El Óscar llama a la puerta de Frances McDormand por su apabullante retrato de una mujer que lucha por el honor y la justicia en Tres anuncios en las afueras… y a la que no llamaría exactamente “madre coraje”, según la he visto descrita en algunas sinopsis, como tampoco me daría por llamar “padre coraje”, qué sé yo, a Gladiator: que su personaje sea madre y que tenga coraje, es una cosa, pero no hace falta etiquetar, que ya bastante etiqueta la industria. La estatuilla dorada, decíamos, ronda a McDormand, y por eso es el momento idóneo para recuperar el trabajo más personal de la actriz eternamente asociada al uniforme de policía de Minessota de su personaje en Fargo, de los hermanos Coen.

El proyecto de la miniserie Olive Kitteridge (HBO España) nació y creció en la mente de la actriz. Ella fue quien compró los derechos de la novela del mismo nombre en la que se basa (escrita por Elizabeth Strout y ganadora del Pulitzer), quien la presentó a la HBO y, convertida en productora ejecutiva, quien contrató a la guionista, (Jane Anderson), a la directora (Lisa Cholodenko, realizadora de Los chicos están bien) y a su compañero protagonista (Richard Jenkins). Pero, sobre todo, Frances McDormand dejó su impronta en un personaje inusual y atractivo como el de Olive, por el que se llevó el Emmy en 2015.

Inusual porque no es habitual que una protagonista femenina sea hosca, desconsiderada y tendente a la depresión. Y así es Olive Kitteridge durante las diferentes décadas de su vida que refleja la miniserie. Y vale que quizá no sea una serie para ver antes de salir de fiesta, pero no teman: no hay motivos para la huida. Resulta fascinante adentrarse en la mente de un personaje así (del que la propia McDormand llegó a dudar, en un momento del proceso creativo, que pudiera llevar el peso protagonista de la historia), precisamente por esa ausencia de referentes. Y el resto de actuaciones que componen este relato vital de una familia de clase media americana son igualmente sobresalientes.

Una elección meditada la de McDormand, que reclamaba así la necesidad de ofrecer a las actrices papeles interesantes ajustados a su edad. Personajes que hablen de las preocupaciones de una cierta edad, con el aspecto propio de una cierta edad. Una actriz, ya lo ven, también inusual, que no quiere aparentar ser más joven de lo que es, que huye de la sobreexposición pública y que lucha por mantener su esencia.  Por entonces tenía 57 años y producir Olive Kitteridge para la televisión fue, según ha contado, su forma de encontrar trabajo. Tres años después, la también arisca e impulsiva Mildred de Tres anuncios en las afueras (para la que McDormand tuvo como influencias a John Wayne y Marlon Brando) ha devuelto a la actualidad el talento de la ganadora del Óscar por Fargo. Una outsider en Hollywood que pide a gritos más papeles de su tamaño.

Nota final. Obsérvese que ha sido posible finalizar este artículo sin hacer referencia al matrimonio de Frances McDormand. No sucede así en mayoría de los textos consultados. Por supuesto, el experimento a la inversa no produce los mismos resultados.



 

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