Irene Bullock


Nadine Chevalier (Romy Schneider), una actriz que sobrevive a base de participar en películas de bajo presupuesto e ínfima calidad, protagoniza una secuencia para una de terror erótico. El equipo cinematográfico rueda en un gran y destartalado apartamento. La directora somete a la intérprete a una disciplina estresante y la obliga a pronunciar ante un hombre ensangrentado unas palabras concretas: «Te amo». Nadine es incapaz de completar la escena y además, de pronto, siente cerca el objetivo de una cámara de fotos. Levanta sus grandes ojos azules y con una pena infinita, como la mujer más herida y rota del mundo, se enfrenta a la mirada del fotógrafo Servais Mont (Fabio Testi), que se ha colado en el rodaje. A partir de esa mirada ambos quedan unidos irremediablemente en una historia de amor trágico. Lo que ninguno de los dos sabe es que esa secuencia cinematográfica es una premonición de un futuro próximo donde  vivirán un momento similar, solo que esta vez Nadine sí podrá pronunciar «Te amo», con todo lo que ello supone. De esta manera el realizador y guionista polaco Andrzej Zulawski construye una narración cinematográfica de estructura circular donde el cine dialoga con la vida. Es más, Lo importante es amar (L’important c’est d’aimer, Francia, 1975) coloca también ante el espejo  a su actriz principal, Romy Schneider, quien poco a poco se iría hundiendo en su vida real en la misma espiral de desesperación y sufrimiento de su personaje. La artista reflejaba en su rostro bello su alma torturada, y poco quedaba ya de esa actriz que empezó su carrera contando cuentos de princesas. Por todo esto y más, Lo importante es amar es un melodrama desaforado y catártico donde sus personajes atormentados y decadentes dejan su interior más oscuro al descubierto.  

 

Vida y arte, dos conceptos que cabalgan juntos 

Andrzej Zulawski juega en este melodrama exaltado con la fina línea que separa la vida del arte, y viceversa. De hecho, toda la película está rodada en interiores, dejando entrever que pueden ser decorados de cine (tal y como pasa en la primera secuencia). Uno de los espacios, precisamente, es un escenario de teatro, donde además ocurren varias situaciones entre bambalinas o en los camerinos.

Lo importante es amar transcurre en las distintas estancias del apartamento de Nadine (sobre todo en su dormitorio, lleno de carteles de películas y fotografías); en la casa-estudio del fotógrafo; en diversos rincones de los  bajos fondos donde el gánster Mazelli (Claude Dauphin) organiza sus orgías y otras prácticas sexuales, que Servais debe fotografiar; en la casa llena de libros del amigo intelectual del fotógrafo (Michel Robin); en el teatro donde ensayan y preparan Ricardo III de William Shakespeare; en varias zonas de un hospital o en distintas cafeterías y bares… Incluso uno de los actores del reparto asume un doble papel, haciendo que los espectadores pensemos en la fragilidad de lo que es realidad o ficción: a uno de los intérpretes de la obra de teatro lo vemos también como el doctor del hospital donde los protagonistas se encuentran varias veces por diferentes motivos.

Los protagonistas que forman un triángulo amoroso trágico pueden analizarse desde perspectivas diferentes. Nadine Chevalier no es solo una actriz acabada con miedo a envejecer, sino que es también una imagen etérea y bella, que irradia y enamora. En el estudio de Servais Mont, este tiene en una pared una fotografía de dimensiones gigantes de Nadine. Y él se enamora de ella cuando la fotografía y ve a través del objetivo su mirada trágica. Nadine es una especie de Laura, que  fue interpretada por Gene Tierney en la película homónima, convirtiendo la pesadilla oscura de Otto Preminger en un referente. Su retrato invita a fantasear y enamora a quien la mira. Su tragedia es ser una mujer que se está resquebrajando y envejeciendo, pero que sabe que aquellos que la aman solo ven una imagen y que además piensan que esa imagen es eterna. Esa era la desgracia de mitos cinematográficos como Marilyn Monroe o Rita Hayworth. Famosa es la frase de esta última: «Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo».

