La observadora y la observada: apuntes de una divergencia crítica

Santiago Alonso 


Existe la clase (no muy frecuente) de película que mientras la estás viendo por primera vez, y con independencia de que después se lleven plenamente a buen puerto todas sus propuestas, percibes al momento que quien la firma juega en otra liga. Una superior. Eso sucede con Retrato de una mujer en llamas. Que Céline Sciamma era una cineasta que partía de otro nivel, ya lo demostró con la maravillosa Tomboy, pero su última cinta certifica algo que va más allá: una capacidad pasmosa para reunir y ajustar múltiples ideas, propósitos y sensaciones en una práctica cinematográfica en apariencia tan sencilla y parca, tan poco aparatosa.

Así entreteje formidablemente Sciamma la historia protagonizada por Héloïse, la dama a quien deben retratar, y Marianne, la artista encargada de ello. Para empezar, reflexiona con profundidad (¿y acaso con alguna perspectiva autobiográfica?) sobre la creación y los lazos que nacen entre creador y sujeto recreado, mostrando, a la vez, un acercamiento al proceso de realización del arte pictórico. También filma cómo sus mujeres construyen el espacio propio que hasta el momento les ha sido negado, confiriendo valor a todo lo intelectual, lo sentimental y lo pasional que surge durante las relaciones que estas pueden establecer entre sí. Al mismo tiempo, idea un acto de justicia cuando saca del olvido de la historia la figura de las retratistas del siglo XVIII, mientras plantea un trabajo minimalista de ambientación donde, entre un aparatoso vestidos con enaguas y un rollo de mecha multiusos, cabe un universo entero. Y para guiar todo el conjunto compone un cuidadísimo juego narrativo que encaja dentro de una misma pieza el relato de un enamoramiento y los pesares futuros de su recuerdo… Todo sin que pese o se complique la estructura formal.

La utilización del mito de Orfeo y Eurídice funciona, por último, como apasionante eje vertebrador que apuntala de principio a fin la arquitectura del metraje: lo encontramos expresado en imágenes durante los momentos fantasmagóricos del último tercio, pero ya los establece la secuencia central de la lectura nocturna de Ovidio a la luz de una vela, instante en que se exponen las dudas basilares que Sciamma se ha planteado escribiendo y dirigiendo Retrato de una mujer en llamas. ¿Es Orfeo un imbécil? ¿O quiere retener para siempre el recuerdo esplendoroso de su pasión? ¿O justo lo contrario? Y, a todo esto, ¿dónde queda la mirada de Eurídice? La directora consigue de este modo que en la pantalla resplandezcan (e incluso que quemen) tanto la disquisición como el drama romántico.

Yago Paris


En qué lugar más sugerente coloca a la crítica una película como Retrato de una mujer en llamas. Llena de ideas visuales y narrada con fuerza, la nueva obra de Céline Sciamma es, al mismo tiempo, más que discutible en lo que se refiere al manejo de sus subtextos. La nueva obra de la directora francesa cuenta la relación entre Marianne (Noémi Merlant) y Héloïse (Adèle Haenel): la primera es pintora; la segunda, mujer que se niega a ser retratada. De esta tensión nace una por momentos brillante disertación acerca de los papepes de poder y sumisión que se establecen entre quien observa y quien es observada. Algo que, de manera metatextual, la autora aplica al propio acto cinematográfico y la posterior observación de lo filmado.

Toda esa atención a la importancia de las imágenes como portadoras de significado es, no obstante, torpedeada por la insistencia de la cineasta en hablar de todo lo referente al feminismo. La obra es víctima del signo de los tiempos, lo que provoca que dé la impresión de que la narración pasa lista de todos los temas candentes del presente dentro de este movimiento social, como si fuera imprescindible tocarlos todos, y como si forzar la máquina para encajarlos fuera una buena decisión. Sciamma es demasiado autoconsciente de que está enviando un mensaje a su público, y, lo que es más problemático, de que quiere satisfacer sus expectativas a toda costa. Solo así se entiende toda la subtrama de la doncella, que se incluye en esta película única y exclusivamente porque estamos en 2019. Esta intención de someter lo cinematográfico al reconocimiento mediático se palpa, en realidad, en la totalidad de la película. Porque sí, Retrato de una mujer en llamas es una película llena de virtudes, pero, en vez de optar por una autenticidad radical e incómoda, escoge la contención para así asegurarse arrasar en el circuito de festivales.

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RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS

Dirección: Céline Sciamma.

Reparto: Adèle Haenel, Noémie Merlant, Luàna Bajrami, Valeria Golino, Cécile Morel

Género: drama romántico. Francia, 2019.

Duración: 120 minutos.

 


 

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