El regalo de una flor a un jardín

Santiago Alonso


… pero, a pesar de todo, la primavera seguía estando ahí. En el primer confinamiento del extraño año 2020, muchos habitantes de las ciudades asistieron a la llegada de la nueva estación solo desde las ventanas (eso quien tuviera la suerte de tenerlas). Y no era necesario que dieran a un parque o una zonita verde comunitaria. He aquí la paradoja que surgió con el inusitado frescor, con el revitalizante soplo de vida, justo cuando alrededor había muerte, incertidumbre y maldad: aunque apenas pudiéramos rozarla con los dedos, la primavera nos esperaba de frente, resplandeciendo como hacía tiempo que no se veía, entre otras razones debido a la inédita reducción de la contaminación de nuestro entorno:¿cuántas décadas hacía que no existía una limpieza semejante?; ¿acaso los que no sobrepasamos los setenta años habíamos conocido algo similar? Bastaban dos bocanadas de aire con los ojos cerrados para sentirlo. Al abrirlos era fácil comprobar que la vuelta de la naturaleza al lugar que ha cubierto la mano del hombre se manifestaba también en los alcorques, las juntas entre losetas y las grietas del asfalto. Crecían altas las hierbas y se levantaban día a día plantitas raras; incluso, por fin, los colores salpicaban las superficies de los parques o punteaban por sorpresa escenarios urbanos. Una culminación floral a veces contenida en una sola flor, un minúsculo y radiante ejemplar al que rodeaba la basura. Unos jardines secretos que, según parecía, habían estado esperando la ocasión.

Cuando los ciudadanos empezaron a salir, dando unos paseos en horarios restringidos y circunscritos a un kilómetro a la redonda, se produjo la comprobación que maravilló más si cabe. Sí, la hierba había crecido tanto. Sí, en esa acera, precisamente en esa acera, había salido una planta. Sí, allí había flores. Y allí, y allí, y allí… Hasta que fuimos conscientes de una segunda paradoja: ¿hasta cuándo va a durar esta naturaleza ahora que, poco a poco, volverán las personas a pisar las aceras y los coches a circular por las calzadas?

En torno a la idea de recuperar la primavera que nos robaron y al concepto de jardín secreto se concibe La flor del día, una de las secciones de la undécima edición de (S8), la Mostra de Cinema Periférico. Como cada año, se celebra en A Coruña, si bien llega con unos meses de retraso debido a los acontecimientos que ya sabemos. De su habitual primera semana de junio se ha trasladado a principios de otoño, concentrando sus proyecciones entre el 27 de septiembre y el 3 de octubre. Este desajuste del ciclo estacional —honrar el nacimiento de la vida coincidiendo con los primerísimos pasos de su atardecer— otorga más sentido aún al ciclo cinematográfico que han preparado los organizadores. Básicamente, este consiste en la recogida y adecuada presentación, a modo de programa-jarrón o programa-herbario, de filmaciones cortas que versan sobre las flores y el mundo vegetal, todo desde perspectivas, miradas y manipulaciones de la imagen muy diversas. Es un poco como si, con un cine que fija en la pantalla el movimiento del crecimiento floral y los procesos de marchitamiento, aparte del esplendor intermedio, se recordara al espectador que lo que nos arrebataron y nos arrebatarán quizás más adelante también hay que buscarlo con la mirada: en el mundo y en una pantalla que, normalmente, no está destinada a la captación de cosas sencillas como eso, como una flor.

Parafraseando a nuestra manera a Donovan, La flor del día ofrece no uno sino cuatro regalos, en forma de ramilletes fílmicos, para nuestros jardines interiores, sean cuales sean. La primera entrega se presenta precisamente bajo ese epígrafe, «El jardín interior», y contiene una obra con solera que es una referencia de la animación underground estadounidense. Se trata de Asparagus de Suzan Pitt, una inmersión colorista y arrebatadora en el subconsciente de la mujer, donde no falta una revitalización consciente de los modos surrealistas más canónicos (las espirales, el juego con unos fondos oníricos…), a la vez que se incorpora el lenguaje y la estética del tebeo contracultural. Es inolvidable la significativa reinterpretación de la felación al espárrago, planta que es el motivo fálico que recorre una pieza que, por otro lado, reflexiona sobre la sexualidad femenina; pero sobre todo hay que destacar la alucinante secuencia del teatro, resultado de una prodigiosa mezcla de animación clásica de dibujo sobre fondo dibujado y stop motion.

«Flores encontradas» propone la idea de la recolección, de un cine hecho de la espiga de imágenes sueltas que se aprovechan para generar ideas, relatos o, tan solo, arrebatos estéticos. En Plantas trepadoras (2013) Julieta Averbuj compone un austero poema en blanco y negro partiendo de tres o cuatro fragmentos de celuloide y de enunciados sobreimpresos como: «La planta liberada del grano emerge del suelo». Con Cathode Garden (2019) se nos invita a disfrutar del cine collage. La autora, Janie Geiser, dispone sobre el tapete digital, con pulso alterado, lo que se intuye que es un recuerdo infantil, no se sabe si propio, a partir de la repetición de antiguas instantáneas familiares que se sazonan con el «pegado» de fotos de plantas, grabados anatómicos y de animales. Por último, llega la no menos inquietante I Began to Wish (2003), pieza con la que la irlandesa Julie Murray mezcla la secuencia muda entre un padre y un hijo, que transcurre en un invernadero y en cuyos subtítulos se habla de un asesinato, con las filmaciones científicas a cámara rápida que capturan el crecimiento de una fresa o un tomate, el deshielo sobre la hierba o una piña que se abre… Todos los fragmentos provienen de copias en 16mm afectadas por el síndrome del vinagre, una circunstancia que, sumada al hecho de que se reproducen hacia atrás y hacia delante, contribuyen a la sensación de que eso que se ha empezado a desear no va a ser algo positivo.

