Tentáculos de placer y muerte


Como cuentan las lacerantes noticias que de allí nos llegan, México tiene en verdad bastante poco de lindo. Y lo corroboran una serie de cineastas decididos a reflejar los torbellinos de barbarie que asolan el país. Entre ellos se encuentra Amat Escalante, barcelonés de nacimiento, cuyo cine plasma la sociedad mexicana retratando una naturaleza humana hondamente dolorosa y mostrando la violencia mediante fogonazos de representación extrema, que suelta en medio de prácticas fílmicas instaladas en la frialdad y una cadencia pausada y precisa. La región salvaje es su cuarto largometraje y se abre, ¡sorpresa!, con una escena sexual que tiene por protagonistas a un monstruo tentacular (de momento vemos tan solo uno de sus viscosos apéndices) y una joven entregada al éxtasis. A continuación asistimos a otra cópula, esta vez en el seno de un matrimonio y, ahora sí, desagradable, nada placentera para la mujer: es decir, aquí sí se nos muestra un terreno que asociamos a un filme de este director.

Muy pronto percibiremos que la desconcertante intersección entre fantasía y drama no aleja al cineasta de su propósito habitual de denunciar problemas sociales muy específicos. En este caso, el tema es la opresión de las conveniencias morales de la comunidad sobre el deseo carnal y las libertades del individuo, ahí donde mujeres y homosexuales son siempre las víctimas. Escalante gradúa lo misterioso y lo fantástico con mano firme, al tiempo que radiografía la región de Guanajuato y continúa con la recontextualización del salvajismo explícito que remite a lo que en el país americano llaman la nota roja, es decir, el periodismo escabroso de crímenes y accidentes que certifica la naturalidad del horror en el día a día de la ciudadanía mexicana. En La región salvaje concretamente, el realizador rueda un plano secuencia extraordinario, en cuanto a técnica y significado, donde la cámara captura el hallazgo de un cadáver. Es una estampa campestre – con paisanos y niños que se paran a mirar, enfermeros y fotoperiodistas – que posteriormente constituirá la carnaza de portada para un diario sensacionalista.

Después de ver La región salvaje, surgen interrogantes y no son pocos. Está claro que dos de sus alicientes son la extrañeza y la invitación a aventurarse por los vericuetos de la interpretación respecto a su parte fantástica. Que no necesitemos un encaje total constituye, en este caso, un valor, aunque quien teclea estas líneas sienta también que varios aspectos de la articulación creativa se han quedado demasiado a medias. ¿En qué modo se formula realmente la metáfora de este monstruo que cayó del espacio y vive en la región? ¿Dónde y cómo encajan las figuras del hombre y la mujer que lo cuidan? ¿Y por qué demonios el sexo en plenitud siempre conlleva negras consecuencias? Aun así, hay que celebrar el encontrarnos ante un autor que se ha lanzado sin miedo a experimentar y crecer.



 

LA REGIÓN SALVAJE

Dirección: Amat Escalante.

Intérpretes: Simone Bucio, Ruth Jazmín Ramos, Jesús Meza, Eden Villavicencio.

Género: drama, ciencia-ficción, terror. México, 2016.

Duración: 100 minutos.

 


 

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