Una espiral de deseo y dolor

Santiago Alonso 


Aun tratándose de una historia que transcurre sin pausas, el abrumador drama danés Reina de corazones consta de dos partes bien diferenciadas, y ambas son excelentes. Para un narrador suele ser bastante complejo reflejar con justeza y efecto de veracidad los procesos que experimenta un personaje, concretamente desde la intimidad y su correspondiente exteriorización. Entre ellos, está el proceso del deseo erótico; más todavía cuando le acompañan implicaciones peliagudas. Cómo se manifiesta en sus primeros momentos, cómo crece, cómo empieza a minar el autocontrol, cómo agita ciertos equilibrios, cómo conduce hacia aguas pantanosas (si interfiere en la tranquilidad del individuo o de quienes lo acompañan), cómo puede generar un sentimiento de culpa cada vez más insostenible, cómo acaba arrastrando a situaciones límite… La directora May el-Toukhy y su coguionista Maren Louise Käehne han sabido plasmar todo esto con intensidad y mano maestra durante la primera parte de la cinta, mediante un modo de proceder que ya adelanta el plano con el que da comienzo la misma: una cámara que avanza entre los largos troncos de un bosque dando vueltas en espiral. Así, con los giros en torno al conflicto, acercándose poco a poco al deseo que quema, se construye el relato sobre la atracción que siente hacia su joven hijastro una brillante abogada con vida doméstica felizmente estable.

A partir de ahí, una vez consumado el proceso y fijado todo lo referente al universo de la ficción, las cineastas toman su última gran decisión al dejar el resto en manos de Trine Dyrholm (Celebración, En un mundo mejor). Esta formidable actriz había asumido el control de su personaje desde el minuto uno y ahora también el del tono de Reina de corazones, justo cuando los hechos empiezan a desbocarse y cobrar tintes lacerantes. Dyrholm trasmite una gama de sentimientos que dejan traslucir conjuntamente el ardor, la firmeza, el dolor, la necesidad de llevar las riendas y la impotencia de quien debe lidiar con situaciones que nunca habría imaginado para que no se vuelvan irreversibles. Al final, el trío creativo (la actriz, la directora y la guionista) compone una de las malvadas con mayor enjundia vistas recientemente. Contribuye a ello la profundidad del análisis psicológico —¡qué idea más certera y terrible a la vez que la abogada recurra a sus conocimientos derivados como experta en defender a jóvenes víctimas de abuso!—, pero sobre todo un hecho: es fácil que, en mayor o menor medida, la platea pueda llegar a identificarse con esta figura, porque mucha gente ha debido afrontar alguna vez las consecuencias de sus actos intentando salvaguardar su seguridad personal y la de otras personas cercanas.



 

REINA DE CORAZONES

Dirección: May el-Toukhy.

Intérpretes: Trine Dyrholm, Gustav Lindh, Magnus Krepper.

Género: drama. Dinamarca, Suecia, 2019.

Duración: 127 minutos.

 


 

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