La vida al descubierto

Anaís Berdié


Cuenta Susanne Bier que, cuando se sienta para iniciar un proyecto con Jensen, el guionista de gran parte de sus películas, casi siempre tienen la intención de escribir una comedia. La mayor parte de las veces, el resultado es un drama es tan intenso que apenas podrán sonreír en la media hora posterior a su visionado. Pero no se alarmen: lidiar con los imprevistos es parte importante de la filosofía de las películas de Bier.

Que nadie espere pues una propuesta ligera en la trilogía que empezamos hoy. Las películas de esta directora danesa, la tercera en la Historia en conseguir un Óscar para su país, abrazan abiertamente el melodrama, es más, se revuelcan en él sin reparos, pero con una crudeza y un realismo que alcanzan cotas difíciles de ver en el cine.

Parte de la generación de directores daneses que (re)situaron el cine de su país en el mapa internacional con el movimiento Dogma (Trier, Vinterberg, Scherfig), Susanne Bier solo se acogió a las normas del colectivo en Te quiero para siempre, la película que la daría a conocer fuera de casa. La historia de una pareja de jóvenes enamorados (Nikolaj Lie Kaas y Sonja Richter) cuya relación se verá afectada por un accidente de coche que le deja a él tetrapléjico. Ni recurrir al “te quiero para siempre” ni las canciones pop que suenan en su reproductor de música facilitarán las cosas a la protagonista que, en su desesperación, se cruza, física y sentimentalmente, con el marido de la conductora que causó la desgracia (Mads Mikkelsen).

El descarnado realismo impuesto por el movimiento Dogma encaja a la perfección con esta historia, elevándola por encima de la película que podría haber sido de haberse rodado con un tono, si quieren, más cinematográfico. Una película tal vez imposible de digerir.

Vidas que se cruzan accidentalmente, imprevistos dramáticos y personajes dispuestos a tomar decisiones morales tan acertadas como equivocadas, tan poco cinematográficas en muchas ocasiones como extremadamente reales, forman parte de los ingredientes del cine de Bier. El uso de insertos de cámara doméstica utilizados para reproducir los anhelos de los protagonistas es aquí todo un hallazgo narrativo de la directora, que no suele contentarse con la sucesión de planos al modo canónico.

En Te quiero para siempre asistimos también a la construcción de uno de los primeros grandes papeles de Mads Mikkelsen, que repetirá con Bier en Después de la boda (la siguiente parada en nuestra trilogía nórdica). Un actor muy capaz de recorrer en dos horas la distancia entre el marido protector, el amante solícito y el hombre perdido entre las consecuencias de sus propios actos.

Fascina la capacidad de Bier de recrear con sus actores escenas de una intimidad arrolladora (una despedida romántica en el coche, un flirteo desvergonzado en una tienda de colchones, una ruptura). Y quizá por eso resulten hipnóticos sus melodramas, que se abren al abismo de los sentimientos de una forma cruda y veraz, sin exigir explicaciones ni limitarse a seguir la lógica del causa-efecto. Porque, como en la vida, en sus películas las cosas simplemente pasan. Y hay que estar preparado para decidir cómo afrontarlas.


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te-quiero-para-siempre-1TE QUIERO PARA SIEMPRE (Elsker dig for evigt)

Dirección: Susanne Bier.

Guión: Anders Thomas Jensen.

Intérpretes: Mads Mikkelsen, Sonja Richter, Nikolaj Lie Kaas, Paprika Steen, Stine Bjerregaard, Birthe Neumann, Niels Olsen.

Género: Drama. Dinamarca, 2002.

Duración: 113 minutos.

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