A través de una circunferencia


Feng Xiaogang (1959) es una curiosa rara avis dentro del ecosistema cinematográfico chino. Por un lado, no está adscrito a ninguna generación, que es el sistema habitual con el que se agrupa a los realizadores del Reino del Medio, habiéndose quedado en una tierra de nadie entre la Quinta (para entendernos, la de Zhang Yimou, nacido en 1951) y la Sexta (la correspondiente a cineastas como Jia Zhangke, que vino al mundo en 1970). Y por otro destaca lo particular de una trayectoria que va desde el primer impulso al género llamado “Hesui Pian”, una serie de taquilleras comedias destinadas a proyectarse entre diciembre y febrero, el periodo en torno a la celebración del nuevo año chino, hasta la posterior entrada en terrenos dramáticos con una adaptación de Hamlet (The Banquet, 2005) u otros proyectos con el propósito, no del todo conseguido, de abrirse a mercados occidentales (en Back to 1942, participan Tim Robbins y Adrien Brody).

Con Yo no soy Madame Bovary da un paso nuevo, se diría que con vistas a explorar mejor el territorio de los festivales internacionales, y ha preparado una película eminente y radicalmente formalista. Tanto, que acaba resultando una de esas a las que siempre precederá lo exclusivo de su concepto. Ya se ha corrido la voz: es el primer largometraje presentado en un perfecto formato circular durante unos buenos tres cuartos de sus dos horas y ocho minutos de duración. La Concha de Oro en San Sebastián 2016 que recibió la cinta indica que Feng Xiaogang ha ganado una parte de la apuesta, al menos entre un determinado sector del público especializado, aplicando un monolítico condicionamiento de estilo a las desventuras de Liu Xuelian, una mujer coraje que se enfrenta a la mastodóntica maquinaria de un sistema que hace caso omiso a sus solicitudes de amparo ante las injusticias derivadas de un divorcio fraudulento.

Asimismo, en consecuencia, el despeje de la incógnita marcará la primera opinión del espectador. ¿Funciona el relato? ¿La forma contribuye de veras a la elaboración del discurso y el contenido? Las palabras del autor cuando se le ha preguntado al respecto no ayudan mucho, pues las razones que ha dado de que así, al optar por una circunferencia como marco de las imágenes– recurso que tampoco remite a una tendencia figurativa concreta -, se sostiene el carácter chino de la historia, es igual que no decir nada. Al final hay una alternancia, y nada más, entre composiciones pictóricas de gran hermosura y fuerza (básicamente los planos más generales) e imágenes en las cuales casi parece que de manera rutinaria simplemente se ha practicado un agujero a la tarjeta negra que cubre el encuadre. Poco aporta la idea. Tan solo cabría destacar un valor por contraste con aquellos momentos cuando se pasa al formato cuadrado: un insólito 1.00: 1 en las escenas que transcurren en Pekín y corresponden a las reuniones de cuadros del PCC, la parte satírica y sin duda más interesante del largometraje. Y estaría después la otra ruptura mediante el formato scope en dos ocasiones, muy significativa la segunda, epílogo fundamental que da sentido a la lucha individual de la protagonista.

Fuera de todo lo anterior, queda una actualización apenas comprensible, muy desacertada incluso, del arquetipo literario chino de Pan Jinlian, la femme fatale presente en los clásicos A la orilla del agua y Flor de Ciruelo en Vasito de Oro, y que se retoma en la novela homónima escrita por Liu Zhenyun, también responsable del guion. La complicidad de Feng Xiaogang y su libretista con el personaje femenino resulta no ser tan consistente como pretenden hacernos creer. Justo lo contrario que le sucede a Bingbing Fan, Concha de Plata sí merecida a la mejor actriz. Están las ridículas ideas y peticiones para asesinar al marido, una subtrama inicial que no encaja mucho dentro del conjunto, pero estas y otras debilidades se quedan cortas frente al incoherente significado que el cineasta otorga a la desagradable escena del hotel: demuestra muy poca honradez con el personaje y una bochornosa incomprensión del material sobre la condición femenina que maneja.



 

YO NO SOY MADAME BOVARY

Dirección: Feng Xiaogang

Intérpretes: Bingbing Fan, Wei Fan, Cehngpeng Dong

Género: drama, comedia. China, 2016

Duración: 128 minutos

 


 

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