Santiago Alonso 


Durante generaciones, los aficionados al cine han encontrado en la lectura de publicaciones especializadas y en el intercambio de pareceres con los demás una forma muy fructífera, más allá del acto individual de ver una película, para avivar la llama de las pasiones. Con el advenimiento de lo digital no ha cambiado el impulso, pues se siguen leyendo revistas, tanto en papel como en pantallas, mientras que la existencia de los foros en internet da pie al debate y el cultivo de la cinefilia (o, mejor dicho, en plural: las cinefilias). Ahora bien, hay una práctica concreta, unida a la experiencia de la sala oscura y al hecho de comunicarnos cuando se encienden las luces, una vez terminada la proyección, cuya traslación virtual apenas se ha alentado. Se trata de asistir a un cineclub, es decir, de sentarse y disfrutar de un programa enriquecido con una introducción y un coloquio posterior. Acudiendo a reuniones de esta clase se han formado no pocos cineastas, a dentro dentro del ambiente universitario, pero no solo; y, asimismo, muchísimos espectadores han modelado gustos y ampliado conocimientos.

En este extraño 2020 las cosas han cambiado a la fuerza. Ahora ha llegado el verano y estamos volviendo a los cines tras el confinamiento, si bien hay otras citas culturales relacionadas con el séptimo arte que no van a poder celebrarse, algunas de ellas con solera y que marcan la vida cultural de nuestras ciudades. Por eso es una noticia excelente que el ciclo estival de La Casa Encendida de Madrid no se haya suspendido. Se celebra en versión virtual, el mejor remedio posible, y está organizado bajo el lema Vivir con miedo. Con los siete largometrajes que se programan se abordará ese sentimiento como un concepto complejo y con muchos matices que precisamente va a ser objeto de comentario cuando la sociedad se ve inmersa en una desconcertante pandemia.

Haciendo de la necesidad virtud, los coloquios podrán llegar así a un mayor número de interesados, fuera de la capital. El seguimiento podrá realizarse por streaming (lo que permitirá participar en un chat escrito) o recuperando las grabaciones que se guardan tras la finalización del directo en un canal creado a propósito en YouTube. La única que no cambia es la persona al frente, la periodista y programadora cultural Isabel Sánchez Fernández, quien lleva comisariando estos ciclos desde hace quince años.

Autora de uno de los mejores espacios en internet dedicados al cine en lengua española, El blog de Hildy Johnson, Isabel habla con la Revista Insertos y describe de esta manera en qué consiste el espíritu que guía todos los meses de julio cinéfilos del centro cultural situado en el madrileño barrio de Lavapiés: «Durante todos estos años se han visto muchas películas en su sala audiovisual que han girado alrededor de temas para la reflexión y el debate, temas que afectan a la sociedad y que cada día están presentes en nuestras vidas: exclusión social, inmigración, salud mental, participación, soledad, integración a través de la cultura y el ocio, la muerte, fracturas sociales, relaciones tóxicas… Nos interesaba enfocar cada tema desde distintas miradas y puntos de vista, así que siempre hemos procurado encontrar ponentes que pudieran aportar una perspectiva interesante desde distintas áreas: desde la psicología, el periodismo, la psiquiatría, el trabajo social, la sociología, la política, la crítica cinematográfica, la filosofía, la literatura o la religión…»

Centrándonos en esta edición, nos cuenta: «El miedo es un concepto que permite muchas miradas y análisis interesantes. Rondaba por mi cabeza desde hacía bastante tiempo, y me resultaba interesante crear una programación donde se viera la complejidad de esta emoción. Hay muchos tipos de miedo, y también el propio concepto permite reflexiones muy diferentes. El año pasado al finalizar el ciclo sobre relaciones tóxicas, nos metimos de lleno a preparar este». Lo que no esperaba es que fuese un lema tan premonitorio y que, a partir de marzo de 2020, estuviese tan presente no solo en los medios de comunicación, sino directamente en nuestras casas y calles. «El miedo puede marcar épocas», continúa la periodista, «y esta es una de ellas, debido a todo lo que está acarreando y las incertidumbres que genera esta pandemia mundial. Decidimos seguir adelante con el ciclo en formato on line y reflexionar sobre los distintos rostros del miedo, para poder comprender más esta emoción siempre latente».

