«Es una película política, tratada desde el punto de vista de la humanidad de los personajes»

Jesús Cuéllar


El silencio de otros, de los documentalistas Almudena Carracedo y Robert Bahar, se estrena por fin en salas comerciales españolas, precedido de varios premios en festivales internacionales (entre ellos el del Público y el de Cine por la Paz de la última Berlinale) y de una calurosa acogida allá por donde va. En un café del centro de Madrid, con una pasión contagiosa, Almudena Carracedo habla con Revista Insertos de su último trabajo, de cómo fue su gestación tras el también premiado Made in L.A., de la reacción tan positiva y la emoción que está desatando en públicos de todo el mundo (especialmente entre los jóvenes «exiliados económicos» españoles) y de qué la llevó a ella y a su «coconspirador» estadounidense Robert Bahar a embarcarse en la aventura de indagar en las heridas aún abiertas de nuestro pasado reciente.

 

 ¿Cómo llegaste hasta este tema después de Made in L.A.? ¿Tienes alguna relación biográfica que te vincule con el problema de los desaparecidos o los bebés robados?

Te voy a conectar las dos cosas. Made in L.A. es sobre una lucha por la justicia. Esta película [El silencio de otros] es sobre la búsqueda de la justicia y la dignidad por parte de otro colectivo totalmente diferente, en otra parte del mundo totalmente diferente, era un tema que ya estaba como fluyendo por dentro de mí. Y hubo un detonante cuando fuimos a ver El Viento que agita la cebada, de Ken Loach. Esto debe ser el 2006 o 2007. Estábamos a finales de Made in L.A. y fue algo que me dejó absolutamente catatónica. Esto que lloras mucho, mucho y no sabes porqué; y llegas a casa y sigues llorando. Y me costó un tiempo entenderlo y una conversación con Robert, mi compañero, codirector, coproductor, coconspirador, en la que él me instó a lidiar con este tema. Es decir, estaba lidiando con algo totalmente ajeno a mí, como era esta lucha en Los Ángeles, pero había algo dentro más profundo. No tengo víctimas directas, pero sí soy parte de esa generación que vivió de muy pequeña la transición, con padres que, como muchos otros miles de personas, eran antifranquistas, de una manera moderada. Y entonces, ese algo como que fue creciendo dentro de mí.

Pero cuando comienzas a hacer esto, ¿cuál era la intención: indagar en algo que era más tuyo por ser española? ¿O también querías explicárselo a un público que no fuera español?

Las dos cosas. Por un lado, yo lo sentí como una cuenta pendiente con mi propio país. Pero, por otro, al ser una pareja de dos países diferentes, desde muy, muy al principio entendimos que era muy importante poder contar la historia para dentro y para fuera. Es decir, muchas películas han conseguido contar esto, pero a lo mejor no han conseguido explicar el contexto suficientemente, para que fuera se pueda comprender. Por un lado, yo pertenezco mucho más a este contexto cultural, pero, por otro, también es verdad que cuando estás dentro hay cosas que no ves, que tienes que salir. Robert no tiene este contexto, pero sí tiene un contexto mucho más universal, sabe qué ha pasado en los dos países. Por tanto, la combinación entre las dos cosas ha sido crucial.

Yo creo que hay ciertos paralelismos entre Made in L.A. y esta…

 Sí, claro, sí.

…ya que hacéis un seguimiento de un colectivo que busca justicia. ¿Cuál era vuestra intención? ¿Pesaba más la reivindicación política o el contexto emocional? ¿O una combinación de las dos cosas?

Realmente es una combinación. Por un lado, era muy importante explicar el contexto, el paisaje emocional, político, cultural, en el que se movían nuestros personajes. Pero por otro lado era crucial contar la historia a través de los personajes, como en Made in L.A. Es decir, llegar a un tema a través de las personas, de la humanidad, de la empatía, ¿no? Esto no es un discurso político, esto es una experiencia humana y emocional, se trata de acompañar a los personajes en esta lucha. En este caso hemos grabado seis años… de peripecias, de fracasos, de éxitos, momentos de felicidad, momentos de tristeza… y de sentirse con ellos en su piel. Hay una cosa muy graciosa, ya que me preguntas por Made in L.A., cuando la terminamos yo le juré y rejuré a Robert que nunca más íbamos a hacer una película sobre una querella y que siguiera a un movimiento social, porque esto es infinito en el tiempo. Y claro, lo gracioso es que unos años después: voilà, ahí estamos grabando, no ya una querella en Los Ángeles, sino una querella internacional. No ya una lucha de miles de personas en Los Ángeles, sino una lucha de cientos de miles de víctimas. Es decir, muchísimo más grande… las dos narran un proceso de búsqueda de dignidad y de justicia en dos sitios diferentes, con personajes diferentes. Pero siento que esta a lo mejor da un paso más, ¿no? –tenemos diez años más, también es verdad—, en estilo. Es decir, siento como que es un poco la hermana mayor de Hecho en Los Ángeles, a la que tenemos un cariño brutal, fue nuestra universidad. Te he respondido todo y más, ¿no?

