente y prolongado clímax final, traca satisfactoria, por imprevisible, para una operación económica ajena a toda noción de placer durante su metraje anterior, y letal para la reputación de su vago protagonista.


xXx: Return of Xander Cage


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xXx: REACTIVATED (xXx: RETURN OF XANDER CAGE)

Dirección: D.J. Caruso.

Guion: F. Scott Frazier

Intérpretes: Vin Diesel, Deepika Padukone, Donnie Yen, Toni Colette, Nina Dobrev, Ruby Rose, Tony Jaa, Conor McGregor, Samuel L. Jackson.

Género: acción. Estados Unidos, 2017.

Duración: 107 minutos.

 


 

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