Irene Bullock


Uno de los periodos más emblemáticos de la historia del cine es el de la transición entre el mudo y el sonoro. El pistoletazo de salida lo dio la Warner en 1927 con el estreno de El cantor de Jazz. Supuso un cambio tecnológico revolucionario para la industria e influyó en todos los estudios. Como todo cambio, resultó una oportunidad para muchos profesionales, pero provocó el ocaso para otros. Por ejemplo, hubo actores particularmente dotados para el cine mudo que no consiguieron, sin embargo, adaptarse a las particularidades del sonoro, y viceversa. Desaparecieron trabajadores habituales, como los pianistas o narradores en salas de cine, y se necesitaron nuevos profesionales para aspectos relacionados con el sonido. El cine hablado planteaba un problema a la hora de exportar las películas a otras partes del mundo: el idioma. Así que primero se acometieron dobles versiones de cada uno de los largometrajes para cada país, lo que supuso que los estudios aumentaran la plantilla y buscaran personal especializado en distintas partes del mundo (actores de distintos países, guionistas y traductores…), hasta que pronto se fueron perfeccionando los doblajes o los subtítulos.

Pues bien, este momento revolucionario y clave en Hollywood sirve de argumento para uno de los musicales más vitales de la historia del género: Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, EE.UU, 1952) de Stanley Donen y Gene Kelly. Una película que genera felicidad y alegría en cada nuevo visionado, pero que refleja, sin embargo, un instante crítico para muchas de las personas que dedicaban su vida al cine.

La historia se centra en dos supervivientes y pioneros del séptimo arte,  que además son amigos desde la infancia: Don Lockwood (Gene Kelly) y Cosmo Brown (Donald O’Connor). Del mundo de las variedades dan el salto a Hollywood, empezando por el escalafón más bajo. Uno llega a ser el galán principal del estudio, y el otro, el pianista de acompañamiento de los rodajes. Don Lockwood es un peso seguro en el estudio gracias a sus largometrajes junto a la estrella femenina del estudio, Lina Lamont (Jean Hagen), con la que no se lleva nada bien. Los dos son ídolos para los espectadores y alimentan las noticias de diversas revistas de cine. Sin embargo, dos cosas trastornan la vida de Don: conocer a una aspirante a actriz, con dotes de bailarina y cantante, Kathy Selden (Debbie Reynolds), y la aparición del cine hablado, que en un principio es una amenaza para su carrera.

La fórmula del éxito: un trío mágico

Muchos fueron los implicados en Cantando bajo la lluvia, pero tres profesionales fueron fundamentales para que este musical se convirtiera en un clásico: el productor y letrista Arthur Freed, el director de cine Stanley Donen y el bailarín y actor Gene Kelly. La idea de la película nació de Freed, que estaba al frente de una unidad especial de películas musicales en la Metro Goldwyn Mayer, con éxitos como El mago de Oz (1939), Cita en San Luis (1944), Un americano en París (1951) o Gigi (1958). Lo que quería era un musical que reuniera un repertorio de buenas y famosas canciones compuestas por Nacio Herb Brown y él durante sus años como dúo profesional. Para encontrar el argumento que uniera la cadena de canciones preexistentes, contó con dos buenos guionistas, responsables de otros éxitos de este área de musicales de la Metro: Betty Comden y Adolph Green. Algunas de las piezas, muy populares, se habían podido escuchar en los primeros musicales sonoros. La lista de elegidas, las compusieron Freed y Brown entre 1928 y 1939. Aprovechando todo esto, los guionistas decidieron ambientar la película en el periodo de transición del mudo al sonoro, época que, por otra parte, conocía muy bien Adolph Green, que en algún momento trabajó en lo mismo que el personaje Cosmo Brown, pianista de rodajes. Posteriormente, esta manera de crear un musical, con canciones populares ya existentes, ha sido una fórmula mágica que siempre ha funcionado: no hay más que recordar Moulin Rouge (2001) de Baz Luhrmann, El otro lado de la cama (2002) de Emilio Martínez-Lázaro o Across the Universe (2007) de Julie Taymor (con canciones solo de los Beatles).