Volviendo al enfoque, en estos últimos años en el cine documental español se aprecia una tendencia a que los propios directores se metan en su documental. Por ejemplo, no sé si has visto el documental de Ana Serret: El señor Liberto y los pequeños placeres

No lo he visto, pero conozco a Ana y me encantan sus películas.

Mudar la Piel, de Ana Schulz; la de Antonio Salmerón: Muchos hijos, un mono y un castillo. Y en otros países obras como El intenso ahora, de Moreira Salles… ¿Tú no has tenido, o vosotros no habéis tenido esa tentación? Porque veo que en tu documental vosotros no aparecéis; los directores no aparecen claramente.

Pues mira, esto fue parte del proceso de creación de la narración, del hilo narrativo de la película. Es decir, desde dónde se contaba ese contexto… Y pasamos muchos momentos en los que yo, como narradora, tenía una voz mucho más personal. Pero a la gente no le interesaba, porque no era mi historia. El que yo sintiera dolor o no sintiera dolor no era interesante para el espectador. Los verdaderos protagonistas de la historia eran los personajes, los protagonistas. Al final descubrimos que la voz en off era una voz colectiva. Y en el momento que esa voz en off cambió de «yo» a «nosotros», de repente empezó a funcionar. El papel de esa voz era proporcionar un contexto poético, un contexto necesario para poder entender la lucha de nuestros personajes. ¿Me he explicado?

Sí, perfectamente. A ver, luego una pregunta sobre…

Me estás haciendo preguntas que otra gente no me ha preguntado, así que tienes una entrevista muy, muy, muy particular. Quiero decir que es diferente de otras…

¿Cómo entronca vuestra película en la trayectoria del documental histórico español? De Martín Patino, Pere Portabella, todos esos autores, hasta directores como Héctor Faver con Lesa humanitat. ¿Y qué crees que aporta…? ¿Cuáles son vuestros referentes?

Eso lo tienes que decir tú [risas]. Sí, pero obviamente la película forma parte de una tradición, ¿no? Es cierto que al haber yo vivido fuera doce años y tener este equipo tan internacional, el acercamiento al tema es algo diferente. O sea, yo no lo he visto tan a menudo en el documental español. Nosotros lo entregamos ahora a la sociedad civil de una manera muy humilde, es decir: he aquí una herramienta más para ese trabajo. Martín Patino o Cecilia Bartolomé fueron importantísimos… Le he enviado un correo a Cecilia hace poco diciéndole: «Tú grabaste las primeras exhumaciones y yo he grabado de las últimas». Pero, al mismo tiempo esperamos y creemos que bebe, precisamente por esa perspectiva también internacional, de otras tradiciones documentales. Más en concreto, Patricio Guzmán, que para nosotros ha sido nuestro gran admirador; admirador no, admirado. O, por ejemplo, La Mirada del Silencio, de Joshua Oppenheimer. Y, desde luego, Pere Portabella, que nos ha ayudado muchísimo.

Y se me ocurre, ahora hablando contigo, la de Joaquim Jordà, Numax presenta… que es la historia de una reivindicación…

Sí, sí, claro… es una película política, tratada desde el punto de vista de la humanidad de los personajes.

En la vuestra no hay expertos. Están solamente los testimonios de la gente que va participando en las reivindicaciones. Imagino que es algo deliberado…

Es deliberado. Para Made in L.A. entrevistamos a muchos expertos, y acabaron cayéndose todos del montaje. Pues aquí ya veníamos más sabidos. Las únicas personas que hablan en la película están relacionadas con el universo de la película; es decir, o con la querella argentina o con la memoria. No hay expertos, no hay entrevistas formales; hay testimonios de los personajes, que están enmarcados en el testimonio que esperan dar algún día a la jueza Servini. Muchas veces los expertos te proporcionan contexto, pero te sacan de la historia; de la parte emocional de la historia. Por eso era muy importante crear estas partes más poéticas que pudieran integrarse con el resto, sin sacar al espectador, digamos, del emotional write, de la experiencia emotiva. De ese viaje emocional en el que te embarcas con los personajes.

Desde el punto de vista práctico: ¿qué diferencias hay entre trabajar en Estados Unidos y trabajar en España en cuanto a la financiación, las facilidades u obstáculos que te ponen. ¿Dónde os habéis encontrado más cómodos?

