Irene Bullock


Insignificancia (Insignificance, Reino Unido, 1985), de Nicolas Roeg, parte de un encuentro imposible en la habitación de un hotel en Nueva York. Allí coinciden, alternativamente, Albert Einstein (Michael Emil), Marilyn Monroe (Theresa Russell), Joe DiMaggio (Gary Busey) y Joseph McCarthy (Tony Curtis). La película sitúa a los personajes durante el rodaje de La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955), y en concreto, durante la mítica secuencia de la Monroe con su traje de vuelo blanco bajo las rejillas de la estación de metro. Fue un rodaje multitudinario en exteriores que despertó la atención de los viandantes, dibujó más la leyenda del icono rubio y aceleró la descomposición del matrimonio entre DiMaggio y Monroe. Y en 1955 murió además Einstein (luego pone más en evidencia la imposibilidad de este encuentro). Por otra parte, seguía activa la caza de brujas que se cebó especialmente con los profesionales del mundo del cine, por ser más mediáticos, en la esperpéntica cruzada contra el comunismo cuyo representante máximo fue el senador McCarthy. Sin embargo, en la película de Nicolas Roeg, estos personajes no tienen nombre propio, son la actriz, el profesor, el jugador y el senador… Su imagen en el imaginario colectivo, sobre todo los dos primeros, hace que sean tan reconocibles que no es necesario que se les nombre.

Curiosamente la película La tentación vive arriba, de Billy Wilder, parte de una anécdota insignificante: un hombre de clase media se queda de rodríguez durante las vacaciones de verano y descubre  que es vecino de una despampanante rubia . A partir de ahí se dispara su imaginación. Sueña con ella  y la convierte en protagonista de un universo paralelo donde él está acostumbrado a conquistar y a ser infiel. Sin embargo, nunca se materializa la infidelidad y el hombre  va corriendo a los brazos de su amantísima esposa. Es una película que narra un hecho  insustancial, pero refleja la mentalidad conservadora y asustadiza del american way of life, en su máximo apogeo durante la década de los 50, y pone a la «tentación rubia» como elemento subversivo y desestabilizador.

En Insignificancia, el director británico  Nicolas Roeg toma a cuatro personajes de la cultura popular de aquellos años, los hace protagonistas de una anécdota  intrascendente, pero los convierte en símbolos de una etapa frágil, llena de miedos y frustraciones. Los sitúa en el centro de la narración cinematográfica para pintar   una mirada pesimista sobre un mundo poblado de personas heridas. Por otra parte, el realizador hace saltar por los aires la línea narrativa y deconstruye la historia de ese encuentro imposible, de tal manera, que el espectador tiene que hacer un esfuerzo para descifrar todo su simbolismo. Roeg elabora un collage de secuencias, similar al que contempla Joe DiMaggio mientras espera en un bar. El collage muestra una imagen distorsionada de Marilyn Monroe. El deportista observa una y otra vez esa imagen que no logra comprender y por eso termina rompiéndola en un montón de pedazos. Insignificancia está poblada por personajes fragmentados que además pueden saltar por otro tiempo y otro espacio… Todo es relativo, solo hay que entenderlo .

La película de Nicolas Roeg es extraña, tiene un halo inquietante; aunque parece que está filmando un encuentro entrañable, los toques oscuros, la tristeza y el pesimismo inundan los fotogramas. No solo la presencia del senador es desagradable e incómoda, como es evidente en uno de sus diálogos, donde advierte  que siglo trás siglos se repiten los comportamientos tiranos y fascistas que  van escribiendo la historia, sino que  Insignificancia en general deja un aroma de alegoría y fantasía en sombras. Lo ilustra muy bien el encuentro del profesor con un ascensorista cherokee (Will Sampson, cuyo personaje más recordado es el de indio en una institución psiquiátrica en Alguien voló sobre el nido del cuco) . Este es un personaje misterioso que parece que nunca sale del hotel, que vive entre el ascensor y la azotea del edificio (allí va a beber café y ejecuta sus cánticos ancestrales). Y explica al profesor la filosofía de su pueblo e identifica a Einstein como a uno de los suyos: cada cherokee, donde quiera que se encuentre, se convierte inevitablemente en el centro del universo. En realidad, como cada uno de los personajes de esta película o como cada uno de los espectadores en su vida.

Documentación y simbolismo

Para su película, Nicolas Roeg se sirve de una obra teatral de Terry Johnson, y a este le  encarga  la escritura del guion. El director logra, sin embargo, a pesar de emplear prácticamente un único espacio físico, sobre todo la habitación del hotel, crear una mirada pesimista  a través de cuatro personajes que dibujaron la historia de la cultura, la política y el saber. Y refleja la relatividad de la mirada, o lo que cuesta  observar más allá de lo que tenemos delante o alrededor, o cómo los problemas, los miedos y las frustraciones de cada uno no dejan ver el estado del mundo, pero sí que influye en su recorrido…

Cada personaje arrastra un pasado, los miedos del futuro u oscuras premoniciones que se ven mediante una serie de breves flashbacks y flashforwards  que dibujan, además, su trayectoria vital, su identidad, sus  temores más profundos… También adquieren importancia los objetos que los acompañan. El vestido blanco; los relojes, alguno parado en una misma hora significativa (las 8.15); los chicles y los cromos de campeones de béisbol del jugador; los juguetes que compra la actriz para poder ilustrar a su manera la teoría de la relatividad (en una secuencia clave donde esta explica dicha teoría ante un fascinado profesor); las revistas del senador o los papeles amarillentos llenos de fórmulas para entender el universo del  científico, que caerán finalmente a través de la ventana. Así como la presencia continua de ese cuadro de Picasso donde aparece una madre con su hijo en la playa, una realidad fragmentada que ilustra uno de los dramas que arrastra la actriz rubia.