Después se unieron al rodaje Stanley Donen y Gene Kelly. Los dos habían formado un tándem profesional interesante y habían revolucionado el género con Un día en Nueva York en 1949, pues sacaron a los bailarines y cantantes de los platós y de los decorados para danzar y cantar en exteriores, en plena ciudad. Las canciones, que formaban parte del argumento y del estado de ánimo de los personajes, se creaban para una historia determinada. Así que los dos sabían que se complementaban bien profesionalmente y que podían aportar su arte para que esta obra cinematográfica  mereciese la pena.

De modo que, con este trío a la cabeza, buenos profesionales del género y un reparto en estado de gracia, Cantado bajo la lluvia se convirtió no solo en uno de los musicales más populares de Hollywood, sino en un canto a la felicidad y un homenaje de amor al mundo del cine.

Banda sonora de la vida

Hay tres piezas que marcan la peculiaridad y popularidad de esta película. La canción que da título a la película,  «Singin’ in the Rain», fue compuesta en 1929, y apareció en uno de los primeros musicales sonoros, The Hollywood Revue of 1929. En la producción que nos ocupa aparece  en un momento de extrema sencillez, cuando un hombre bajo la lluvia, Don, chapotea en los charcos, y expresa su alegría por estar enamorado y ser correspondido. Gene Kelly, acompañado de su paraguas, ejecuta su danza de la felicidad, convertida hoy en todo un clásico. De hecho, está tan presente en el imaginario popular que Stanley Kubrick la empleó con excelentes resultados en La naranja mecánica (1971): Alex DeLarge la entona en un momento de explosión de violencia.

Otra joya es «Make ‘Em Laugh», que suena durante el momento estrella de Donald O’Connor, donde el actor demostró que podía hacer mucho más que hablar con la mula Francis (una serie de películas que le hicieron famoso, donde era un joven que conversaba con una mula parlanchina que le metía en líos diversos). No solo es un número divertido, sino todo un homenaje al cine cómico mudo. Con sus gestos, sus movimientos y la fusión con el decorado, O’Connor logra geniales gags visuales. La canción la crearon especialmente Arthur Freed y Nacio Herb Brown para esta película, pero está totalmente inspirada (prácticamente es una copia) en un clásico de Cole Porter, «Be a Clown», que fue interpretada por Judy Garland y Gene Kelly en la fantástica El pirata (1948).

Por último, el buen rollo y la vitalidad son las protagonistas de «Good Morning», canción que entonan Don, Kathy y Cosmo para augurar un buen día y celebrar una buena idea que puede remontar la carrera de Don. La compusieron Freed y Brown para Los hijos de la farándula (1939), popular musical de Judy Garland y Mickey Rooney. «Good Morning» se ha convertido en un himno del optimismo.

Puro cine

Uno de los valores de Cantando bajo la lluvia es que es un documento impagable de este periodo de transición y de cómo se vivía el cine en aquellos años. La cuidada construcción «arqueológica» para recrear exactamente esta época deja momentos de gran interés. La película comienza y termina con unos estrenos por todo lo alto, que simbolizan un momento concreto: el primero refleja el éxito, la excelencia y el glamur que había alcanzado el cine mudo en 1927, y  el segundo augura el fulgurante asentamiento del cine hablado.

Delante de un micrófono, Don Lockwood pone de manifiesto cómo los estudios controlaban la publicidad que se transmitía de sus estrellas. Por un lado, él cuenta la historia de su vida y del camino hacia el éxito como un relato elegante, amable y digno, de cuento de hadas, sin grandes dificultades. Pero en paralelo se nos muestra la verdad: la vida de supervivientes de Don y Cosmo, el itinerario duro de dos cómicos que intentan ganarse el sustento, cómo empiezan en el cine desde lo más bajo y el esfuerzo que supone para Don conseguir su primer papel como estrella junto a una antipática Lina Lamont.

