“Como cineasta siento que continuamente me dedico a liberar a mi madre y a mi abuela”


Santiago Alonso 

El orden divino, ganadora del premio del público a mejor película de ficción en el Festival de Cine de Tribeca, nos lleva a principios de los años setenta, una época en la que todavía palpitaban con intensidad las revueltas sociales iniciadas durante la década anterior. ¿Llegaron también los vientos de cambio a Suiza? Parece que no tanto, pues la Confederación seguía negando a la mujer su derecho al voto. Como sentencia un personaje de la cinta opuesto a lo nuevo, recogiendo una cita original de aquellos tiempos, «las mujeres que se inmiscuyen en la política atentan contra el orden divino». Después del intento fallido de 1959, fue el 7 de febrero de 1971 cuando el trabajo de las sufragistas helvéticas dio sus frutos y el triunfo del sí en consulta nacional finalmente abrió las urnas a las ciudadanas mayores de edad, a excepción del cantón de Appenzell-Rodas, un lugar donde votar fue prerrogativa de los varones hasta 1990. De estas y otras cuestiones que aparecen en su largometraje, el primero que estrena en España, hablamos con la directora y guionista suiza Petra Volpe.

 

Paso por festivales internacionales como Tribeca, estreno en varios países… ¿Imaginabas que la película despertaría tanto interés fuera de tu país natal o la concebiste pensando solo en el público suizo?

Desde el principio pensé en un público internacional. Está claro que nunca sabes si al final va a funcionar, pero tratándose de un tema universal, que no se ciñe tanto al hecho concreto del sufragismo como al de la igualdad en general, siempre esperé, deseé y soñé que llegara a todas partes.

¿Es entonces el fruto de una dinámica previa de trabajo y de índole personal?

La mayoría de mis películas anteriores a El orden divino las protagonizaban mujeres y sus procesos de liberación del sistema donde se encuentran. Es consecuencia de la situación familiar, laboral y social en las que siempre vi inmersas a mi madre y a mi abuela. Como cineasta siento que continuamente me dedico a liberararlas. Una vez y otra y otra. Me he implicado en estos asuntos desde joven, pero en esta ocasión todo empezó conversando con mis productores. Cuando me dijeron que nadie había contado todavía la historia de la lucha por el derecho al voto en Suiza, los miré como si me hubiera caído encima un rayo. ¡Ahí estaba la idea! Encajaba natural y orgánicamente en mi obra previa, que siempre ha tratado de cuestiones que van de lo privado a lo político.

Y respecto al tono, ¿también desde el inicio tuviste claro plantear El orden divino desde una perspectiva tirando a amable, con pinceladas de comedia y, en cualquier caso, evitando el drama intenso?

Lo tuve clarísimo desde el principio. Quería hacer una película política y feminista que también fuera divertida. Tener un conflicto dramático no entra en contradicción con el humor. Y, considerándolo desde la perspectiva contraria, necesitas un conflicto dramático consistente para obtener humor bueno. Es mi modo de ver la vida y el cine. Con la risa seduces a la gente y consigues que se abra su corazón. No quería que la película se quedará en círculos muy reducidos y la conocieran solo cinco feministas, sino que la viera mucha gente porque concierne a todo el mundo.

Es muy evidente la concienzuda labor documental que hay detrás. Tengo entendido que para ti ha sido fundamental el acceso al archivo de Marthe Gostelli. ¿Qué me podrías decir de su figura para que el público español la contextualice adecuadamente?

Marthe Gostelli fue clave en la lucha por los derechos de las mujeres en Suiza, a los que dedicó toda su vida. En los ochenta fundó el archivo porque se dio cuenta que las historias personales se iban perdiendo y nadie guardaba textos u otros documentos privados referentes al movimiento. Es un archivo maravilloso con financiación privada, no federal. Me sirvió muchísimo y también me entrevisté con ella. ¡Era una luchadora muy de la vieja escuela! ¡«Las mujeres deben llevar falda y no pantalones» y ese tipo de cosas!

