La gran impugnación feminista

Santiago Alonso


En un momento del imprescindible documental #Placer femenino se emplea un argumento que, quizás, cualquier persona que esté a la defensiva ante el feminismo de nuestros tiempos pueda tachar de demagógico o facilón. Pero bastan simplemente cinco segundos de reflexión para que, en efecto, sea imposible negar la evidencia y se le caiga la cara de vergüenza a media humanidad por la ignominia planetaria que se nos señala. Leyla Hussein, la activista somalí contra la ablación, lo plantea con este ejemplo: si un buen día, por la razón que fuera, se empezaran a cortar los penes a niños y adolescentes, se organizaría inmediatamente y con toda lógica un conflicto mundial de proporciones inimaginables. Entonces, ¿por qué no ha sucedido hasta ahora lo mismo con la mutación genital de tantas y tantas mujeres, una bárbara usanza cuya erradicación sigue sin estar en la primera página de las agendas internacionales?

Aparte de Hussein, aparecen en este trabajo de la suiza Barbara Miller otras cuatro valientes que son conocidas por su lucha contra el silencio que imponen las distintas sociedades patriarcales donde nacieron. Se trata de Doris Wagner, una exmonja alemana que fue violada por un cura; Rokudenashiko, una artista japonesa condenada por obscenidad; Deborah Fieldman, una escritora que abandonó la comunidad jasídica de Brooklyn en la que creció; y Vithika Yada, un resuelta joven hindú con una misión en un país del que nos llegan a menudo espeluznantes noticias de violencia sexual: la educación de género. La documentalista  —quien con su anterior trabajo, Voces prohibidas (2012), trataba el tema de la libertad de expresión mediante el retrato de tres ciberactivistas— reúne las historias de las cinco para rendirles un homenaje y, uniendo sus voces, confirmar que histórica y culturalmente el hombre siempre ha pretendido quitarle a la mujer el control de su cuerpo.

Desde nuestro estupor al ver que a Rokudenashiko se la lleva a los tribunales por hacer moldes de sus genitales, mientras el sintoísmo exhibe en sus procesiones el culto al falo, hasta las caras de horror de chicos africanos cuando se les enseña el destrozo que han sufridos sus hermanas, primas y conocidas, #Placer Femenino va colocando las piezas de un discurso que demuestra cómo a las mujeres se las juzga constantemente y se las convierte en un objeto que satisface las fantasías masculinas. El documental propone, sobre todo, la gran impugnación de la religión en cuanto a milenario mecanismo de dominio sobre la sexualidad femenina. Y no se salva ninguna entre las principales, tal y como demuestra la inserción durante el metraje de fragmentos pertenecientes a sus textos sagrados.

Desde el momento en que una parte de la educación del mundo se encuentra en manos de las superestructuras religiosas, es muy complicado que #Placer femenino llegue a muchos centros educativos, su lugar natural, pero menos mal que quedan los cines y las pantallas domésticas. La almohadilla que acompaña el título a modo de etiqueta en redes sociales debería funcionar como apelación general. Que corra la voz. Lo que muestra este documental concierne a toda la población y a todos sus descendientes.



 

#PLACER FEMENINO

Dirección: Barbara Miller.

Con Leyla Hessein, Doris Wagner, Rokudenashiko, Vithika Yada y Deborah Feldman.

Género: documental. Suiza, Alemania, 2018.

Duración: 97 minutos.

 


 

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