Irene Bullock


Una mujer avanza despacio, vencida, dejando atrás un decorado ya a oscuras, con todos los focos apagados y el atrezo a los lados, totalmente vacío y en silencio, hasta llegar a la puerta de salida. La abre, espera un poco en el umbral, y es una sombra que desaparece. La ha observado brevemente un director de cine que ha terminado su jornada, que es probable que esté pensando en la secuencia que rodará al día siguiente. De pronto parece que esa silueta le trae recuerdos del pasado, pero se da cuenta de que solo es una visión… La puerta se cierra. Esta es la última secuencia de Estrellas fugaces (Shooting Stars, 1928) de Anthony Asquith y A. V. Bramble. Y esa sombra que desaparece es Mae Feather (Annette Benson), una actriz de éxito, que ha caído en el más absoluto olvido. Y ese director fue su marido, Julian Gordon (Brian Aherne), un actor que antes ejercía de galán y héroe de sus películas. Hasta alcanzar ese momento, la vida de ambos ha dado un giro por una tragedia. Esta última secuencia es bella, pero también demoledora.

Y estos dos personajes abren también la película. De la oscuridad de la realidad a la ilusión luminosa de las imágenes de cine. Una pareja de enamorados. Ella, subida a un árbol; él, montado en su caballo. Ella parece una inocente heroína a lo Lilian Gish o Mary Pickford. Él es un galán como un John Gilbert o un Charles Farrell. Todo es hermoso e idílico. De pronto ella besa a una paloma… y esta le pica el labio. Entonces se va abriendo el encuadre, y se descubre que están en un decorado, que el árbol es falso, y el caballo también. Que ella, cansada y malhumorada, está enfadada con la paloma; que él trata de calmarla con ayuda del director. La paloma vuela por el decorado, están en un estudio de cine. La estrella se dirige hacia su camerino, y en un plano secuencia sorprendente se ve cómo al lado, en un piso superior, se está rodando otra película en un decorado diferente, una comedia, con un personaje con guiños a Chaplin… Actores, directores, técnicos, todo un estudio de cine en ebullición, vivo. El actor cómico es el tercero en discordia, Andy Wilkes (Donald Calthrop), que no es sino el amante de Mae. Una mujer se ríe ante la actuación de Wilkes; es una periodista que aprovecha que está ahí presente Mae para pedirle una entrevista en el camerino. Esta la cita para unos minutos más tarde. Una vez allí Julian se comporta como un marido enamorado, y Mae como una estrella un poco cansada de todo. Se quitan los disfraces y se muestran tal y como son. Llega la periodista y ante ella los dos posan como un matrimonio feliz, y la estilográfica de esta así lo escribe en su cuadernillo. Mientras, fuera, los técnicos y las actrices secundarias rumorean y cuchichean sobre un posible idilio entre la actriz malhumorada y Andy… Cuando salen del camerino, se cruzan con el actor cómico, que ahora es un elegante y distante caballero, y Mae le dice ilusionada a su marido que si le parece bien que vaya con él a un espectáculo. Este se ríe y accede encantado. Ella sale con Andy del estudio y allí les espera una legión de fanes  a la caza de un autógrafo.

En sus primeros minutos, Estrellas fugaces ha enseñado el cine como ilusión, como sueño, para luego reflejar que todo es un «mundo creado» en unos grandes decorados, en un estudio de cine, un engranaje que funciona como una industria ordenada para alimentar los sueños de los espectadores y que crea a sus estrellas, pero que, como veremos más adelante, también las hunde. Y a la vez se ha hilvanado el triángulo amoroso: esos tres actores que construirán una tragedia tras las cámaras de cine.

 

En la sala de cine

Desde el Reino Unido, el director, y en esta película también guionista, Anthony Asquith, y el actor y director A. V. Bramble crearon una película sobre cine dentro del cine donde no solo es interesante lo que cuentan, sino también cómo lo cuentan, con una modernidad y un dominio del lenguaje cinematográfico total e innovador. Además los actores controlan  sus registros, especialmente Brian Aherne, quien ofrece una actuación contenida, rica y moderna, con poco aire de actor de cine mudo (de hecho esto se nota especialmente cuando se proyectan las imágenes ficticias de las películas que ruedan los personajes y cuando se filman sus «vidas reales»), e incluso su físico tiene un atractivo muy especial.

Pero además Estrellas fugaces pone de manifiesto el funcionamiento de la industria cinematográfica en el Reino Unido y también las influencias  de Hollywood en Europa durante los años del cine mudo. Así como la magia que ejercía el cine entre el público.