El fotógrafo Servais Mont, el que todo lo observa a través de su objetivo, es el héroe al margen. El perdedor de cine negro que tiene su destino reflejado en el rostro, y no puede escapar de él. Mont es el hombre enamorado que sublima a la mujer amada, por eso nunca se acuesta con Nadine. Su amor va más allá. Su historia transcurre entre bambalinas… Él actúa en la sombra. Ya se lo dice Nadine en un momento de la trama: en su vida la rodean fantasmas que se enamoran de ella. Entonces, él es un fantasma al que conoce y que desde la distancia la protege, como el capitán Gregg a la señora Muir; o como el fantasma de la Ópera, oculto tras su máscara, a la cantante Christine Dubois. Pero como bien le dice el esposo de Nadine: «Tú haces que las cosas sucedan. Las haces avanzar», porque cuando Servais entra en escena, estalla el conflicto. Al fin y al cabo es el héroe trágico.

Nadine explica al fotógrafo que ya se casó hace años con un fantasma, con Jacques Chevalier (Jacques Dutronc), que la sacó de la oscuridad. Y ella siente que le debe todo a su marido. Jacques es un coleccionista de fotografías de cine. Un enamorado de las imágenes. Él ama el rostro de Nadine, como si fuese una de sus fotografías de las actrices del Hollywood clásico. Jacques es solo un espectador en una sala de cine; no vive la vida, sino que la observa. Solo mira fotografías, pero es incapaz de vivir o de gozar con la mujer de carne y hueso que tiene a su lado.

Por tanto, esta es la situación en la que se encuentran las personas del triángulo.Nadine se siente cada vez más sola. Servais siente la necesidad de ayudarla.  Y Jacques sufre como espectador la historia que está naciendo entre Nadine y Servais. El marido intenta mantenerse al margen, como un payaso triste que no se entera de nada. Luego se comporta como un payaso que, preso del dolor, no mide el daño que hace. Su tragedia no es otra que la asunción de que su papel ha terminado, y no se atreve a vivir o arriesgarse en el amor.

El infierno de Zulawski

El director polaco tomó como punto de partida para la película una novela, La nuit américaine, de Christopher Frank (como curiosidad, este autor y guionista escribió también El sueño del mono loco, que fue adaptada por Fernando Trueba en 1989). Incluso el novelista participó en la elaboración del guion, sobre todo en los diálogos.  Pero si seguimos con el juego propuesto por Zulawski, la fina línea que separa la vida del arte y viceversa,   no es baladí que la obra de teatro que tratan de poner en pie, y donde Nadine intenta recuperar su prestigio como actriz, sea Ricardo III de William Shakespeare. Ni que a veces Lo importante es amar parezca una película de cine negro de serie B.Zulawski tiene claro lo que quiere mostrar: personajes perdidos en sus infiernos personales y mezclados con otros que enseñan lo más oscuro, siniestro, ponzoñoso y decadente del ser humano. La actriz, el intelectual, el gánster, el fotógrafo, el coleccionista, el padre, la amante… Todos exponen sus miserias. Pero lo importante es amar… o vivir. Porque como dice Mazelli: «Mirar lo que más te repugna es como mirarte en un espejo». De manera parecida, consuela el actor que interpreta a Ricardo III, Karl-Heinz Zimmer (Klaus Kinski), a Nadine, cuando, insegura y fuera de sí, le confiesa: «Estoy perdida… perdida, ¿entiendes?». Este le da la clave: hay que aceptarse tal y como uno es, pues «no somos sino títeres con vidas estúpidas y carreras desbaratadas. Todos somos como tú».

Los límites entre la vida y el arte se cruzan continuamente. Así Andrzej Zulawski no dudó en dar el papel del actor millonario, mediocre, sensual y excéntrico a Klaus Kinski, que en su vida real era desequilibrado, excesivo, decadente y oscuro. Kinski siempre vivió en el exceso como bien refleja en sus memorias, curiosamente tituladas Yo necesito amor (Fábula, Tusquets, 2012). Entre esas páginas dedica muy pocas líneas a Lo importante es amar y no muy positivas (pero totalmente en consonancia con su personalidad desaforada). En la película,  él es Ricardo III  y Nadine es Lady Ana. Este rey shakesperiano es un personaje retorcido, deforme y oscuro, pero ahí radica su humanidad. Un rey que ama y destruye a una mujer, a lady Ana, quien en su famoso monólogo pasa del odio al desconcierto ante un  Ricardo III que la descoloca con sus palabras.

