De la euforia a la furia

Santiago Alonso 


Un chaval refugiado en la precaria seguridad de su casa se acerca a la mirilla de la puerta. Al otro lado, en el descansillo, un adulto intenta salvar la vida y le pide, en nombre de la ley y de la piedad, que abra. La tensión es máxima y el miedo atenaza al chico. Fuera, la ferocidad del momento parece que puede arrasar con todo. Pero la mano que podría ser salvadora echa, tras alguna vacilación, el cerrojo. Este pequeño gesto, casi imperceptible entre tantos actos brutales que está mostrando la pantalla, y llevado a cabo por parte de alguien tranquilo a quien la violencia de los demás ha acabado afectando, probablemente sea uno de los más devastadores durante el desenlace de Los miserables, unas secuencias que recogen el anunciado desbordamiento de una tensión acumulada minuto a minuto, ya desde el principio.

El lugar donde acontece todo se llama Montfermeil, municipio suburbial al este de París. Victor Hugo situó allí los episodios de los pérfidos taberneros Thénardier en la novela de la que el largometraje toma el nombre prestado, el inmortal clásico que culmina con la Rebelión de junio de 1832. La zona fue también uno de los epicentros de los disturbios de 2005 entre cientos de jóvenes y las fuerzas del orden. Ladj Ly, cineasta galo de ascendencia maliense, cita el libro desde la posición que le da el haber vivido siempre en dicho suburbio y el haber visto de primera mano tanto las mencionadas revueltas (su primer trabajo, 365 días en Clichy-Montfermeil, presentaba material filmado in situ) como las distintas tensiones sociales que no han acabado aún a día de hoy. Y lo hace estableciendo un sencillo paralelismo entre ambas épocas que certifica con la inclusión de una más que reveladora frase de Hugo: «Amigos míos, quedaos con esto: no hay malas hierbas ni hombres malos, tan solo malos cultivadores».

Formado en el colectivo de cineastas Kourtrajmè y con una reputación labrada en el documental, Ly toma como base para su primera película de ficción un cortometraje previo rodado hace dos años y se propone adecuar sus intenciones, que no son otras que señalar cómo la degradación donde se ven inmersos muchos franceses considerados de segunda categoría sigue produciendo injusticia y dolor, a un modelo de policiaco que seguramente le sonará al público. Como muy bien se señaló tras su paso por Cannes, donde se alzó con el premio del jurado, Los miserables presenta muchos aires a títulos estadounidenses como el filme Training Day o la serie The Wire, algo que, sin embargo, no constituye un problema, porque se han adaptado los cánones genéricos sin caer en la mímesis coyuntural: no se transforma la barriada europea en un sucedáneo inverosímil de Los Ángeles o Baltimore, sino que el escenario de la trama podría ser mismamente el portal de la casa donde vive el ciudadano Ly. Y la radiografía que se hace de la pobreza, la supervivencia y la rabia es algo que no debería ver muy lejana ningún espectador del Viejo Continente.

Aparte de la excelente captación del ambiente, así como el muy provechoso y significativo empleo de los drones (en manos del realizador, por un lado, y en las de un personaje, por otro), otras dos claves hacen funcionar tan bien esta crónica de la infernal «jornada de entrenamiento» de un nuevo agente en la BAC (Brigada de Lucha contra la Delincuencia, en francés) junto con unos compañeros cuyos métodos para mantener a raya a los clanes de Montfermeil chocan bastante con lo que él entiende como trabajo policial. Primero está el excelente tratamiento de los personajes principales, explicados todos y cada uno de ellos como individuos, ya sean peores o mejores, ya sean abusadores o humillados, que transitan a diario por un polvorín siempre a punto de estallar. Y segundo, el recorrido anímico que enmarca el relato, su inicio y su final. Se pasa de la euforia a la furia. De la celebración colectiva por el triunfo de la selección nacional en los mundiales a la exclusión social a la que se ven condenados muchos franceses por su origen, con la violencia y la desesperación que se le siguen. Los muchos Gavroche del siglo XXI están ahí, abandonados en los márgenes de la República, y pueden revolverse en cualquier momento contra sus mayores.



 

LOS MISERABLES

Dirección: Ladj Ly.

Intérpretes: Damien Bonnard, Alexis Manenti, Djibril Zonga, Issa Perica, Jeanne Balibar, Steve Tientcheu.

Género: policiaco, drama. Francia, 2019.

Duración: 100 minutos.

 


 

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