Por otra parte, la cinta pone de manifiesto cómo se recibió en un principio el cine hablado. En la fiesta después del estreno del último éxito mudo de Don y Lina (aunque ellos no lo saben todavía), el productor pone una proyección de una prueba de cine hablado. Y es recibida con gran escepticismo por todos los presentes, aunque se anuncia que pronto se estrenará El cantor de Jazz. Al poco tiempo, el estudio entra en pánico, pues esta última película es un éxito y el público demanda cine sonoro. De modo, que se reciclan rápido y la siguiente película de Don y Lina quieren  que sea hablada. El resultado es catastrófico: el rodaje con los micrófonos tiene momentos hilarantes y el primer preestreno es un auténtico desastre. Pero pronto todos se ponen las pilas y empiezan a innovar y a buscar las posibilidades que ofrece esta nueva etapa del séptimo arte: deciden transformar la película que iba camino al fracaso absoluto en un musical brillante y original.

Por último, Lina Lamont sufre un problema que afectó a alguno de los actores de la época: no solo está estancada en la manera de actuar en el cine mudo (más gestual), sino que además no posee una voz en absoluto agraciada. El paso al sonoro no va a catapultarla de nuevo al éxito: se huele la tragedia y la caída. De hecho, precisamente tiene que doblarla Kathy. A esta última, sin embargo, el sonoro le ofrece la puerta de entrada a una carrera con futuro.

También hay un momento donde es evidente la magia del cine tal cual. En una de las declaraciones de amor más bonitas de la historia de los musicales. Don no sabe cómo expresarle a Kathy lo especial que es para él, así que la lleva a un gran plató vacío: empieza a manipular las luces, crea un fondo de un atardecer, enciende un aparato que crea la sensación de la niebla, sube a la chica a unas escaleras y enciende un gran ventilador. Envuelve a Kathy en un mundo de ensueño y canta «You Were Meant For Me». Del plató vacío, surge en cuestión de segundos el lugar adecuado para celebrar el amor.

 Secretos de rodaje

Cantando bajo la lluvia es de esas producciones de las que se puede escribir mil y una cosas, y siempre descubrir aspectos nuevos. Atesora curiosidades de rodaje que merece la pena recuperar como que es la oportunidad de ver a Rita Moreno (que habría de triunfar como Anita en West Side Story) en uno de sus primeros papeles, como una de las flapper del estudio, a lo Clara Bow.

La película también supuso una oportunidad de oro para una de las bailarinas más brillantes de la unidad de Arthur Freed: Cyd Charisse. Está presente en el número musical más elaborado y largo del largometraje: «Broadway Melody».  Precisamente es el que Don explica a su productor y que será el momento especial de la película sonora que están realizando. Charisse muestra no solo sus dotes como bailarina, elegante y sensual, sino también su presencia en pantalla y sus cualidades como actriz. «Broadway Melody» cuenta la historia de un joven inocente que quiere triunfar bailando en Broadway, pero en su camino se cruza una mujer fatal de la que se enamora.

Por último, otra curiosidad maravillosa que enseña los entresijos y contradicciones del cine: Debbie Reynolds, inolvidable como Kathy Selden, tuvo que ser doblada; no solo no era ella la que cantaba, sino que además, en las secuencias en las que tenía que doblar en la ficción a Lina Lamont, quien prestaba la voz a la Reynolds… ¡era precisamente Jean Hagen, la gran actriz secundaria que ponía rostro a Lina!

Por todo esto y mucho más, Cantando bajo la lluvia es el musical por excelencia y un canto a la alegría de vivir, pero además refleja a la perfección uno de los periodos más fascinantes y complejos de la historia del cine.


Puedes ver CANTANDO BAJO LA LLUVIA en estas plataformas



 

8 Comentarios »

  1. Hola Irene
    Desde luego peliculón, peliculón pero, a veces, el exceso de salud también mata:
    -La leyenda reza que cuando Gene Kelly realizó su famosa escena tenía principio de constipado y se temió seriamente por su salud.
    -Cuando Donald realizó su famosa escena, según cuentan una improvisación, hubo un problema con la lente de la cámara y tuvo que repetirse; tres días después se grabó otra vez, y acabó en un hospital recuperándose.
    Un saludo, Manuel.
    PD. Aunque sea de refilón; hoy cumple noventa años la espléndida Leslie «Gigi» Caron. ¡Tchin, chin por ella!

