Entrevista con la directora de Trinta lumes


Santiago Alonso 

Una niña de doce años que desea asomarse a lo desconocido y un enclave rural remoto donde cada rincón parece albergar un misterioso mensaje esencial. Estos son los dos elementos fundamentales de Trinta lumes, un trabajo con el que Diana Toucedo pretende dar forma cinematográfica, sobrepasando los límites del género documental, a la sensación que ella experimenta en su Galicia natal de encontrarse ante un mundo cuyos límites entre la vida y el más allá se difuminan casi por definición. Alternando paisajes de la montaña lucense con la observación directa de las rutinas cotidianas de los aldeanos, aparte del seguimiento a Alba, que así se llama la niña, la cinta transporta al espectador al lugar donde —según lo definía el poeta Uxío Novoneyra, todo un clásico de las letras gallegas cuya influencia en la autora es declarada— «está o aire enfexo / n´algo que eu non vexo» [está el aire fijo / en algo que yo no veo].

Aparte de su labor de montadora (Júlia ist, Los desheredados, A estación violenta…), la carrera de Toucedo como directora se ha situado desde principio entre el cine documental y el experimental. Trinta lumes es su proyecto de mayor envergadura hasta la fecha, y al estreno comercial le ha precedido el paso por numerosos festivales de prestigio (preestreno mundial en la Berlinale, nacional en Málaga), cosechando además varios premios (en D’A Barcelona, Filmadrid, Rizoma…). Así ve la realizadora, al principio de nuestra charla, las buenas sensaciones que está generando el largometraje: «Cuando estás tanto tiempo trabajando, pues ha llevado cinco o seis años, la verdad es que ya no tienes perspectiva de cuál va a ser la vida real de la película, a cuántos lugares va a poder ir o cómo la va a recibir el público y otros sectores. Para mí está siendo una sorpresa constante. La película llega, gusta».

 

No es la primera que haces con tema gallego. Primero fue el corto Por que non cantades todas, y después el largometraje En todas as mans, sobre los montes vecinales. ¿Es Trinta lumes, por tanto, un paso más, tal vez el mayor, en una especie de viaje a tus raíces?

Sí, sí, un poquito. Llevaba mucho tiempo aquí en Barcelona, había estudiado cine en la ESCAC y, en cierta manera, me apetecía conectarme de nuevo, confrontarme también, con ciertas cosas de Galicia. Mi voz podía ser más honesta, o más próxima, a aquello que quería contar. Con esas piezas anteriores, que, en realidad son mucho más de encargo que trabajamos con una productora de allí, fue como llevar todo ese conocimiento cinematográfico que yo estaba adquiriendo para hacer obras que me interesaban a nivel temático. Pero Trinta lumes parte de un lugar diferente. Es personal, nace de mí. En cualquier caso, el viaje personal que comentas está ahí de fondo, porque cuando empiezas a hacer cine siempre hay un cuestionamiento sobre quién eres, cuál es tu mirada y cómo dicha mirada que lanzas al mundo puede ser recibida por otros. A mí me llevó a preguntarme por mis raíces. Los elementos identitarios, las herencias, las tradiciones. Lo que viene de atrás, te conforma y te crea una visión del mundo. Y surgió la necesidad de plasmarlo en imágenes.

La directora Diana Toucedo

Y te llevó a preguntarte también por el misterio, ¿no? Entendemos que tú te identificas con Alba, la niña protagonista, al cien por cien. Que vuestra inquieta actitud es la misma.

Absolutamente. En un primer momento, cuando empezamos a plantear el proyecto, estuve casi dos años haciendo trabajo de investigación. Rodábamos a veces con una cámara pequeñita un amigo y yo, buscando los nexos de unión con aquello que yo quería contar. Hice un casting con niñas que vivían en esa zona. Hay  allí pocos niños. En realidad son treinta. De ahí parte del título. En ellos detectaba aquella mirada que yo hubiera podido tener en mi infancia, esa visión familiar. Cuando vi a Alba y nos conocimos en el colegio del poeta Uxío Novoneyra, fue casi un amor a primera vista. Tenía un misterio en sus ojos que me hizo intuir que por ahí había muchas dudas e incertidumbres acerca de la vida y de la muerte. Y realmente fue así. Ella estaba en ese mismo impasse, haciéndose adulta mientras intentaba entender el mundo que la rodeaba.

Qué casualidad.

Creo mucho en las casualidades que, en el fondo, no son nada casuales. Si observas con atención, puede que lo que estés buscando lo tengas delante de ti. La vida te lo pone delante. Imanes que magnetizados de la forma correcta hacen que nos acercamos.

