Subir un piso más del rascacielos

Santiago Alonso 


La película estrella de esta temporada está siendo —hay quien afirma que con merecimiento y quien, por el contrario, sostiene que no es para tanto—, un poderoso relato sobre la lucha de clases que, pese a transcurrir en Corea del Sur, articula un mensaje universal válido para cualquier parte del mundo. El éxito de Parásitos no debería en cualquier caso ensombrecer otros trabajos en torno a la misma cuestión que son bastante más sencillos pero no menos contundentes. Un clarísimo ejemplo lo encontramos en La camarista, la ópera prima tras las cámaras de la actriz mexicana Lila Avilés y que fue el largometraje seleccionado para representar a su país en los últimos Óscar. Ya de primeras, la premisa denota inteligencia: contar el día a día de una camarera de habitaciones en un hotel, limpiando y ordenando los lugares de paso de quienes pueden viajar con cierta comodidad. Y si ya el alojamiento en cuestión es mastodóntico y lujoso, pertenece a una megaurbe como Ciudad de México, tiene varias decenas de plantas y por sus amplísimos ventanales se aprecia la separación con los otros barrios, hay que señalar que se está apuntando muy bien al blanco.

Avilés acierta al plantear la narración como si se tratase de un documental observacional, siguiendo a la protagonista en sus agotadores quehaceres, que a veces oscilan entre lo rutinario y lo estrambótico, mientras que otras la exponen a una serie de humillaciones no siempre soterradas. Eve (Gabriela Cartol), una joven de rasgos indígenas, redobla esfuerzos para conseguir un ascenso consistente en un ansiado traslado a los pisos superiores del edificio donde se alojan los clientes más ricos y los espacios parecen de otro mundo, con el cambio que ello conlleva: un sueldo mayor y un estatus diferente dentro de su entorno laboral. No supone un demérito que la metáfora sea tan cristalina, porque el objetivo principal de la directora consiste en que el público acompañe a Eve en su espera y la comprenda cuando la chica comience a acumular pequeñas vivencias que contribuyen al desengaño o, en cualquier caso, a su crecimiento personal.

Últimamente se emplea bastante el término «inmersivo» cuando se caracterizan narraciones cinematográficas que sumen al espectador en tal o cual experiencia. Pues bien, he aquí una oportunidad estupenda para que este pueda experimentar la invisibilidad.



 

LA CAMARISTA

Dirección: Lila Avilés.

Intérpretes: Gabriela Cartol, Agustina Quinci, Teresa Sánchez.

Género: drama. México, 2018.

Duración: 102 minutos.

 


 

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