Hasta el 23 de julio, con sesiones programadas los martes y jueves a las 19.00 horas, se analizarán los siguientes títulos, todo un viaje múltiple hacia el miedo mientras se observa la guerra, el terrorismo, las incertidumbre del mañana o la violencia machista: María (y los demás) (2016) de Nelly Reguera, Custodia compartida (2017) de Xavier Legrand, Sorry, We Missed You (2019) de Ken Loach, Reconstruyendo Utoya (2018) de Carl Javér, Alma mater (2017) de Philippe Van Leeuw. A falta de proyecciones, se invita a los asistentes virtuales a que vean previamente cada película en el canal de La Casa Encendida alojado en Filmin.  Las dos primeras sesiones, ya celebradas el 2 y el 7 de julio, versaron en torno a Thelma (2017) de Joachim Trier, con la crítica Andrea Morán como ponente, y El taller de literatura (2017) de Laurent Cantet. Ambos encuentros ya están disponibles en YouTube.

Presenciales o virtuales, la existencia de cineclubs como este demuestra su importancia como herramienta útil para comprender el mundo en el que vivimos. Aunar la reflexión artística con la humanista propicia seguramente replantearse la misma pregunta de siempre, aunque para muchos la respuesta tiende a resultar pesimista: ¿puede el arte cambiar el mundo? Para alegría de quienes la conocen, Isabel es una persona optimista y siempre le ve sentido a la propuesta cultural del debate antes y después de una película, como se demuestra cuando se le plantea la pregunta. «No tiene una respuesta fácil, pero sí creo que el arte, y el cine en este caso, puede ser el clic necesario para que el espectador abra los ojos hacia un determinado tema o concepto, y le apetezca no solo indagar más en él o reflexionar, sino ir más allá. Por ahí es donde veo la fuerza de las artes y que pueden ser capaces de transformar a las personas para que apuesten por un mundo mejor», contesta. Y concluye: «Por eso el formato de cineclub es tan necesario, porque conviene crear espacios de reunión y reflexión que permitan abrir cada vez más puertas y ventanas. Espacios donde nos planteemos cosas o donde podamos tener nuevas miradas. La tertulia en torno a una película genera encuentros ricos en ideas. La película es la semilla, la que plantea, interroga, expone, remueve o descoloca. Después viene el encuentro y un cruce de palabras para llegar a sus entrañas y comprender una mirada que trata de descifrar el mundo en el que vivimos».

Aquí tienes la programación del ciclo VIVIR CON MIEDO

Aquí tienes el canal de LA CASA ENCENDIDA en Filmin

Aquí tienes el canal de los coloquios de VIVIR CON MIEDO en Youtube


Presentación del ciclo de cine y coloquios (extraída de la pagina web de La Casa Encendida)

Definir qué es el miedo no es fácil, pues es un concepto complejo que encierra múltiples matices. En la Real Academia Española hay dos acepciones que ponen en evidencia la dificultad de explicar esta emoción. «Angustia por un riesgo o daño real o imaginario», definición que pone de manifiesto que existen causas reales que provocan ese sentimiento y causas, no menos importantes, que son fruto de la imaginación. La segunda acepción señala: «Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea», y esta frase expone cómo el miedo nos hace movernos en un terreno psicológico, en esos miedos interiores que nos acechan en el día a día.

Lo que está claro es que vivimos con miedo. Hay miedos que nos superan y otros que ayudan a que nos realicemos o que demos un salto al cambio. Hay miedos que nos controlan, someten y eliminan. Hay miedos psicológicos, que escondemos en nuestro interior, y otros que son externos, reales, que nos dificultan el día a día. Hay miedos ancestrales: a la oscuridad, a la vejez, a la muerte o al dolor; y otros que nos amargan las jornadas: miedo al rechazo, a la incertidumbre laboral, a ser diferente. Y hay miedos que definen épocas y que conducen a la polarización y la división de las sociedades u otros utilizados como armas de guerra para someter a la población civil. El miedo tiene muchos rostros.


 

 

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