Otra escena que llama mucho la atención es la reunión con las brigadistas suecas que ayudan a descubrir a las protagonistas sus vaginas.

Este tipo de talleres tuvieron lugar un poco más tarde en Suiza. 1973, 1974 más o menos. Pero hacía tiempo que en lugares como Estados Unidos  ya formaban parte de los movimientos de liberación sexual de la mujer. Siempre quise que El orden divino acabase con un orgasmo de la protagonista, como señal de libertad y alegría. Conocer el propio cuerpo es un aspecto fundamental de la lucha, así que la escena que comentas era vital. Me parece humorística pero triste a la vez, porque es triste que las mujeres desconozcan su cuerpo.

Y después habría que hablar largo y tendido sobre el trabajo  de ambientación. Vestuario, peinados…

Para ser una película de época, lo cierto es que no contábamos con mucho dinero. Empecé a trabajar con mi equipo artístico hace tres años, un equipo compuesto solo por mujeres, excepto el maquillador… Es gay (Rie). Entre todas investigamos muchísimo porque no queríamos reproducir unos años sesenta muy estilizados. Lo importante era conseguir aquella atmósfera, porque por aquel entonces todo oprimía a la gente. Entendimos la carga poderosamente expresiva que pueden llegar a tener desde las paredes hasta los muebles, pasando, claro, por la ropa. O la manera de hablar. El simple hecho de colocar los pies de una manera u otra explica una vida entera. Me pasé horas y horas viendo documentales de la época para poder trabajar después con los intérpretes.

Y después de eso vendría después el reto de encontrar a actriz adecuada para encarnar a la protagonista, ¿no?

Ahí va una historia divertida. Teníamos a la actriz, pero se quedó embarazada. Pensé incluso en retrasar la producción. Al final decidimos hacer nuevas pruebas y entonces apareció Marie Leumberger. Inmediatamente me puse a rezar a las diosas de la cinematografía. ¡Gracias! Hacer películas muchas veces tiene que ver con las coincidencias y tener suerte. María fue un regalo del destino.

Es imposible no hablar contigo también de la actualidad. Esta película se estrena en un momento en el que afortunadamente asistimos a impulsos de cambio muy importantes. ¿Cuál es tu percepción al respecto? ¿Cabe hablar de la auténtica cuarta ola del feminismo o no?

Creo sinceramente que estamos viviendo un momento histórico. Durante muchos años, cuando era más joven, muchas de mis amistades decían que no hacía falta más feminismo porque ya se había alcanzado la igualdad. Era casi un término del cual había que distanciarse. Ahora vuelve a estar en boca de mucha gente. Las mujeres se llaman de nuevo feministas. ¡Hasta Beyonce! Y es que han estallados movimientos como el #MeToo porque está tan a la vista, y de una manera tan grosera, que la desigualdad entre hombres y mujeres es todavía extrema. Que realidades como el acoso sexual siempre han estado ahí.

Además se suma que nos encontramos en una situación de contrarrevolución reaccionaria.

Sí, sí.

Es decir, que ya no solo se debe resolver lo que todavía no estaba resuelto, sino que se ha incrementado en general la tensión entre fuerzas contrapuestas.

Están intentando quitarnos nuestros derechos. Mira, lo único bueno de Trump es que la gente, desde un punto de vista político, ha despertado. Las estadísticas dicen que en Estados Unidos más del veinte por ciento de la población se manifestó el año pasado. ¡Es un porcentaje tremendo! Ante la ola de neoconservadurismo y de extrema derecha, no cabe otra que actuar porque nos quieren devolver a épocas pasadas.


Crítica de EL ORDEN DIVINO, por Anaís Berdié



Agradecimientos a Petra Volpe y los compañeros de Surtsey Films

Fotografías de la directora: Nadja Klier


 

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