Elegante crudeza


 

-W. P.: Tu amigo Jimmy Markum…Desde el momento en el que lo vi, supe que había estado en la cárcel. Nunca la pierden, ¿sabes? Esa tensión en los hombros.

-S. D.: Acaba de perder a su hija. Quizás eso es lo que tiene en los hombros.

-W.P.: No, eso se lleva en el estómago. La tensión en los hombros…Eso es la cárcel.

 

Whitey Powers (Laurence Fishbourne) y Sean Devine (Kevin Bacon) en Mystic River.

 

Tensión. Sobre esto va Mystic River (2003). Es cierto que la trama gira en torno a un asesinato por resolver, que reúne a tres amigos de la infancia cuyas vidas fueron marcadas por un caso de pederastia. También lo es que los subtextos son la amistad, la familia, los fantasmas interiores y la huella imborrable que el pasado deja sobre las personas. Pero esta colosal obra de Clint Eastwood de lo que realmente va es de la tensión. Tensión en las relaciones, en el manejo que cada personaje ejerce sobre su propio pasado, en el propio ambiente de los barrios bajos de las marismas de Boston. Un ambiente conflictivo, en el que la violencia pasea por esas calles en las que juegan los niños, que pronto dejan de serlo. La inocencia perdida a golpe de gatillo, contaminada por unas tendencias mafiosas de poca monta, más debidas al instinto de supervivencia que a la avaricia.

En Mystic River todo es tenso, pero la fricción no prende la llama. Con su habitual tono sosegado, el director estadounidense hace de su sencillez su mayor arma al adaptar el guion de Brian Helgeland, con quien ya había colaborado en Deuda de sangre (2002). El guionista adapta la novela homónima y bestseller de Dennis Lehane, que ya ha visto cómo tres de sus libros han pasado por la gran pantalla –junto a esta, la también ambientada en Boston Adiós, pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007) y Shutter Island (Martin Scorsese, 2010)–. Una de las señas de identidad del estilo de Eastwood consiste en la síntesis, en la reducción a la esencia de lo que busca. Sin llegar a los extremos minimalistas de su última obra, El francotirador (2014), desprestigiada por motivos ajenos a lo cinematográfico, el autor explora en sus personajes y construye personalidades complejas en su simplicidad expositiva. El responsable de obras como Los puentes de Madison (1995) huye de la explicitación de los conceptos que desea manejar, y es esa incertidumbre la que se apodera del tono del relato, que gracias a la ya citada tensión potencia una narración que fluye en sus más de dos horas de duración.

El film se inicia con un prólogo de la infancia de estos tres personajes (Sean, Jimmy y Dave), que remite a otra obra como Spotlight (Thomas McCarthy, 2015). El suceso traumático sugiere un abuso sexual múltiple, que posteriormente se trata de pasada, nunca dándose más información de la estrictamente necesaria y dejando que sea el público el que encaje las piezas. El elemento que une a esta película con la de McCarthy aparece en forma de anillo que porta una cruz grabada, detalle que luce uno de los abusadores en su mano. Un nexo sutil con la Iglesia, duda nunca aclarada, que sin embargo es el tema central de Spotlight, obra que narra cómo un grupo de reporteros del Boston Globe destapó en 2002 el escándalo pedófilo que azotó a la jerarquía eclesiástica de esta ciudad estadounidense. Teniendo en cuenta la relevancia que este suceso tuvo en la sociedad estadounidense, que Mystic river se ambienta en Boston y se rodó sólo un año después de este asunto, la sospecha parece justificada.

El del anillo es sólo uno de los múltiples ejemplos expuestos en Mystic River que hablan del interés de Clint Eastwood por la insinuación, por abandonar las obviedades. Una actitud que aparece en la forma y en el fondo, conjunción que en su día provocó incertidumbre con ese final abierto, que, más que jugar al desconcierto, cierra con enorme coherencia interna el círculo de silencios y medias verdades que compone esta obra. Un círculo que se estrecha sobre el cuello de los protagonistas a medida que avanza el metraje, gracias a un montaje paralelo que empalma escenas cada vez más cortas hasta llegar a un clímax vibrante que nunca pierde la elegancia en la narración. La tensión crece, los suburbios callan y sus gentes acuden a las aguas del río Mystic para lavar sus pecados, sin que la huella de los mismos, esos fantasmas interiores, esa tensión en los hombros, desaparezca jamás.



Mystic-River

 

MYSTIC RIVER

Dirección: Clint Eastwood.

Intérpretes: Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon, Marcia Gay Harden, Laurence Fishbourne, Laura Linney.

Género: Drama. EE UU, 2003.

Duración: 132 minutos.

 

 


(Fotografía: Mystic River I Warner Bros. UK I Films)


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s