Yago Paris


No parece casual que la victoria de Jair Bolsonaro en las últimas elecciones electorales de Brasil haya coincidido en el tiempo con el estreno de la serie de animación Super Drags. A la vez que los mensajes populistas de odio hacia todo lo que se salga de las ideas tradicionales se propagan por el mundo y triunfan en las urnas, como es el caso de la república sudamericana, llega a la plataforma Netflix la respuesta contestataria: una serie brasileña, producida por Combo Estúdio, que convierte absolutamente todo lo que aparece en pantalla en una referencia al mundo homosexual (mayoritariamente sobre el colectivo gay, pero con menciones al lésbico). Con un tono festivo e irreverente,  los creadores de la serie, Anderson Mahanski, Fernando Mendonça y Paulo Lescaut, arrollan al público con su cascada de provocación sexual, en una celebración de lo queer pensada para el público adulto.

La historia narra las aventuras de Patrick, Donizete y Ralph, tres empleados de una tienda de ropa que no esconden al resto de la sociedad su inclinación sexual. Durante el día se exponen a los problemas a los que los gais deben enfrentarse a diario —como la falta de aceptación del colectivo LGTBI por parte de la sociedad, que se manifiesta en el episodio en el que envían a uno de los protagonistas a un campo de internamiento donde se quiere convertir a los homosexuales en heterosexuales. Por la noche se transforman en Lemon Chiffon, Scarlet Carmesí y Safira Cyan, tres drag queens con superpoderes que luchan contra el mal. Cada uno de los apenas cinco episodios que componen la primera temporada cuentan historias independientes, pero a la vez existe un hilo conductor que vertebra la primera entrega de la serie —la celebración del concierto de Goldiva, la reina absoluta de los escenarios—, culminando en un episodio final que funciona como épica batalla entre los tres protagonistas y la gran antagonista del relato, Lady Elza.

La producción cuenta con un estilo de animación que se aleja de cualquier estándar canónico de representación. En las antípodas del modelo Disney, Super Drags se aproxima al de Hanna-Barbera, cuyas creaciones contemporáneas más similares podrían ser Las Supernenas o El laboratorio de Dexter, ambas creadas por Genndy Tartakovsky. Aunque la serie está animada utilizando la técnica flash o similar —la misma que se utiliza en series como Hora de aventuras o Historias corrientes—, la estética imita el dibujo tradicional a mano, y entre los referentes estéticos más claros podría destacarse, por un lado, el cine de espías clásico, y por otro, cierto estilo que recuerda a la arquitectura de los años sesenta. Se trata de un universo en dos dimensiones, a base de formas angulosas que rechazan todo lo que se parezca a un ángulo recto, como si de esta manera se quisiera enfatizar que los creadores de la serie no piensan doblegarse ante la rectitud de las normas que propone la sociedad. Forma y fondo se fusionan con inteligencia para crear una obra como Super Drags, que se convierte en una celebración de la diferencia como la mayor de las virtudes del individuo.


Super Drags crítica Insertos


Imágenes: IMDb.


 

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