Santiago Alonso  / Yago Paris


Ya que los estrenos italianos llegan a nuestra cartelera a cuentagotas (una media de ¿diez películas al año?), es difícil hacerse una idea precisa del estado actual de una cinematografía que fue fundamental en la historia del séptimo arte. Por eso, citas como Mostra Viva L’Italia, que puede verse en la Filmin y presenta algunos títulos destacados de la cosecha fílmica de 2018 y 2019, son imprescindibles para comprobar la salud de una industria que, por desgracia, jamás llegó a recuperarse del todo tras la gran crisis sufrida durante los ochenta. ¿Qué hay de nuevo y de bueno? ¿Qué presente y futuro tienen tanto el cine de autor como el de género? Dos críticos de la Revista Insertos han visto las seis películas que están disponibles por tiempo limitado, dejando para un análisis posterior las que se incorporan al catálogo de la mencionada plataforma. Y he aquí sus impresiones.

 

 

Croce e delizia (Simone Godano, 2019)

Una vez aceptado lo lejísimos que se está de poder aplicar el término commedia all’italiana (la gloriosa manifestación cinematográfica de los años cincuenta y sesenta) al concepto «comedia italiana» (referido a películas de dicho género filmadas en las últimas cuatro décadas), solo queda comprobar qué inquietudes mueven a los autores e intérpretes contemporáneos del país de la bota, y cuáles son sus logros con independencia de que las gradaciones humorísticas pretendan o no reconocerse en una herencia sin parangón. Las inquietudes mostradas por los artífices de Croce e delizia van acordes con nuestro tiempo: exponen al público la normalización efectiva de las relaciones entre personas del mismo sexo en el seno de cualquier tipo de familia. En cuanto a las gradaciones humorísticas, lamentablemente, hay que decir que el director Simone Godano y su coguionista Giulia Louise Steigertwalt no imprimen frescura a una comicidad que, en ningún momento, presenta un sello distintivo, ni tampoco profundizan en los aspectos sociales y económicos inherentes al argumento. El logro, por tanto, es inapreciable.

Quedarse en la superficie cuando se habla sobre dos señores entrados en años (Fabrizio Bentivoglio y Alessandro Gassman), uno marchante de arte y otro pescadero, que sorprenden a sus respectivas familias con la noticia de su emparejamiento y próxima formalización de su amor en el registro civil, sumándole a esto el hecho de que el segundo paterfamilias siempre había sido hetero, aboca sin remedio a que Croce e delizia sea una propuesta nada interesante. Además, apenas se intenta hacer creíble a lo largo del metraje la atracción entre los protagonistas, una circunstancia que en ningún momento se percibe o se cuida desde el punto de vista de la escritura. Ante estos planteamientos tan bajo mínimos poco termina aportando la única subtrama sustanciosa: el acercamiento entre el pescadero y la solo en principio tolerante hija del otro señor (Jasmine Trinca). Difícil avivar así la incómoda llama de mejores tiempos cómicos.

Santiago Alonso

 

La mafia llega al paraís(Paradise – Una nuova vita, Davide del Degan, 2019)

En una aproximación autoconsciente al estereotipo italiano y al imaginario cinematográfico de las historias de la mafia siciliana, Davide del Degan las parodia desde el prisma de la comedia negra en La mafia llega al paraíso. La cinta narra la historia de Calogero (Vincenzo Nemolato), un vendedor ambulante de helados que entra en un programa de protección de testigos tras delatar al responsable de un ajuste de cuentas que tuvo lugar enfrente de su puesto. Para evitar que lo maten, el protagonista es enviado a un pueblo de montaña en la frontera entre Italia y Eslovenia, donde nadie lo podrá localizar. Pero como esto es una comedia, evidentemente lo encuentran, y no lo hace un mafioso cualquiera, sino el mismísimo sicario al que acusó.

Delgan, quien coescribe el guion junto con Andrea Magnani, no esconde las inverosimilitudes de la trama, que van más allá de este improbable encuentro. Los personajes secundarios son meras herramientas para generar situaciones que en muchos casos parecen no ir a ninguna parte. Da la impresión de que la propuesta daba para muchísimo más, pero cabe destacar el retrato de los dos tipos de masculinidad que representan ambos protagonistas, con inesperadas dobleces, y especialmente la mirada de terror petrificado que muestra Vincenzo Nemolato, una gozosa fuente de comicidad.

Yago Paris

 

El misterio de la mansión (Il nido, Roberto Feo, 2019)

Si en España, durante los ochenta, la ley Miró dio una puñalada mortal al cine de género (y, por ende, a toda la industria), en Italia empuñó el arma la invasión doméstica de las televisiones privadas o, siguiendo el término acuñado por Umberto Eco en aquellos años, la neotelevisione. Desde entonces, la producción transalpina de cine de terror se ha manifestado a niveles casi subterráneos, a veces lindando con lo amateur, o con las muestras de triste decadencia que perpetra Dario Argento. Por eso, llama mucho la atención saber que El misterio de la mansión ha recibido cierta atención por parte de la crítica italiana y no ha dejado salas vacías a su paso por la cartelera. Y la buenísima noticia, una vez vista la película, es que se comprenden las buenas opiniones que la preceden.

