La paz profunda del viento errante


Aquellos que percibieran que algo (o mucho) fallaba en el concepto y la concreción de Eden (2014), la cinta en la que Mia Hansen Løve trazaba la historia del house francés de los noventa siguiendo las vivencias de su hermano pinchadiscos, seguramente se reafirmarán, e incluso llegarán a entender más la razones del traspiés, una vez hayan visto la hermosísima El porvenir y se sientan tocados (y convocados) por los procesos de liberación que propone. Porque mientras en aquella historia de ascensión, pico y caída del artista, la directora parecía querer huir de la dinámica subidón-después bajón connatural a la experiencia de dicha música, y se decantaba por una sensación anticlimática continua a bajón que no funcionaba y ni siquiera libraba al relato de terminar luciendo como cualquier otro al uso, ahora el movimiento, el concepto en sí de trayecto y las energías sobre la base son bien diferentes: el inmenso logro de la cineasta no reside en concebir que la protagonista y el principal secundario fluyan (o lo intenten) a través de la historia y la película, sino que aquí se trate de la dinámica contraria: son la vida y su vicisitudes las que pasan a través de los mismos, es la construcción de la película la que se amolda, siempre en movimiento y siempre hacia adelante como una rueda que gira y gira, a los intentos de aprendizaje personal en el fluir.

Por todo ello, además, El porvenir cuenta con dos de los personajes más fascinantes que se han proyectado sobre las pantallas en los últimos tiempos. Esa profesora de filosofía (Isabelle Huppert es la mejor aliada posible que la autora jamás pudiera encontrar) que sintiéndose ya prácticamente vencida debe afrontar el futuro, y ese secundario, perfecto contrapunto a la protagonista, en la figura del brillante exalumno (Roman Kolinka aporta muy bien la pulsión) que desde el incorformismo y la contestación busca a la vez lo mismo, el sendero personal que conduzca al horizonte. Las comprensiones y las incomprensiones entre ambos, los acercamientos, las discrepancias, acompañarán la (re)construcción para sus respectivas supervivencias.

Desde la imagen de una inmensa cruz que homenajea a un muerto hasta la estampa final con una nueva vida en brazos y el arrullo, proponiendo la paz profunda del viento errante para el individuo y la paz profunda del rebaño de estrellas – como nos canta Donovan en su Deep peace y escuchamos en un momento capital del film-, una Hansen Løve verdaderamente directora, con la letra a, pues así lo demuestra al describir dos diques concretos que aprisionan a la protagonista mujer, ha hecho una película con vocación de aliviar las almas y marcar posibilidades a quien sienta en este mundo que ya no las tiene.


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EL PORVENIR

Dirección: Mia Hansen-Løve.

Intérpretes: Isabelle Huppert, Roman Kolinka, Editch Scob, André Marcon.

Género: drama. Francia, 2016.

Duración: 102 minutos.

 


 

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