El cine como ensoñación escapista


Hay una idea estimulante en el seno de Historias de dos que soñaron. En ella el cine se expone como elemento redentor, que otorga piedad ante la dura realidad, y que es capaz de transformar lo cotidiano en una aventura sólo posible en los terrenos de la ficción. La cinta aborda la vida de una familia de refugiados húngaro-romaníes en un edificio marginal de Toronto. Los responsables del film, Andrea Bussmann y Nicolás Pereda, se introducen en un hogar que se define por la precariedad económica y la marginación social, y lo hacen para que la magia del cine traspase dicho contexto desde el respeto, sin trivializarlo. La premisa del film es la de convertir en imágenes un guion que los padres de esta familia han escrito, y que trata sobre un niño que un día se despierta con un pico de pájaro -esa es la principal de una serie de historias que estos personajes relatan a lo largo del metraje-. De esta manera, lo fantasioso de la historia encuentra su vía de expresión en el cine, donde sí podrá hacerse realidad. A diferencia de la crudeza en la que vive la familia, en el séptimo arte hay cabida para la luz, para la esperanza y, por qué no, para lo insólito.

Esta quizás haya sido la premisa que impulsó el inicio del proyecto, pero no es el verdadero argumento de la obra. En Historias de dos que soñaron se insinúa dicho rodaje, pero nunca se sabrá si la historia se llegó a filmar. Lo que se muestra en el film es, precisamente, la preparación, la antesala. Los directores filman la cotidianidad de esta familia, sus tiempos muertos, las revisiones del guion, los juegos de los niños. No se sabe si era el objetivo desde el principio o si se cambió de rumbo a mitad de camino, pero lo que está claro es que los autores han sabido encontrar un sentido a la filmación de cada momento. Con un blanco y negro granulado, la obra transmite una decadencia que es a la vez moral y física. La familia, como todas las demás que todavía resisten en el edificio, a duras penas sobrevive con lo que tiene, y lo hace a la espera de asentarse e integrarse en este país del Primer Mundo, y de encontrar su propia historia de ensueño.

El juego de trivialidad que sucede en las esquinas mugrientas de una sociedad que luce impoluta, el retrato del edificio en el que viven como un mastodonte decadente que podría ser el escenario de cualquier película de la etapa inicial de David Cronenberg, los contrastes entre realidad y sueño…Todos los elementos que componen Historias de dos que soñaron son tan claros como coherentes entre sí. Con sencilla honestidad, los autores saben lo que quieren narrar y cómo hacerlo. Lo que no parecen es estar seguros sobre cómo continuar, una vez que han puesto todas las cartas sobre la mesa. A una exposición clara y concisa le sigue un desarrollo que se limita a reiterar todos esos conceptos que ya habían quedado fijados al principio. Ante la incapacidad para que el proyecto evolucione, la cinta se sitúa como un trabajo compacto, sin fisuras, pero incapaz de arriesgar más allá de su sugerente propuesta inicial.


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HISTORIAS DE DOS QUE SOÑARON 

Dirección: Andrea Bussmann y Nicolás Pereda.

Género: Drama. Documental. México, Canadá, 2016.

Duración: 82 minutos.

 


 

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