Disparos al vacío

Jesús Cuéllar


Después de la aclamada La clase (2008) Laurent Cantet abandonó temporalmente las tramas que tenían lugar en su Francia natal para trasladar sus intereses a territorios geográficamente alejados del Viejo Continente. Con resultados irregulares colaboró con escritores de la talla de Leonardo Padura o Joyce Carol Oates (Siete días en La Habana y Regreso a Ítaca, por un lado y Foxfire, por otro), no sólo con su coguionista más habitual, Robin Campillo.

En El taller de escritura Cantet vuelve a una Francia que sigue sufriendo los problemas de integración étnica que se reflejaban en La clase y que, tras la grave crisis económica de los últimos años y una serie de atentados yihadistas, bascula entre el populismo ultraderechista del Frente Nacional y un desnortado republicanismo.

En La Ciotat, una localidad cercana a Marsella que en su día albergó un importante astillero y un potente movimiento sindical, un grupo de jóvenes menores de veinte años con poca suerte en los estudios y diversos orígenes étnicos asiste durante el verano a un taller de escritura vinculado al mantenimiento de prestaciones sociales. A pesar del entorno estival y de la envolvente luz mediterránea, el ambiente se va volviendo opresivo en las clases, por la tensión creciente entre Antoine y Olivia. El primero es un brillante alumno, que vierte todas sus frustraciones personales y políticas, su racismo, en las violentas escenas que escribe y en atacar a sus compañeros; la segunda es su profesora, una parisina acomodada y escritora de novela negra, fascinada por la arrabalera energía juvenil y provocadora de su alumno.

Cantet pone aquí frente a frente a dos personajes y mundos opuestos: un joven blanco, violento pero emotivo (que quizá podría interpretarse como una versión juvenil de los protagonistas de Recursos humanos —1999—, y El empleo del tiempo —2001—), y una mujer madura y acomodada, que, sin embargo, parecen unidos por sus propias confusiones vitales y que, en cierto modo, acabarán invirtiendo sus papeles de alumno-profesora. El ejercicio de la enseñanza, como el propio Cantet mostraba en La clase, tiene mucho de aprendizaje por parte del docente.

Una vez más, Laurent Cantet hace un cine de ideas, pero sin dogmatismos. A través de la evolución de los protagonistas (normalmente hombres enfrentados a entornos hostiles o que no acaban de comprender), los problemas se van desgranando ante el espectador, pero sin mascárselos. Se abren puertas, debates, a veces demasiados, pero la capacidad de sugerencia y la inteligencia del guión (en este caso sólo de Cantet y Campillo) y de la puesta en escena permanecen. Además, en esta ocasión el director francés ha prestado una mayor atención a los personajes femeninos. No sólo a la profesora Olivia, sino a las combativas alumnas del taller, aunque casi todo gire en torno al personaje de Antoine, magníficamente interpretado por Matthieu Lucci.

El taller de escritura se inicia con un héroe de videojuego apuntando con sus flechas al vacío y vuelve sobre esa metáfora en otro momento de la película. Sus personajes se van dejando llevar por la corriente: a veces se resisten y disparan a la luna, a veces contemplan el horizonte desde la cubierta de un buque cuyo destino desconocen.



 

EL TALLER DE ESCRITURA

Dirección: Laurent Cantet

Intérpretes: Marina Foïs, Matthieu Lucci, Florian Beaujean

Género: drama. Francia 2017

Duración: 113 minutos

 


 

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