En los márgenes del paraíso

Santiago Alonso


A propósito del estreno en 1944 de I bambini ci giuardano, el primer filme con el que el Vittorio De Sica comenzó a ensayar una revolución estética que contribuyó a fundar el neorrealismo italiano, el crítico Raul Radice fijó por escrito la gran prueba que debe superar cualquier película con niños planteada bajo enfoques eminentemente veristas: “Es difícil que los relatos en los que la infancia es protagonista lleguen hasta el fondo sin enseñar los hilos o, en todo caso, sin que se sienta una nota falsa. En este sentido, se podría considerar que I bambini ci guardano es la excepción que confirma la regla”. Que de excepción se pasara a regla de oro cumplida por los mejores cineastas fueron responsables De Sica y otros colegas connacionales, y muy poco después los tres directores de Little Fugitive (Ray Ashley, Morris Engel y Ruth Orkin, 1953), una pequeña joya, pionera del cine independiente estadounidense. Y como genuino representante actual de la corriente indie, el neoyorquino Sean Baker se une con The Florida Project a esa restringida liga de narradores capaces de llevar un menor a la pantalla sin ninguna sensación de artificio y convertirlo en un protagonista cuya magia escapa a cualquier escuela de interpretación o análisis crítico.

Para poner a funcionar los preceptos neorrealistas, sin embargo, no vale sólo la consecución de los prodigios infantiles, sino el saber trabarlos dentro un propósito narrativo y, principalmente, un paisaje social captado en toda su naturalidad. Eso lo sabe muy bien Baker. Nos presenta a la pequeña Moonee (interpretada por la arrebatadora Brooklynn Prince) y cuenta sus correrías de verano en el motel donde vive con su jovencísima madre (Bria Vinaite), un lugar habitado por desheredados, que se sitúa en las zonas que rodean el famoso Disneyworld, un paraje en el que no es difícil adivinar las consecuencias de la última gran crisis económica: los alojamientos baratos para turistas, al pie de la autopista 192, ahora tienen como clientes a familias enteras sin otro sitio adonde ir.

A diferencia de Joey, el protagonista de Little Fugitive, que huía de casa y pasaba casi toda la película en el parque de atracciones de Coney Island, esta pillina de seis años apenas sale de las inmediaciones del motel, y no muestra a lo largo de la película ninguna curiosidad por la promesa de diversión que tiene cerca. Los correteos cotidianos de Moone con sus amigos la llevan como máximo a recorrer, en busca de un helado, unas aceras con tiendas de souvenirs y puestos gigantescos que explotan la estética kitsch propia de los recreos temáticos. Baker rueda, por ejemplo, los parajes casi como pantallas naturalistas de un videojuego, mediante la sucesión de grandes planos generales y mostrando a los chavalines que cruzan de un lado a otro del encuadre.

La extraña mezcla entre decorado para un sueño pop repleto de colores y la calle, entre los ecos de un paraíso perdido y la pobreza –meritoria la fotografía de Alexis Zabe, habitual de Carlos Reygadas–, es la seña de identidad de las secuencias, un contraste que sólo se rompe con un final muy particular que, convenza poco o mucho a los espectadores, no invalida en ningún caso el discurso de la cinta. Baker evita asimismo hacer turismo cinematográfico de la miseria, aunque tampoco deja jamás de reflejar unas condiciones de vida muy duras ni de observar incluso cómo acaban difuminándose las barreras entre proletariado y subproletariado.

En su intención de que resplandezcan los rasgos de humanidad hasta en las situaciones más degradadas, el director obtiene el logro más rotundo: mejor que en el personaje del buen gerente del motel (a quien interpreta Willem Dafoe, un personaje interesante y pintoresco, pero que al final quizás no contribuye demasiado al conflicto central de la historia), dicha humanidad la encontramos en la relación de la madre y la hija protagonistas. Tanto la alegría como el dolor que viven ambas –la primera es una madre claramente negligente que a su manera, muy a su manera, busca el bien para su hija– están contados sin juicios de valor alguno. Y tampoco se ven los hilos o se perciben notas falsas.



SEAN BAKER, AL HABLA

 

Problemas sociales– “Mis películas son respuestas a lo que yo no veo en el cine o en la televisión de Estados Unidos. No quiero evitar estos temas. Tampoco es que me lo haya tomado como si fuera mi responsabilidad, pero si quieres hacer películas sobre tu país, necesariamente tienes que ver sus problemas y plasmarlos“.

 

Rodar cerca de Disneyworld– “Para mí las localizaciones son muy importantes. Y a menudo se convierten en personajes. Esta película podría haberla rodado en cualquier parte, porque cuenta problemas que se dan en muchos otras lugares de Estados Unidos, no sólo en Florida. Pero, claro rodar allí, en un sitio como Orlando, se convirtió en algo irónico“.

 

El humor– “Creo que puedes enfrentarte a estas cuestiones adoptando una postura totalmente negativa. Yo no lo veo así, pues creo que las personas siempre tienen la capacidad para ser alegres y disfrutar pese a las condiciones en las que estén viviendo. El hombre siempre usa la risa para defenderse. Y por eso uso yo el humor. Si no lo hiciera, sería falso lo que estoy representando”.

 

Sobre la escena final, el cambio a digital y la ruptura con el resto de la película– “Efectivamente, cambiamos el tipo de filmación. También el estilo, y de manera muy clara. Pero será el público el que deba buscar una interpretación de esto, ya que en ese punto de la película ya casi ha entrado en la mente de Moone y puede usar la imaginación, tal y como hace la niña durante la película. El público mismo se encargará de ponerle a la historia ¿quizás un final feliz?

 

Rodar por primera vez en 35 mm– “En este proyecto no me permitieron ser operador de cámara (dice en tono de broma). En mis películas anteriores siempre lo había sido y volveré a hacerlo en el futuro. Un día empezó a llover en el callejón que está detrás del motel y me atreví a recoger uno de los maletines de las cámaras. Al día siguiente llegó una nota de producción que decía: “Se recuerda a Sean que no puede tocar nada del equipo” (Ríe).”

 

Declaraciones recogidas por Santiago Alonso el 24 de enero de 2018 en Madrid. Agradecimientos a Sean Baker y a Haizea G. Viana y el equipo de Diamond Films España



THE FLORIDA PROJECT

Dirección: Sean Baker

Intérpretes: Brooklynn Prince, Bria Vinaite, Willem Dafoe, Valeria Cotto

Género: drama. Estados Unidos, 2017

Duración: 111 minutos

 


 

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