Muchísimo más que un mito erótico

Santiago Alonso 


Llevamos toda la vida leyéndolo no solo en las historias del cine, sino también en obras divulgativas sobre sexualidad: la vienesa Hedy Lamarr (figurando todavía con su apellido real, Kiesler) protagonizó en la película checoslovaca Éxtasis (1933) un insólito desnudo integral y la que probablemente fuera la primera representación en pantalla de un orgasmo femenino. Dejando aparte lo sumamente interesante que, visto aún hoy día, resulta aquel melodrama erótico dirigido por Gustav Machatý, lo cierto es que el trabajo de la intérprete condicionó para siempre la percepción pública que se tuvo de ella. Ejercer de bellezón que quitaba el hipo a ambos lados de la sábana blanca pasó a ser una especie de seña de identidad inamovible durante su etapa estadounidense, iniciada en 1937 cuando Louis B. Mayer se la llevó a Hollywood. Y el resto parece un guion escrito con plantilla: encasillamiento perpetuo en papeles de exótica seductora, intentos poco exitosos de cambiar dicha dinámica, matrimonios fallidos y soledad, última película rodada a finales de los años cincuenta, reapariciones estrafalarias en televisión durante los sesenta, carne de cañón para la prensa amarilla, autorreclusión doméstica… Pero, ¿y si acaso había algo más que merecía contarse? En el caso de Lamarr, en realidad, no se trataba de tener que rascar mucho, porque los hechos estaban ahí y solo se necesitaba la voluntad de verlos, tal y como empezó a hacerse a partir de los años ochenta. Sí, en su biografía hay mucho más que merece contarse. Y admirarse

Para Bombshell: la historia de Hedy Lamarr, el retrato de una persona tremendamente inquieta que, más allá de ser una estrella de cine, pensaba y demostraba tener un verdadero afán científico por idear nuevos artilugios, Alexandra Dean ha contado con uno de esos hallazgos que, bien plasmados después, pueden marcar la diferencia entre plantearse un buen documental o un simple reportaje televisivo. Se trata de las viejas cintas con la entrevista telefónica que le hizo Flemming Meeks, un periodista de Forbes, a la artista en 1990 y que propició la primera iniciativa para conceder el reconocimiento a alguien cuya aportación en el desarrollo de las técnicas de la radiofrecuencia, concretamente la del espectro ensanchado por salto de frecuencia, fue fundamental. Para los legos, hablamos del descubrimiento que ha permitido varios adelantos científicos fundamentales y ahora muy comunes en la telecomunicación; el sistema wifi mismamente.

Escuchar parte del relato en la voz de la biografiada una mujer que quiso superar la idea, instalada en el imaginario colectivo, de que a la persona que encarna un mito erótico no se la puede asociar con el concepto de inteligencia y la voluntad de dar alas a un serio impulso indagador se antoja fundamental. Por eso mismo, la directora aprovecha las cintas de Meeks para proporcionar un excepcional hilo conductor al nutrido repertorio de imágenes, filmaciones y otros documentos gráficos que ha conseguido reunir.

Este trabajo parte de la firme voluntad de dar una idea cabal de quién y cómo era Lamarr, consiguiéndolo en gran medida, si bien se encuentra con una dificultad que a veces se solventa, pero otras nos hace pensar si el formato se queda corto. Y es que las aventuras, las desventuras y los proyectos de la actriz e inventora dan, increíblemente, para tres o cuatro películas. Se echan en falta, por ejemplo, comentarios razonados o simplemente descriptivos sobre su filmografía —¡qué papel el suyo en la fascinante La extraña mujer (1949) de Edgar G. Ulmer!—, mientras que cunde la impresión de que varios episodios vitales se han quedado fuera.

Asimismo, se da en Bombshell: la historia de Hedy Lamarr esa tendencia nada interesante, y que se estila en muchos documentales actuales, de incluir entrevistas a personas, conocidas o no, sin un vínculo particular con la historia narrada o que solo aportan generalidades al discurso. En el trabajo de Dean se riza un poco el rizo porque ni siquiera se incluyen letreros con los nombres de quienes y en calidad de qué hablan. Con todo, hay que decir que al menos hay un par de amplias intervenciones que, a la postre, constituyen un elemento de importancia pareja a las viejas cintas del periodista de Forbes. Son las de los hijos de Lamarr. Sus palabras confieren una emotividad especial al relato, sirven para no escamotear algunos aspectos muy poco positivos de la intérprete y, también debe decirse, contribuyen a la sensación de amargura que impregna la narración sobre una mujer velada por la historia y sus circunstancias. Dicha amargura, conviene decir por último, apenas remite con el homenaje reparador visto durante las escenas finales.


Puedes ver BOOMSHELL: LA HISTORIA DE HEDY LAMARR en Filmin

Puedes ver LA EXTRAÑA MUJER en Filmin

Puedes encontrar varias películas de Hedy Lamarr en Filmin



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