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  2. Manuel, sí, es de esas películas que te persiguen para siempre una vez que las ves, ¿verdad?
    El anecdotario alrededor de Cantando bajo la lluvia es infinito, qué bueno las que compartes con nosotros.
    Lo curioso, por lo menos me pasa a mí, es que cada vez que la veo, la disfruto como la primera vez.
    ¡¡¡Leslie Caron atesora un montón de buenos títulos!!! No sabía que era su cumpleaños. Gigi es uno de ellos. Un brindis de champán.

    Con cariño
    Irene Bullock

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  3. Bienvenida, Maria Jesús
    Muchísimas gracias por tu comentario.
    Sí, tienes razón, Cantando bajo la lluvia es de esas que no olvidas.
    Siempre está bien entonar cada día un «Good Morning» cargado de energía y baile. Es una magnífico momento que nos deja esta película.
    Me encanta su vitalidad.

    Con cariño
    Irene Bullock

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  4. ¡Ay! Este texto me cae como un regalo, no sé si te habrá contado Hildy sobre mi amor sin límites por esta película. Qué bien desgranas cada motivo por el cual seguimos volviendo a ella, a casi 70 años de su estreno. Es simplemente genial, la mayor celebración de la vida que existe, como dijo Leonard Bernstein tras verla (o dicen qué dijo, en todo caso, coincido con él).-
    Muchas de mis escenas favoritas aparecen en tu texto en palabra y en fotograma, en especial esa declaración de amor en tonos púrpuras y la presencia inolvidable de Cyd Charisse, que tuvo un antes y un después en su carrera cuando apareció con su vestido verde y su cabello a lo Louise Brooks. Y por supuesto ese baile maravilloso y «espontáneo» bajo la lluvia que contiene mi movimiento de cámara favorito en todo el cine musical (y probablemente en todo el cine en general): esa grúa que se eleva cuando Don da vueltas usando su paraguas como vela mientras la música se vuelve enorme. Es la más perfecta combinación de música, coreografía y movimiento de cámara que recuerdo, todo coordinado al unísono en una explosión de vitalidad contagiosa. Es imposible no sentirse feliz viendo esta película; es una de mis películas-remedio. Hmm, creo que bien podría darle una miradita este fin de semana…
    Te mando un beso enorme desde el pedestal de un farol, Bet.-
    PD: Una de mis anécdotas favoritas sobre el rodaje de esta película es aquella que cuenta que la primera vez que intentaron filmar el baile bajo la lluvia, no salía suficiente agua porque todos los vecinos del estudio estaban regando sus jardines. Me imagino la reacción de Gene Kelly, con lo perfeccionista que era mi amado, al ver una llovizna de lástima en lugar de un diluvio. Otra anécdota que me divierte mucho sobre la misma escena es que el traje de Kelly se iba achicando con el capuzón, porque era de lana, y parece que tuvieron que volver a filmar algunas partes a causa de ello. Qué maravilla esta película, se podría hablar toda la vida sobre ella.-
    Más besos, Bet.-

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  5. Mi amiga Bet, ¡¡¡¡mil perdones por no haberte contestado antes!!!
    No me extraña que tengas un amor sin límites hacia esta película. Sí, Hildy siempre me habla de ti. Las dos hablamos de ti y siempre cosas lindas.
    Como dices se podría hablar de Cantando bajo la lluvia toda la vida y además siempre que se ve, da la sensación de que es la primera vez. Produce el mismo gozo, ¿verdad?
    La aparición de Cyd Charisse es impactante e inolvidable.
    ¡Efectivamente, es una celebración de la vida!
    Gooood Mornnningggg… y un poquito de claqué.

    Con cariño
    Irene Bullock

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    • Jaja, tu «Gooood Mornnningggg» me ha hecho recordar a mi hermana. Durante unas vacaciones en las que compartimos el cuarto, mi despertador en las mañanas era esa canción. Y como siempre, la alarma sonaba y sonaba durante una hora sin que yo me despertara, así que mi hermana recordará para siempre esa canción que debía escuchar indefinidamente cada mañana mientras yo seguía a pata suelta. Siempre me canta «Goog morning, gooood mooorning» y nos reímos recordando ese viaje 😂😂. Más besos Bet.-
      PD: En pleno descubrimiento de los musicales soñé con comprarme unos zapatos y aprender unos pasos de tap… claro que eso nunca sucedió jaja.-

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