Entrevista con el director de Alma mater

Santiago Alonso 


Tras su carrera como director de fotografía, el belga Philippe Van Leeuw ha dado con éxito el salto definitivo a la realización. Así parece confirmarlo la buena acogida que está teniendo su segundo largometraje, un intenso drama sobre la guerra de Siria que se estrena este fin de semana en nuestro país y que tiene como protagonista a la conocidísima actriz palestina Hiam Abbas. En El día que Dios se fue de viaje (2009), su ópera prima, que era un viaje al horror del genocidio en Ruanda, Van Leeuw mostró la necesidad de bucear entre el dolor de las víctimas y devolverles la dignidad como seres humanos, pero con la voluntad de no presentar atrocidades en pantalla. Y ha seguido las dos mismas reglas en Alma mater, el relato de una familia siria de clase media encerrada en su apartamento, mientras fuera caen las bombas y los francotiradores esperan con sus fusiles. De hecho, durante la conversación con la Revista Insertos el realizador y guionista emplea varías veces derivados del adjetivo digno (dignificar, dignificadora…) para referirse a sus personajes y las terribles situaciones que sufren.

Antes de hablar sobre cuestiones específicas relacionadas con la cinta nos confiesa lo que significa para él estrenarla cuando el conflicto en Siria continúa tras siete u ocho años de horrores ininterrumpidos: mismamente, dos días atrás, las noticias dieron cuenta de un criminal ataque con armas químicas sobre la población. «A veces siento un poco de vergüenza. Estoy con Hiam Abbass presentando Alma mater al público, ganando premios… Eso nos alegra, pero un poco también nos crea un conflicto porque estamos hablando de cosas muy reales. Por ejemplo, ayer durante la presentación en la Casa Árabe de Madrid había una mujer siria entre el público. Se levantó para decirnos que la pantalla mostraba exactamente situaciones que ella había vivido. En fin, la existencia de la película está entonces justificada». Insiste en recalcar que no hace espectáculo con el drama de los sirios: «Me interesa fijarme en la gente normal que intenta afrontar situaciones de este tipo en cualquier lugar del mundo, no los combates o las acciones bélicas. A veces es extraño ver películas americanas de este tipo que se convierten en espectáculo. Aquí no verás nada de eso». Por otro lado, también considera que este objetivo se logra mejor a través de la ficción, «porque puedes crear una intimidad y una empatía con los personajes que no sueles encontrar en los documentales y que, desde luego, nunca hay en la televisión o los medios de comunicación». Y si tenía algo claro cuando empezó a escribir el guion era la necesidad de contar con un «icono» como Abbass. Pensó en la actriz desde el principio. Tuvo un pequeño encuentro con ella dos o tres años antes: «Nos intercambiamos los números directamente, algo muy positivo porque no había agentes por medio. Cuando el primer borrador estaba listo, se lo envié para que lo aprobara y finalmente se embarcara en el proyecto. Con ella todo el proceso de trabajo fue íntimo, amistoso y fácil».

Hiam Habbass en Alma mater

En Alma mater se palpa desde el primer minuto una enorme presión y un peligro constante. Según transcurre comprobamos que más que pintar una serie de retratos individuales dentro del grupo, el objetivo consiste en mostrar un catálogo de relaciones entre personas arrolladas por el drama de la guerra. Tenemos la figura central de la señora de la casa (Abbass), que defiende su espacio vital marcando las pautas de comportamiento de todos, sus tres hijos los primeros. ¿Con qué fin?: la supervivencia colectiva. Está después la relación entre el abuelo y el nieto, también la de la joven pareja de vecinos. Sin olvidar la figura excepcional de la criada, cuyos lazos en principio superficiales con el resto se han estrechado debido a las circunstancias. Van Leeuw nos confirma que esa era la idea, aunque no le gusta emplear la palabra catálogo. «La película trata sobre las mujeres», explica. «El personaje de Hiam Abbas es madre y además tiene que cuidar a su suegro. Toma sus decisiones por el bien de su familia principalmente y después por el de un grupo mayor que engloba a los vecinos, un joven matrimonio». Así da entrada al otro personaje fundamental, interpretado por Diamand Bou Abboud, la esposa que se ve envuelta en los sucesos que ponen a funcionar el relato. Además, esta protagoniza un momento crucial que le permite al cineasta «hablar sobre la violación como arma de guerra», algo que ha sido objeto de sus reflexiones desde hace tiempo. «Es un tema muy, muy difícil de tratar. En esta película era posible hacerlo, encajarlo en la trama. E intenté que la gente no lo olvidara».