Roberto de Feo se muestra sabedor de que una sencilla historia de miedo donde priman la atmósfera y la inclusión muy medida de pocos elementos narrativos, aunque estén requetevistos, solo va a salir adelante entendiendo que puesta en escena no equivale a una mera sucesión de trucos y de imágenes inquietantes bien fotografiadas. En ese sentido, no importa que desde el minuto 5  la pantalla evidencie un revestimiento a lo ghost story en vertiente Los otros, que la referencia clave a El bosque de Shyamalan esté clarísima al cuarto de hora o que, a mitad de función, intuyamos qué baza se está jugando y cómo acabará todo. ¿Y por qué no importa? Porque, al igual que sucedía antaño con muchos productos copiotas al itálico modo, la película funciona por sí sola y se ajusta bien a la premisa temática. Entre otras virtudes, el director no pierde el pulso a la hora de crear una lenta cadencia entre lo elegante y lo misterioso, aparte de que sabe convertir las imponentes localizaciones (un parque natural y una mansión turineses) en dos personajes más en una historia sobre el deseo de proteger a quienes queremos cuando el mundo se va a pique. Asimismo dota de sentido al uso de la música: incluir la sorprendente versión al piano de Where is my mind? de los Pixies no es una simple ocurrencia, sino la clase de detalle que marca la diferencia y va construyendo una forma artística.

S. A.

 

Fiore gemello (Laura Luchetti, 2018)

Qué daño ha hecho al cine europeo que el concepto de cine de autor se haya convertido en una marca de estilo. Hablamos de un conjunto de lugares comunes de forma y fondo perfectamente imitables, que se utilizan para darle instantáneamente un porte de cine de prestigio a algunas cintas, lo que instantáneamente les abre las puertas del circuito de festivales. Este es el caso de Fiore gemello, la difícilmente comprensible ganadora del premio FIPRESCI Discovery en la edición de 2018 del festival de Toronto.

El filme está rodado con la solemnidad propia del drama, y aborda temas graves como el asesinato, el acoso sexual o la inmigración ilegal, pero nos engañaríamos si pensásemos que estamos ante un cine valioso simplemente porque se trata de una propuesta seria. Las imágenes de la directora, Laura Luchetti, nacen muertas y son  incapaces de emanciparse de los modelos que reproducen. Lo mismo sucede con los subtextos, reducidos a la superficialidad de mostrar la gravedad del asunto. Nada es creíble, no por inverosímil, sino por carente de autenticidad. Todo da lo mismo en una cinta rodada con profesionalidad, en lo que supone un muy problemático ejemplo de la idea perversa del «cine bien hecho».

Y.G.

 

Bellissime (Elisa Amoruso, 2019)

No es infrecuente que un documentalista se tope, durante el proceso de elaboración de su película, con una historia inesperada que redimensiona la idea inicial. Se percibe que le sucedió a Elisa Amoruso cuando filmaba Bellissime, como después ha confirmado la directora en alguna entrevista. Su intención era fijarse en tres hermanas que tuvieron éxito como modelos infantiles y ahora, rondando arriba y abajo los veinte años, no terminan de abrirse paso en la profesión o en  otros ámbitos donde la belleza física es la llave para entrar (un culebrón o un programa de telerrealidad). La cámara se acercó a la vida cotidiana de las chicas, pero apareció la determinante e ineludible figura de su excéntrica madre, una antigua miss de segunda división, con lo que la reflexión sobre el culto a las espléndidas apariencias externas cobró nuevos matices.

Ya cabía esperar que detrás de un relato sobre infancias afectadas por el condicionamiento del triunfo público había  una figura adulta. Lo que sucede es que aquí esa persona, aparte de evidenciar cómo su fijación por la profesión de modelo influye todavía de manera determinante en quienes no son ya unas niñas, se convierte en una protagonista más y acaba revelando hechos clave, como los maltratos sufridos a manos de su madre en el pasado. Así, Bellissime entreteje además una inesperada mirada a la maternidad y los territorios afectivos donde el amor, los errores y las obsesiones marcan para siempre a las familias. La inclusión de antiguos vídeos domésticos en los que salen las pequeñas funciona, entonces, con una elocuencia  que estremece. Con solo tres o cuatro años reproducen, bajo las órdenes de la mujer (que las entrevista como si se dedicaran ya a la moda), una conducta antinatural, pero hay un momento dolorosamente excepcional, y el único improvisado, cuando vemos a las cuatro bailando felices en una plaza.

S. A.

 

Un’Avventura (Marco Danieli, 2019)

A estas alturas del siglo XXI parece un milagro encontrar un musical que esté rodado a partir de un inteligente uso de la puesta en escena. Ejemplos de gran éxito como Chicago o Los miserables muestran el devenir de un género que ha involucionado hacia el uso intensivo del primer plano y la resolución de las escenas de coreografía mediante el montaje. Un’Avventura, el musical de Marco Danieli que construye una historia de amor en torno a las canciones de Lucio Battisti, no es un caso distinto. Pero también sería injusto no poner de manifiesto sus virtudes.

Para empezar, algunas de sus escenas musicales consiguen, por momentos, aportar alguna idea visual, como ocurre con la que transcurre en un local de tango o la que se desarrolla en una discoteca. Al mismo tiempo, aunque la narración es del todo estereotipada, la inverosimilitud y la exaltación de las emociones propias del musical permiten momentos de ruptura, donde la cinta se enfrenta al abismo de unas imágenes que se tambalean entre la gozosa locura y el estrepitoso ridículo. A pesar de la problemática aparición de ciertas ideas tóxicas en torno al amor romántico, a las relaciones de pareja y a la masculinidad, por último cabe destacar que, con todas sus limitaciones, lo cierto es que Un’Avventura se pasa en un suspiro.

Y.G.


Aquí puedes ver la MOSTRA VIVA L’ITALIA


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