La vida en la reserva

Santiago Alonso 


La publicación en 2012 de Kuessipan, una novela con cierta repercusión internacional en el ámbito de la literatura francófona, sirvió para recordar dentro y fuera de Canadá que existen «otros» canadienses. En este caso hablamos de los innu, una tribu algonquina cuya población total se acerca a las 20.000 personas, repartidas entre Quebec y el Labrador. La autora, Naomi Fontaine, que nació en la reserva de Uashat, planteó el libro como un coro de voces que reunían imágenes y pensamientos sobre qué significa vivir en esa comunidad. El propósito era claro: reflejar la complejidad de una realidad que no siempre se ciñe a las ideas preconcebidas de que los nativos, por un lado, no encajan en el conjunto de una sociedad moderna y, por otro, están perdiendo sus raíces. Y ese es el mismo espíritu que persigue la adaptación cinematográfica de Myriam Verreault.

Consciente de que el espectador nunca ha visto a los habitantes de Uashat en una pantalla, la realizadora reorganiza junto con Fontaine el caudal de experiencias que recoge el libro aplicando una forma narrativa si se quiere convencional, pero que añade a su construcción unas imprescindibles descripciones para que los de fuera entendamos la vida en la reserva. Estas muestran cómo se une la tradición con los comportamientos modernos, aunque también reflejan los serios problemas que arrastra el lugar, un ejemplo de «nación doméstica» abocada en muchos aspectos a la marginalidad. Sin recurrir a técnicas documentales ni a lo que resulta, en ocasiones, clichés de mirada etnográfica, todo lo relativo a ese contexto se encaja sorprendentemente de manera muy veraz y natural en este relato sobre la amistad entre dos chicas jóvenes, una de ellas con el anhelo de salir y conocer mundo.

¿Qué futuro depara a una población cuyo día a día está condicionado por una delimitación espacial que funciona como barrera tanto física como mental? ¿Cómo afecta lo que no deja de ser un confinamiento a perpetuidad? ¿Es posible mantener un pie dentro y otro fuera? Todas estas preguntas subyacen en Kuessipan, un filme que habla sobre la libertad, la superación de prejuicios y la relación con la tierra una vez que se acepta que a la canallada histórica contra los indios solo pueden ponérsele parches reparadores. Las plantea una voz femenina que se propone pertenecer a dos universos porque los concibe como partes de un mismo camino hacia delante. Y una de las representaciones visuales que mejor expresan el conflicto interno de la protagonista lo encontramos en los abalorios utilizados por su madre para hacer artesanía: representan el pasado (con ellos están hechas las joyas que le dicen que debe ponerse) y el presente sin futuro (vender trabajos manuales es tal vez la única actividad económica a la que puede dedicarse una mujer de la reserva). Cuando la joven los tira al suelo en el momento de mayor tensión, da el paso simbólico que la va sacar de allí.


Puedes ver KUESSIPAN en Filmin


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