Lo que no me ha quedado claro si tú provienes de O Curiel y de la zona que aparece en Trinta lumes.

No. Mi familia viene del extremo opuesto de Galicia.

Y esto es Lugo.

Exacto. Yo soy de Pontevedra, de la costa. Más o menos yo conocía casi toda Galicia, pero la zona de O Courel y Ancares, un poco más montañosa y a la que es difícil llegar, la que menos. Pasaron dos cosas. Descubrí un tiempo antes la obra poética de Uxío Novoneyra, que era justo de allí, sobre todo en un libro, Ou seidos, una de sus obras más significativas, donde dejaba entrever un universo dentro de O Courel. Había algo en la escritura, el empleo del lenguaje, la descripción de los paisajes y de los personajes que me fascinó. Y luego, justo, a una de mis mejores amigas la destinaron a ese colegio y me fui de cabeza a la semana siguiente. Nada más llegar me di cuenta que ese era el lugar que yo estaba buscando para un proyecto. Había varios elementos clave. Por un lado, la mezcla de tiempos. Había un pasado muy latente en el presente. Y un presente que se está abriendo completamente a la modernidad. O sea, que no es un espacio rural aislado, sino que está en sintonía con lo contemporáneo. Muchas tradiciones y formas de hacer, rituales incluso, se preservan de una forma muy viva y atávica. Por otro lado, los de allí tienen, como en muchas zonas de Galicia, una concepción del tiempo que no es lineal. Para ellos sí hay una cronología, pero en el fondo sienten que el presente, el pasado y el futuro pueden estar ocurriendo ahora. De ahí toda esa concepción de la muerte y los muertos como un estado siempre presente.

El otro tema, la otra pata importantísima, era la concepción de la muerte como un espacio de transición. Donde todo cambia, pero todo puede seguir igual. Lo visible se hace invisible, pero sigue invisible.

Rodaje de Trinta lumes

Vistos desde fuera, para alguien que no es de allí, todos estos asuntos tan gallegos sobre la muerte y el paso del tiempo, parecen estar omnipresentes, incluso demasiado. ¿Hay algún aspecto más que haya quedado fuera de tu película? O dicho de otra manera, ¿te has centrado en todo esto a sabiendas de que no tocabas otros temas?

Una de las experiencias que me ha dado montar largos con muchos directores y directoras, ha sido el proceso de depuración. Las mejores películas casi son aquellas que están contando una idea, una emoción o una sensación. Analizando mucho las estructuras dramáticas o emocionales de cine, pues al final vi que yo también tenía que hacer un proceso de depuración. Aun así hay muchos elementos que un gallego cuando ve la película detecta mil pequeñas historias o tramas.

Que igual el no gallego no percibe.

Sí, pero esa es la magia de las películas que partiendo de lo local llegan a ser universales. En lo universal está el mensaje. En lo local hay más capas. Intenté depurar al máximo la película para dejar un par de ideas o una trama más o menos principal. Dentro de esa sencillez quería se pudieran abrir una serie de miniuniversos o microcosmos dentro de cada secuencia. Y así tú puedes un poco vivir esos paisajes y sus personajes como pequeñas películas. Partiendo de ahí, y tal vez me voy a otro tema, la metodología que seguimos en montaje era buscar la experiencia sensorial que ya traíamos de rodaje.

Se da una confluencia de formas expresivas diferentes. Hay una parte observacional, otra con una pulsión sensorial que establece una comunión con la naturaleza, algunas notas abiertamente fantásticas…

Sí, sí, totalmente. La elección de plantear la película desde varias perspectivas estilísticas y formales era una de las apuestas más arriesgadas. También quería traer lo que vemos como tan natural en la vida y en el cine no tanto, porque las estructuras narrativas clásicas parecen imperantes y únicas. He intentado que lo natural y lo realista conviva con lo fantástico y lo mítico. Era uno de los diálogos que yo quería establecer. Se puede trabajar una situación desde lo etnográfico o desde lo puramente observacional para, desde ahí, saltar a elementos de mayor misterio o, incluso, podríamos decir, de cierto género.

Me ha gustado mucho cómo planteas la desaparición de Alba, el modo en qué está rodada, casi al final de la cinta. La casa donde se cuelan los dos chavales, la ausencia de los antiguos moradores, la maleta con objetos personales, el cuarto de baño, cuando sala fuera de plano… Es un muy buen ejemplo de lo que has dicho ahora respecto de conjugación de una idea con elementos casi de género cinematográfico.