Tratándose de alguien que ha trabajado como director de fotografía con Bruno Dumont (La vida de Jesús), casi es imposible no preguntarle acerca de la puesta en escena de secuencias desagradables, sobre todo porque tal y como ha concebido la violación en su largometraje, se aleja mucho de las maneras del polémico autor francés. Para empezar, la ha rodado en dos escenarios, con personajes a ambos lados de una puerta cerrada y así, en cierta manera, la violencia se contiene algo y no es necesario ver la agresión. Van Leeuw se queda en silencio, meditando su respuesta. Sin duda hemos tocado una clave respecto a su manera de asumir la práctica artística. Considera importante contestar larga y detenidamente: «Quería rodarla de una manera dignificadora. No quería mostrarme duro, pero sí que se sintiera como una situación real. Porque el realismo es de lo que trata la película en sí. Por eso, al rodar esa escena… bueno, espera, lo primero de todo: cuando escribes una de este tipo te das cuenta de lo fácil que es. Ahora bien, cuando te pones a rodar, se convierte en algo mucho más complicado, pues estamos recreando una situación tremenda. Quieres que se vea como algo que está sucediendo. Que lleve al público hasta el borde de sus asientos, aunque no como una escena cinematográfica. La parte más complicada no es tanto la de construir la tensión y que todos los actores y el equipo participen en recrear algo que no les gusta, algo que intelectualmente rechazan, sino cuando tienes que decirles a los intérpretes que hay que repetirlo y hacer más tomas, porque ahí ya están tocados, les ha afectado. Y después viene cuando te sientas a montar, vuelves una y otra vez, porque quieres que las imágenes se entiendan y procuras que lo que haces no sea algo complaciente o sin sentido». Y concluye: «Me parece interesante comprobar que podemos vernos reflejados, ver cómo ella lucha e intenta mantener su dignidad a toda costa y ganar un poco de control. En realidad, la parte más difícil y fuerte es cuando vemos a las personas de la cocina. Sus caras, su culpabilidad y su incapacidad para no poder hacer otra cosa que sentarse allí y esperar».

Diamand Bou Abboud en Alma Mater

Sin embargo, aparte de estas situaciones terribles, la dimensión total del horror que cuenta Alma mater parece marcarlo un principio y un final especulares con un mismo personaje que fuma delante de una ventana. Solo han transcurrido 24 horas entre ambos momentos. Solo hemos asistido al espanto de un día. El ciclo continúa, pareciendo indicar que no tiene fin. ¿Es correcta nuestra apreciación? «Por supuesto, esa era la idea», afirma momentos antes de concluir la breve charla. «Los productores no querían que acabara así la película, porque pensaban que no dejaba esperanza alguna», añade. Después enumera dos o tres puntos del argumento que no conviene reproducir aquí, a fin de no destripárselo demasiado a los lectores que no hayan pasado por el cine, y con los que justifica la presencia de esperanza en la historia. Y en estas últimas palabras de Van Leeuw vuelve a aparecer un sustantivo recurrente, acompañando al verbo mantener: dignidad.

 


La preferencia por el plano secuencia

Philippe Van Leew cuenta:

Para mí es importante dejar que la acción se desarrolle y no se interrumpa constantemente por el hecho de tener que cortar y cambiar la cámara de posición. Si no, tienes que volver a construir toda la tensión, reorganizar el set… Hay que tratar asimismo de darles a los actores el espacio suficiente para moverse. Cuando ruedas un plano secuencia incrementas el realismo. Estás ofreciendo un tiempo real y no bloqueas la interpretación, pues así los actores no piensan en angulaciones de cámara o marcas. Pero tampoco me gusta emplear la steadycam. Daría una sensación demasiado fluida.

 

Philippe Van Leeuw en Madrid

 


Crítica de ALMA MATER en REVISTA INSERTOS, por Jesús Cuéllar


Agradecimientos a Philippe Van Leeuw, los compañeros Surtsey Films y Owen Thompson

Fotografías de Philippe Van Leeuw en Madrid: Federico Ramos


 

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