«Naturaleza muerta», el programa de la tercera jornada, está dedicado como su nombre indica a una modalidad clásica del arte figurativo: los cuadros sin personas y con seres que ya no están vivos. La manera de llevar dicho concepto a la fotografía en movimiento que propone Shiloh Cinquemani en Narcissi (2013) consiste en proyectar planos intermitentes, agrupados en función de la distancia y apertura focal, de un ramo de capullos de narciso sin abrir que han puesto delante de un balcón. Si alguien en la sala quiere derivar lo visto en metáfora sobre ¿la juventud?, es cosa suya, pero, eso sí, se avisa que la experiencia no es apta para epilépticos. Después, la taiwanesa Erica Sheu refleja en pantalla con Transcript (2020) el proceso de conversión de unas ramas con florecillas pochas en unos folios azules. ¿La cámara ha hecho que una realidad física varíe hasta transfigurarse en otra o que su esencia pase a otro soporte material? Por último, los 7 minutos de WASTELAND NO. 2: Hardy, Hearty parecen un álbum de aceleradísimos estampados abstractos que Jodie Mack pinta con el verde, el morado y el amarillo de varios pétalos congelados, además de con el gris raíz y el gris tierra.

Cierra esta singular sección un cuarto programa dedicado a la figura de Claudio Cardini, una voz imprescindible del experimentalismo audiovisual argentino desde los años setenta, pese al reconocimiento tardío en su país. Es uno de los autores predilectos de la (S8). Con su presencia en ediciones anteriores conocimos una obra enfocada a provocar sobre todo experiencias sensoriales en el público, en concreto a «mesmerizarlo», tal y como propone Cardini por las connotaciones de sanación ritual que implica el término. Interesado en sus inicios en la intervención en la película de celuloide como acción artística, posteriormente un viaje a la India (1975) constituyó una experiencia decisiva en el devenir «oriental» de su filmografía. El taoísmo, por ejemplo, estaba detrás de la idea de repetición que define Cuarteto (1978), el primer título del programa, donde filma flores, ramas y hojas de tilo influido por la técnica pictórica china sumi-e, que se desarrolló durante las dinastías Tang y Song. La película concluye con la siguiente cita del Zhuangzi: «El propósito de las palabras es trasmitir ideas. Cuando las palabras se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras? A ese me gustaría hablar». Para acabar, se incluye la recentísima Poilean (2020), una filmación digital en la que el argentino pasea su cámara por un campo de girasoles, acercándose con el objetivo hasta chocar contra ellos, casi como si quisiera traspasarlos, y siguiendo un movimiento que recuerda a la fluidez del tai chi.

Cada sesión de La flor del día estará presentada por la especialista Elena Luque, quien hablará sobre los autores con sucintos comentarios críticos que se han grabado en diversos lugares de la ciudad gallega que acoge la Mostra. Supone esta una oportunidad muy propicia, tanto para que conecten con el cine experimental los espectadores que no lo hayan hecho hasta ahora como para que disfruten los ya apasionados. A modo de unos Ludi Floreales para el tercer milenio, la sección del festival sirve para honrar a la diosa Flora, que no nos abandonó del todo durante los complicados últimos meses de marzo, abril, mayo y junio.


Aquí puedes ver LA FLOR DEL DÍA #1

Aquí puedes ver LA FLOR DEL DÍA #2

Aquí puedes ver LA FLOR DEL DÍA #3

Aquí puedes ver LA FLOR DEL DÍA #4



MÁS (S8)

En la presente edición, la programación del (S8) suma a las proyecciones en las distintas sedes coruñesas (la Sala Palexco, el CGAI, el Domus y el Fundación Luis Seoane) la posibilidad de conectarse en línea coincidiendo con la proyección, para disfrutar el festival también desde casa, el mismo día y a la misma hora. Este formato dual va a permitir que muchas personas tengan acceso a una cita cultural que lleva mucho tiempo cumpliendo una muy destacable labor en la difusión del cine experimental.

La Mostra (completada con performances y encuentros) sigue con sus secciones habituales: Sinais, Xerme y Observatorio. Además incorpora un nuevo formato aparte del coyuntural La flor del día. Se trata del programa en red titulado Camera Obscura, que, a imagen y semejanza de mítico Screnning Room estadounidense (1972-1981), se propone dar a conocer los grandes nombres del vanguardismo cinematográfico, incluyendo entrevistas con ellos y algunas obras clave. Por él desfilarán las figuras de Amy Halpern o Alexandre Larose, aparte de que se realizara un homenaje in memorian a Luther Price.


Aquí tienes toda la programación de (S8) XI MOSTRA DE CÍNEMA PERIFÉRICO

Agradecimientos a la organización de la (S8) y especialmente a Andrea Morán, pues gracias a ella ha sido posible publicar este artículo


 

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