Y asimismo recordemos: el fotógrafo Servais Mont vive en una película de cine negro, el género cinematográfico por excelencia en el que se desnuda la parte oscura de los seres humanos, que transcurre en los bajos fondos, pero que también construye historias donde el destino trágico está presente en el camino del héroe y donde la redención por amor salva a los personajes.

 El melodrama desaforado

Pero Lo importante es amar es ante todo un melodrama. Y este es otro de los géneros estrella del cine, donde priman la emoción y los sentimientos; donde los personajes se sumergen en infiernos personales e íntimos, pero resurgen de sus cenizas por amor, aunque a la vuelta de la esquina les espere la muerte; y donde a veces no funciona la lógica y quizá se sufra una convulsión emocional continua.

La heroína de la película de Zulawski grita desesperada que necesita ayuda, que está rota. Y como en todo buen melodrama no hay miedo a rozar lo extremo, lo grotesco, y quedarse en el límite de lo ridículo para provocar la catarsis. No faltan desesperación, gritos, lágrimas, suicidios, muertes, hospitales, traiciones, relaciones conflictivas, situaciones tristes del pasado y un presente que se tambalea… y un romanticismo radical envuelto en una hermosa banda sonora de Georges Delerue. La huella y los excesos de este melodrama marcaron e influenciaron los caminos de varias películas de Pedro Almodóvar, otro director que dibuja con su filmografía una travesía especial del arte del melodrama como género cinematográfico.

 

Romy, la gran trágica

Y como todo buen melodrama necesita una gran trágica, Lo importante es amar tiene la suya: Romy Schneider. Con este papel no solo alcanzó su cumbre interpretativa, sino que la premiaron por primera vez con un César. Nadine supone el mayor triunfo artístico de Schneider y, al mismo tiempo, el principio del declive. La película se convierte en espejo de su propia vida. Romy Schneider se irá transformando en una mujer rota y perdida, igual que Nadine. Con 36 años ya tiene huellas de deterioro en su rostro hermoso. Ya no es una lozana e inocente Sissi, sino una mujer que ha vivido, y que solo le queda desmoronarse.

Hija de dos actores que vivieron sus años de gloria durante la Alemania nazi, Magda Schneider y Wolf Albach-Retty, no tuvo una infancia estable tras el divorcio de sus padres. La joven empezó a triunfar bajo  la dirección  de su madre y alcanzó la fama mundial con las películas austriacas sobre la emperatriz  Sissi, dirigidas por Ernst Marischka durante la década de los cincuenta. Sin embargo, Romy  deseaba alejarse de  la imagen edulcorada  del personaje que le dio la fama y también del dominio de su madre. Así se volvió la hija rebelde que tomó las riendas de su vida sentimental y de su carrera cinematográfica.

París fue su paraíso. Allí conoció a un hermoso joven de mala vida, Alain Delon, para horror de Magda Schneider. No solo vivió libremente una tormentosa historia de amor, sino que dirigió también su carrera y se convirtió en una actriz de fama internacional que trabajó con   directores europeos (Luchino Visconti, Dino Risi, René Clement, Jules Dassin, Jacques Deray, Claude Sauset…) y estadounidenses (Orson Welles, Joseph Losey y Otto Preminger). Siempre quiso  desmarcarse de Sissi (Visconti le iba a permitir interpretar una Isabel de Baviera muy distinta a la que le dio fama). Por cierto,tampoco llevó bien el pasado de sus padres como actores cercanos al régimen nazi, y por eso, trató de resarcirse en el cine de dicho pasado en películas como El cardenal, El tren o Testimonio de mujer.

Su fama como actriz crecía y crecía, pero su vida sentimental siempre fue a la deriva. Delon la dejó con una carta y unas flores (aunque mantuvieron siempre una fuerte amistad), y después Romy nunca encontró estabilidad en el amor. Durante los últimos años de su vida no solo se le acumularon las desgracias (su primer marido se suicidó y el hijo que tuvieron falleció en un terrible accidente a los catorce años), sino que entró en una espiral autodestructiva que fue minando su salud. Los estragos de los barbitúricos, el tabaco y el alcohol hicieron pronto mella en su rostro. Y a los cuarenta y tres su corazón dejó de latir. Un año antes, en 1981, durante una entrevista a unos periodistas alemanes de la revista Stern, la actriz dijo textualmente que ella era «una mujer infeliz»; de hecho, hace apenas dos años se rodó en Alemania una película sobre los acontecimientos alrededor de esta entrevista, 3 Tage in Quiberon, de Emily Atef y con la actriz alemana Marie Bäumer como protagonista. Romy fue una Nadine Chevalier en potencia.