A ver, los documentalistas siempre tienen obstáculos, en cualquier país del mundo, ¿no? El obstáculo más fuerte es cómo sobrevivir haciendo una película de estas, tan largas, sin que te echen del piso. La financiación de la película la hemos buscado debajo de las piedras… nos hemos dejado la piel realmente para poder tener una película durante siete años. Que esto es lo único que hemos hecho. Tenemos financiación de muchísimas fuentes de Estados Unidos: la televisión pública, Sundance y de muchas fundaciones e instituciones europeas. De España no teníamos nada. Por eso era muy importante el sello de aprobación de El Deseo, diciendo: «Sí, esta película es verídica, viene desde dentro también, no solo desde fuera». Y ellos entran ya al final de la producción, precisamente para apoyar esta parte, esta parte de educación, difusión, concienciación, como quieras llamarlo. Y ha sido un sello obviamente superimportante a la hora de salir, de lanzarlo, de salir al mundo y de que la gente entienda que es una experiencia cinematográfica, que no es solamente… que no es un reportaje.

Pero desde el punto de vista del acceso a las instituciones, que te dejen filmar en la calle, que no te dejen…

Pues a ver, no. Grabar en la calle y bloquear, nada. Esa es una pregunta que nos hacen siempre: «¿Os ha bloqueado alguien?». Digo no, en España lo que se hace es ignorar. O sea, el silencio que permanece en España consiste en ignorarte. Cuando ganamos el Premio del Público en Berlín, ¿cuántos documentales en España han ganado el Premio del Público al Mejor Documental en Berlín? Televisión Española, ¿sabes lo que dijo? ¡Nada! A eso me refiero. Por supuesto, Televisión Española no nos bloqueó; simplemente nos ignoró. Afortunadamente hay un cambio ahora político y un cambio cultural también y social, que es muy importante, de lo que la gente quiere saber o no. El documental llega, digamos, subiéndose a esa tabla de surf, a esta nueva ola de querer pensar y querer reflexionar. Que nosotros vemos que es muy diferente de hace diez años. Eso ya sería una tesis doctoral: el porqué de repente todo ha confluido para que la gente tenga esa necesidad de escarbar y de repensar su presente, sobre todo muchísima gente joven. Llevamos ocho meses, desde Berlín hasta aquí, por el mundo, y la reacción siempre ha sido brutal. Pero brutal de venir después a abrazarte y llorando, diciendo: «Esto no puede ser, me han robado mi historia». «Es muy necesaria, es el momento» … Siempre me expando más, pero bueno, te doy mucho, ¿no?

No, no, no; está fenomenal. Bueno, ya para terminar, te quería preguntar si ya habéis tenido tiempo de pensar en algún próximo proyecto, ¿qué es lo que pensáis hacer? ¿Vais a quedaros en España? ¿Os vais a Estados Unidos…?

Espera que saco la bola, uhhh… Claro, nos vinimos los dos en el 2012, pero yo volví para hacer este proyecto. Llevaba doce años en Estados Unidos. El qué vamos a hacer ahora, chi lo sa? Realmente, lo primero es acompañar a la película en esta andadura por el mundo…. Nos quedan festivales y, sobre todo, lo que es el pueblo a pueblo: sacarlo al mundo y una vez que ya pueda caminar por sí solo, dejarlo rodar. Y esa parte es larga. Fíjate, llevamos ocho meses, casi nueve desde febrero, van a ser dos años de intensivo de difusión. Ahora mismo la cabeza no nos da siquiera para pensar. Es como cuando acabas de parir, y te dicen: «¿y cuándo es el siguiente?», y dices: «yo te mato». En Estados Unidos la gente que trabaja la difusión dice: «cuando acaba el trabajo es cuando empieza el trabajo». Ahora nos quitamos la gorra de cineastas y nos ponemos de agitadores culturales, activistas, como quieras llamarlo.


 

Sobre la producción de ‘El silencio de otros’. Habla Almudena Carracedo:

Durante la producción de esta película hemos visto Nostalgia de la Luz, no sé, quince veces, porque en los cuatro primeros años la historia fue muy difícil de encontrar. Tenemos nueve personajes, ochenta años de historia, un presente muy complejo, con muchísimos actores sociales, un contexto…  Y archivo. Hay muchísimos elementos que son muy difíciles de juntar para que funcione. Tenemos un documento que se llama «Reconceptualización», que tiene como veinticinco páginas en Google Docs; pues cada vez que veíamos otras cosas o veíamos de nuevo Nostalgia de la Luz, escribíamos. Y una de nuestras preguntas era siempre: «¿Cuál es nuestro desierto de Atacama?». Esa primera película de Patricio Guzmán, creo que fue la primera que yo vi sobre memoria. Y luego sí vi a Martín Patino y a Cecilia Bartolomé. Pero la primera fue La Memoria obstinada. Patricio ha sido siempre una gran inspiración.


Crítica de EL SILENCIO DE OTROS en Revista Insertos



Fotografía de cabecera: Álvaro Minguito


 

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