Por otra parte son evidentes el conocimiento y la labor de documentación que hay detrás de cada uno de los personajes que protagonizan Insignificancia, además de los matices que aporta cada uno de los actores a su construcción, sin emplear una exagerada caracterización, sino valiéndose más de los gestos o la manera de comportarse. Así, por ejemplo, la complejidad de Marilyn Monroe como mujer de carne y hueso y como símbolo sexual en la pantalla de cine queda totalmente reflejada: desde los flashback que muestran una infancia dura, las ansias de ser amada, la creación del personaje que la inmortalizará en la pantalla (ese tinte rubio), el empleo del atractivo sexual para sobrevivir en la jungla de los sueños dorados, la frustración de la maternidad por sus problemas ginecológicos y la inestabilidad emocional… hasta la manera de moverse y construir el personaje por parte de Theresa Russell. Todos estos elementos dibujan a la perfección el mito y el reverso de la actriz rubia. Además, Insignificancia elige un momento crucial, no solo su despegue definitivo como estrella de Hollywood (y la consciencia del tipo de papel que representa en la pantalla), sino también un hecho íntimo que la romperá  un poco más por dentro:  su ruptura definitiva con Joe DiMaggio. No obstante se logra plasmar ese vínculo inquebrantable con el jugador que  duraría hasta el fallecimiento de la actriz, y  la dependencia cada vez mayor de Marilyn  a las teorías psicológicas y psiquiátricas. La actriz dio con personas equivocadas y dañinas que la  desgarraron en más pedazos y fragmentos. De la misma manera en que está esbozada Marilyn Monroe, aparecen los demás personajes: el profesor, el jugador y el senador. En la película se refleja su dimensión como iconos, pero indaga en sus personalidades de carne y hueso.

Metáfora final

Y es la visión final, apocalíptica, del profesor lo que da sentido a toda esta metáfora, a ese encuentro imposible. Este personaje, que arrastra los remordimientos por la bomba nuclear y la destrucción de Nagasaki e Hiroshima, que choca continuamente con las contradicciones del mundo allá por donde va (en cada país se le considera de una ideología distinta,  o bien una víctima o bien un verdugo), que no tiene miedo de   que caigan al vacío  las fórmulas de sus investigaciones, el trabajo de toda una vida, sino que lo que teme es dejar de plasmar conocimientos, que no le quede nada por descubrir, nada por formular … , tiene una visión futura: un inevitable apocalipsis nuclear, la destrucción definitiva del mundo tal y como está, tal y como avanza.

En esta noche sin descanso, cuando el senador le obliga a testificar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, a declararse comunista y a dar nombres en vez de asistir a una conferencia de paz, el profesor vislumbra  un cataclismo en su propia habitación, donde una Marilyn en llamas con su traje blanco al vuelo queda reducida a cenizas… Pero solo es una visión. Todo es relativo, el mundo sigue fuera de esa habitación de hotel.



Diario cinéfilo de una dama

Me llamo Irene Bullock y junto con Godfrey, mi hombre olvidado favorito, dirijo un restaurante de éxito, The Dump, pero ahora tengo un nuevo hobby: teclear y teclear una y otra vez. Mi mente es un poco desordenada, algo alocada, ando siempre algo descentrada, y necesito un descanso… mental. Mi gran amiga Hildy Johnson decidió un día regalarme una máquina de escribir, y me dijo: «La escritura hará que te concentres un poco, querida Irene, escribe sobre lo que más te plazca». Y yo descubrí que era feliz viendo películas, pero que adoraba también los entresijos del cine… ¿Cómo unir esas dos pasiones? ¡Escribiendo sobre películas que su tema principal fuese el cine dentro del cine! Además me di cuenta de que mientras tecleo en mi máquina, ese es el único momento del día  donde mi cabeza encuentra un poco de paz , pero sigo siendo creativa. Este es mi diario… de todas las películas en las que voy buceando y que me permiten además contaros la historia del cine. Ahhhh, mi vida sigue siendo una fiesta continua, así logro enfrentarme a todo… y de esta forma conozco cada uno de los mecanismos de los fotogramas donde habito.

 

 

3 Comentarios »

  1. Uf, qué compleja suena esta película. No la he visto claro, tengo un vacío con el cine de los ’70 y los ’80, y vislumbro pocas posibilidades de conseguirla por estos lados. Pero no por ello me ha resultado ni una pizca menos interesante tu texto querida Irene, y menos mal que aguardé hasta tener un momento tranquilo en la semana, como para leerlo con atención.-
    Un beso grande, Bet.-

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  2. Síiiiii, es compleja, amiga y querida Bet, pero merece la pena. De hecho la primera vez que me enfrenté con ella…, la dejé. Ha sido en los posteriores visionados cuando la he ido disfrutando y descubriendo.
    Yo llevo una temporada con el cine de los 70 y los 80. Revisito algunas y también descubro muchas que en su momento no vi (y posteriormente en la fiebre de los videoclubs tampoco visioné). Y está siendo un viaje grato. Ay, me alegra que te haya parecido interesante el texto, me estaba dando miedo que quedara algo loco.

    Un brindis con una copa de champán
    Irene

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    • Ah, esos primeros visionados. Justamente estoy pensando en hacer una serie con todas esas películas que empecé a ver alguna vez y nunca terminé porque me parecieron intragables (estoy con ganas de castigarme un poco, jaja). Hay muchos clásicos indiscutibles en esa lista, shhh 😉

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