Así, Lo importante es amar se convirtió en una premonición y en un espejo donde Romy Schneider desnudó su alma sin complejos. En la película, sus grandes ojos azules sobre un rostro sin maquillaje dejan escapar el dolor.  El personaje de Servais Mont queda atrapado por ellos,  y se convierte en el fantasma que quiere protegerla y ayudarla: «Quiero hacer algo por ella. No sé qué, pero algo». Ese fantasma, sin embargo, no llegó  nunca a la vida de Romy Schneider. De la actriz tan solo quedan sus películas y un rostro bello en fotografías de coleccionistas.


Puedes ver LO IMPORTANTE ES AMAR en Filmin



 

4 Comentarios »

  1. Hola Irene:
    Estupendo análisis de tremendo melodrama. Aunque, confieso, me ha dolido eso de “huellas de deterioro en su hermoso rostro”. Recuerdo que en el mismo año perdí dos de mis mitos sensuales de celuloide: Romy Schneider y Natalie Wood. Aunque no lo parezca dos “vidas paralelas”… Y dos bellezas en todas las, pocas, fases de sus vidas.
    De Romy alguien dijo: Se empeñó en hacer papeles de mujer que jamás tomarían el té con Sissy.
    Un saludo, Manuel.

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  2. ¡¡¡Manuel, muchísimas gracias por pasarte y por tus palabras!!! Pero ¡¡¡no quiero yo causarte dolor alguno!!! Lo que quería decir sobre todo es que cada vez su rostro expresaba más huellas de haber vivido y sufrido, y que su salud cada vez era peor. Todo eso se nota y se refleja en los rostros.
    No me había dado cuenta de que Romy y Natalie habían muerto con tan poco tiempo de diferencia. Y, sí, se puede dibujar una senda de vidas paralelas entre ellas. Efectivamente eran dos mujeres bellísimas.
    Cada vez que veo “Lo importante es amar” más me gusta, pues aunque roza el exceso, incluso a veces el ridículo, tiene un poder hipnótico y auténtico… y nace una belleza decadente de sus fotogramas que atrapa.
    Con cariño
    Irene Bullock

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  3. Querida Irene, me demoré un montón en pasarme por aquí, siempre que me llegan las notificaciones de tus textos, los guardo para leerlos con detenimiento y a veces no encuentro el momento.-
    Qué triste el destino de esta Sissi de mi infancia (y de la infancia de tantas generaciones desde los ’50 a esta parte). Hace poco tiempo leí por primera vez sobre la muerte de su hijo y no podía creerlo. Pero ya antes de eso, Schneider venía rota… confieso que he visto poco y nada de su filmografía post-Sissi, tan sólo El proceso de Welles y Ludwig de Visconti, sobre la que ya hemos conversado en su momento. Estoy disfrutando muchísimo de este espacio de cine dentro del cine, aunque no siempre es seguro que pueda acceder a las películas (Filmin aquí no está disponible).-
    Te mando un beso enorme, Bet.-

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  4. Mi buena amiga Bet, ¡echaba de menos tu comentario! Sí, yo también de pequeña vi y disfruté todas las películas de Sissi. Luego, como la propia Romy, me fui desprendiendo de esas películas y me fascina su transformación en la Sissi de Ludwig. Nada que ver la una con la otra. La primera es emperatriz de un cuento edulcorado, la segunda es la dama trágica de una ópera.

    La vida de Romy Schneider es una película triste.

    Sin embargo, está presente en una filmografía que merece la pena. Tengo predilección por una pieza: el capítulo Il Lavoro de Visconti en Boccaccio 70. Romy está espectacular en esta maravillosa adaptación de un cuento de Maupassant.

    ¡Cómo me gustaría una plataforma universal de cine clásico, donde se pudiera acceder a estas películas estuviésemos donde estuviéramos! Ahí lanzo un deseo, ¡por desear que no falte!

    Con mucho cariño
    Irene Bullock

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