Uy, qué bien.

Bueno, esta parte la quitaré en la entrevista para no revelarle la historia al futuro espectador que la esté leyendo.

No, podemos comentarlo porque la película también empieza por ahí.

Es verdad, tienes razón.

De hecho es un ejemplo clave. ¿Cómo empezamos para que esta historia se enmarque en un lugar? Me di cuenta de que tenía que ser con esa desaparición. Partir del punto cero de la película con algo que desaparece, bien sea Alba, bien nuestras raíces y tradiciones. O nuestro presente o el mundo que conocemos. ¿Qué ocurre a partir de ahí? Una de las ideas que me obsesionan bastante, esto ya es a un nivel personal, es la ausencia. Cuando algo desaparece, ¿qué ausencia genera? Y la ausencia también puede trabajarse desde lo cinematográfico. Es algo además muy presente en el mundo gallego, con todo un pasado de emigración. Incluso hoy día, la poca gente que queda en el rural.

Es clave que la película arranque y se cierre de la misma forma. Una estructura que ha sido súper utilizada, en cierta medida clásica. Pero que el tiempo está pasando ahora y a la vez es circular, al igual que las estaciones o los días, es algo que acabó impregnándose en la estructura.

Rodaje de Trinta lumes

Mientras veía Trinta lumes, me pregunté si tú habías sido también la operadora, principalmente en las partes, digamos, observacionales. Es fundamental en esa modalidad la maña de quien maneja la cámara. Después, leyendo los créditos, comprobé que la operadora fue Lara Vilanova. Supongo que debe existir una relación creativa muy fluida entre ambas.

A mí me encanta trabajar con ella. Somos muy amigas. Estudiamos juntas en la ESCAC y hemos tenido siempre una relación muy estrecha. Lara al principio no entendía casi nada del gallego y para mí eso fue un elemento muy a favor, porque ella tenía que ejercitar su capacidad de visión y conexión respecto a lo que sucedía más allá de la palabra. En un trabajo como este el operador tiene que ser alguien con quien estés muy conectado, porque muchas situaciones tú no las puedes preparar de antemano ni prever nada de lo que va a ocurrir. Y tu película se conforma de aquello que el operador consigue capturar. Cada noche, cuando volvíamos a casa, visionábamos el material que habíamos grabado ese día, lo comentábamos. Y eso ayudó a conseguir una mirada muy concreta.

También fue importante que, durante aquellos dos años de investigación y de estar allí, esas personas me viesen como alguien más del pueblo, no como alguien externo que venía a grabar en momentos concretos, sin tener una relación real con ellos. Si no creas esos vínculos fuera de las imágenes, dentro no van existir. O es difícil que existan.

Y te tengo que hacer una pregunta casi obligatoria. En este viaje personal para intentar desentrañar el misterio que la rodea, Alba alcanza un estado de percepción concreto y un conocimiento. Termina traspasando un límite. ¿Y Diana? ¿También ha encontrado respuestas satisfactorias? Cinematográficamente hablando, ¿continuará su indagación por estas sendas?

Buena pregunta, buena pregunta. Me encantaría. Al final, cuando entras en ciertos temas, porque los tienes dentro y emergen de manera natural, seguramente eso es a lo que quieres dar respuesta. El acercamiento a lo misterioso y lo desconocido siento que va a estar. Con mi siguiente proyecto, que ya está rodado en parte,  me he embarcado con mi padre en un barco de pesca, en el sur de argentina, la Patagonia. Literalmente porque es capitán de barco. Un poco quiero descubrir el misterio de esos hombres que se pasan meses en el mar, fuera de la tierra, de sus vidas reales y cotidianas. Ver cómo se crea un mundo fascinante, el del mar.



 

Lentes y formato panorámico: algunas decisiones técnicas

Queríamos una cámara ligera con la que nos pudiéramos mover muy fácilmente y sin complicaciones técnicas. Cuando supimos que Alba sería la protagonista y que la cámara iba a tener una entidad, una presencia con gran subjetividad, quisimos enfatizar la deformación de la visión natural, arriesgar e irnos a esos grandes angulares. Pensamos también que el formato podía ser interesante por el vínculo entre la persona, la figura y el fondo. Los personajes no están conformados únicamente por lo que son, sino también por el espacio y el contexto que los rodea. Pensamos que el 2: 35 nos iba a permitir hacer un primer plano cerrado y captar la horizontalidad del paisaje, pues aun siendo un lugar muy montañoso nos interesaba dar la sensación de magnitud.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .