“Es importante buscar un nicho donde encajar algo que parezca distinto y guste a la vez”


En una ciudad francesa de provincias viven el peluquero Vincent, la dependienta Rosalie y Aude, la joven sobrina de ella. Lo hacen con sus soledades y enfrentamientos íntimos contra el mundo a cuestas: respectivamente, una relación umbilical con una madre piradilla, un doloroso secreto del pasado y las incógnitas ante los caminos del futuro. Vincent no conoce a ninguna de las dos hasta el día que entra en los ultramarinos de Rosalie y se desata en él una obsesión por la mujer sin ni siquiera comprender muy bien las razones. El peluquero siente un misterioso déjà vu, que tendrá consecuencias en la vida de los tres cuando decida seguir y espiar a la dependienta. Este adiós a la monotonía y aburrimiento de los personajes ocupan las páginas de Rosalie Blum, la trilogía que dio fama a la historietista Camille Jordy, una obra que en España publicó Ediciones La Cúpula.

Un año después de su estreno en Francia, llega ahora a nuestras pantallas la adaptación que ha escrito y dirigido Julian Rappeneau, su debut tras la cámara después de haber sido guionista en casi una veintena de títulos, como el fantástico policiaco de Olivier Marchal Asuntos pendientes (36 Quai des Orfèvres, 2004). Con Rosalie Blum, el hijo del veterano Jean-Paul se propone recoger la sensibilidad y el gusto por la cotidianidad presentes en la obra de Jordy. Le guía el interesante (y nada fácil) objetivo de filmar una película amable y optimista apartándose, en la medida de lo posible, del prototipo galo de éxito, aquel que juega de manera fácil con la sentimentalidad y la simpatía buenrollista, un modelo cuyas vibraciones expandió en su día Amelie por el globo terráqueo, y años después Intocable dio un nuevo impulso. Rappeneau ha contado en su propósito con la ayuda de la cineasta y actriz Noémie Lvovsky (Rosalie), el comediante Kyan Khojandi (Vincent) y la más que prometedora joven emergente Alice Isaaz (Aude). Esta última y el director presentaron recientemente la película en Madrid, y durante un brevísimo encuentro con la Revista Insertos dieron algunas de sus claves.

 

¿Qué cambia a la hora de adaptar un cómic a la pantalla respecto a trabajar con una novela u otra clase de material ajeno?

Julien: No hay gran diferencia. Como en toda adaptación, realmente, ¿qué es lo que cuenta? Lo que te toca, te conmueve. Hay que procurar entender a los personajes y luego, a partir de ahí, convertirlos en cinematográficos. Forzosamente hay que tomarse ciertas libertades. ¿Qué se mantiene? ¿Qué se cambia? ¿Qué se reinventa? ¿Qué se quita? Yo no quería copiar sino mantener la delicadeza del dibujo de Camille Jourdy desde un punto de vista visual.

¿Ha quedado fuera algún aspecto que te hubiera gustado mantener pero la narración cinematográfica no permitía?

Julien: Hay muchos sueños y elementos oníricos en la obra original que me gustaban, pero veía que no encajaban bien en la película que tenía pensado hacer. No es que no pudiera incluirlos, es que simplemente no los veía.

Alice, ¿conocías el cómic?

Alice: No, no lo conocía. Y decidí no leerlo antes de rodar la película. No quería dejarme influenciar por Camille, sino seguir el universo de Julien. Y la verdad es que con el tiempo he pensado en que tenía que leerlo, ¡pero todavía no lo he hecho!

Echando un vistazo a vuestra filmografía, comprobamos que Rosalie Blum es una clase de película bastante alejada del resto. Julien, tú por ejemplo, te has movido entre el polar, el drama y la comedia. Y Alice, a ti te conocemos en España por un drama histórico, Mayo de 1940, y por la última película de Verhoeven, la estupenda Elle.

Julien: Como guionista me gusta mucho trabajar en géneros muy distintos. Para mi primera película, sin embargo, necesitaba encontrar algo que me enamorase de manera auténtica. Sin alejarme del estilo que creo que es mío y está ahí. Quienes me conocen, dicen que esta película se me parece.

Alice: La verdad es que eso es lo que busco, es decir, tener acceso a personajes y universos muy diferentes. Es mi trabajo, la naturaleza de mi oficio. Y después está la suerte de que los directores se fijen en ti.

 

El primer punto fuerte de la película es su marcado sentido del suspense.

Julien: Sí, es un thriller de lo cotidiano. El espectador, al principio, es como el personaje de Vincent. Se pregunta que quién es esa mujer y qué es lo que quiere. En ese sentido, he trabajado el suspense de una manera muy consciente.

Después estaría la ambigüedad con que se empieza a contar el seguimiento del peluquero a Rosalie, la incógnita respecto a la naturaleza de esa obsesión.

Julien: Vincent está convencido de que ya ha visto a esa mujer. Es un déjà vu. Cuando decide seguirla, se convierte un poco en la pimienta que da energía a su vida. Ni él mismo sabe lo que está haciendo. Se les irá revelando, detalle a detalle, tanto a él como a los espectadores. Juntos irán comprendiendo el misterio. Y lo mismo sucede con cada uno de los personajes.

Y otro aspecto que destaca es la relación que establecen tía y sobrina.

Julien: Me parecen muy interesantes esas familias donde alguien consigue una conexión con un miembro que en principio parece bastante más alejado del resto. Rosalie y Aude no son de la misma generación, pero se dan cuenta que tienen muchos puntos en común. Se reconocen y enriquecen mutuamente. Noémie y Alice han entendido e interpretado de maravilla esta relación.

Alice: Quiero recalcar que para mí lo más valioso es el conjunto de la historia. A mí me atrajo todo en general. En cuanto a esa relación, sí es interesante ver cómo el hecho de conocer a alguien en un momento cualquiera de la vida te puede marcar para siempre. Creo que la manera en que Julian lo ha tratado ha sido muy poética y bonita.

¿Dónde situaríais Rosalie Blum dentro del ecosistema cinematográfico de vuestro país? Ahora en España, casi cada mes se estrena una película, comedia o no, a la que le sigue la coletilla “película francesa del año”. Es casi una epidemia que desató Intocable.

Julien: Mientras la hacía, siempre tuve la sensación de no haber visto nada parecido. En Francia hay un cine muy, muy variado. La comedia gusta, o el tipo de películas que indicas, y los productores tienen ya la receta, entre comillas. Buscar un nicho donde encajar algo que parezca distinto y guste la vez me parece importante. Una película como Rosalie Blum, de entrada resulta difícil de encasillar, porque tiene suspense, misterio, comedia. Hay que pelear más y es más complicado presentarla.

Alice: Cuando leí el guion, fue un flechazo. No acostumbro a leer cosas así. Para mí, se salía de lo normal y cotidiano. Sin duda, me alegra haber formado parte de esta aventura.


Noémie Lvovsky en ‘Rosalie Blum’

Fotografías: Nacho López

Agradecimientos a Julien Rappeneau y a Alice Isaaz. A Owen Thompson por la tareas de comunicación, y al departamento de prensa de Surtsey Films


ent.sa

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