Sobrevivir a la educación de los padres

Santiago Alonso 


En una secuencia de Foto de familia que muestra una sesión de psicoterapia, el paciente, que es uno de los protagonistas, confiesa que en su casa, cuando era pequeño, se enterraban los osos de peluche. Precedida de un comienzo de película donde vemos el entierro de su abuelo, una ocasión en la que se han juntado los miembros vivos de la familia, unos padres divorciados y unos hijos que no tiene mucho contacto entre sí, la chocante información se concreta después al saberse que la madre de este hombre realmente enterró su osito como parte de una educación, digamos, moderna y un tanto tronada. Para tratar a los niños como adultos… o algo por el estilo. Con detalles como estos, Cécilia Rouaud va dejando clara su pretensión de analizar el desapego entre familiares, a pesar de que los personajes que ha creado se quieran, y las consecuencias que tienen las elecciones radicales de los padres en una descendencia que, antes de llegar a la adolescencia, siempre estará a merced de los mayores.

La pretensión de la abuela, que sufre demencia senil, de ir a morir a un pueblecito donde pasaba los veranos con sus nietos, provoca en estos, tres adultos ya hechos pero no muy derechos (la hermana mayor trabaja como estatua viviente, la menor está obsesionada con su infertilidad y el hermano, el hombre en terapia, arrastra una depresión desde hace años), que algo cambie en la fractura emocional que les caracteriza como ente familiar. El resentimiento y la reconciliación, tanto con los demás como con nosotros mismos, son los temas que va deslizando la directora y guionista sin acentuar demasiado ni el tono dramático ni el cómico. Esta indefinición —que podría haber llegado a ser sumamente atractiva—, no termina de cuajar del todo en Foto de familia, aunque al conjunto le perjudica aún más la neblinosa información sobre el pasado de los padres. Se supone que eran típicos jóvenes enrollados durante los años setenta, y de ellos casi no se explica nada, aparte de que llamaron Mao a su hijo, que él se separó para liarse con jovenzuelas y que ella solo vivía para su trabajo. Por otro lado, eso sí, la cinta trasmite con elegancia y serenidad la andadura terapéutica que emprenden casi sin querer los tres hermanos. Y resulta muy significativo que en la fotografía a la que hace referencia el título solo salgan ellos, aparte de la importancia que cobra durante el epílogo.



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