La película tiene una secuencia clave. Julian Gordon decide ir una tarde a ver una película de él mismo con su esposa Mae, y el personaje cae tan simpático que incluso este ejercicio de narcisismo inspira ternura. Se encuentra en la sala de cine como un espectador más, detrás de él hay dos niños. Julian vive la ilusión, la tensión y la emoción que provoca la película de aventuras y reacciona ante las secuencias que él mismo protagoniza igual que los muchachos que están detrás de él.

Otro aspecto curioso es que pese a los deseos que Julian verbaliza en un momento dado, le gustaría que su vida se pareciera a la de las películas que protagoniza , se nota que esta inspira también las secuencias que ruedan como personajes de ficción. De hecho, en  la película cómica que está protagonizando Andy hay una infidelidad, y los métodos que emplean los protagonistas para engañar al marido son bastante similares a los que él y Mae están usando para mentir a Julian.

Por otra parte, viendo la película se puede descubrir cómo eran los rodajes en estudio y también cómo salían al exterior para rodar. Los distintos trucos que empleaban y los métodos de trabajo. Se refleja la manera en que se iba creando una mitología alrededor de los actores y la importancia de los medios de comunicación como las revistas de cine o la radio.

Estrellas fugaces también muestra una de las realidades más oscuras dentro de la industria cinematográfica, sobre todo durante los primeros momentos de su historia. Y eran los riesgos que se asumían en los rodajes, pues había accidentes muy graves y ser doble era una profesión de muchísimo peligro que a veces se saldaba con la muerte. También aparecen los contratos leoninos que se imponían a las estrellas, donde incluso se añadían cláusulas sobre cómo debían comportarse en su vida privada, con la subsiguiente amenaza de perder su trabajo o caer en el olvido si se salían de los dictados del estudio.

Por otra parte plasma el hecho de que había actores que caían  en el  olvido por distintos motivos. No hay más que mirar en los créditos reales de Estrellas fugaces. De la actriz que hace de Mae, Annette Benson, no se encuentra apenas información después de 1931. Se puede pensar que fue una de tantas que no pasó la transición del cine mudo al hablado. No ocurrió lo mismo con el actor que hace de Julian Gordon, Brian Ahern, quien tuvo una larga carrera cinematográfica y cruzó el océano para trabajar en Hollywood junto a Joan Crawford, Katherine Hepburn o Rosalind Russell. El actor que hace de Andy,  Donald Calthrop, fue uno de los intérpretes habituales en la primera etapa de Alfred Hitchcock y de Michael Powell (cuando trabajaba todavía sin Emeric Pressburger). Con los directores ocurrió algo similar. A. V. Bramble no filmó cine hablado, pero no ocurrió así con Anthony Asquith, que tuvo una larga carrera con títulos interesantes como Pygmalion   o La versión Browning.

 

Un pintalabios, una llave y una bala

Dentro del aspecto formal de la película destaca la importancia que adquieren algunos de los objetos, que además son fundamentales para contar esta historia de infidelidad, muerte y tragedia. Un pintalabios, una llave y una bala se convertirán en protagonistas de varias secuencias. La bala creará una situación de tensión alargada en el tiempo, que estallará en el drama que cambiará la vida de los tres personajes durante el rodaje de sus respectivas películas. Y es curioso el juego de palabras que se provoca, nunca mejor dicho, con el título original de la película: shooting como sinónimo de rodar a las estrellas, pero también con su significado literal, «disparando» estrellas…

Otro de los momentos claves de la película es el descubrimiento por parte de Julian de la infidelidad de Mae y Andy, y cómo este surge como un espectro de una habitación a oscuras: la infidelidad vista como espectador de excepción. Y hay logros técnicos bastante innovadores para la época, como el breve uso de la cámara subjetiva durante el accidente en bicicleta del doble de Andy, o durante la última secuencia en la que actuará el actor cómico, donde ocurrirá la tragedia final.

Shooting stars es una película para rescatar del olvido. En ella ya se plantean pautas interesantes del tema cine dentro del cine, e irá escribiendo, junto a otros filmes con esta premisa, una particular historia del séptimo arte, fotograma a fotograma.


Diario cinéfilo de una dama

Me llamo Irene Bullock y junto con Godfrey, mi hombre olvidado favorito, dirijo un restaurante de éxito, The Dump, pero ahora tengo un nuevo hobby: teclear y teclear una y otra vez. Mi mente es un poco desordenada, algo alocada, ando siempre algo descentrada, y necesito un descanso… mental. Mi gran amiga Hildy Johnson decidió un día regalarme una máquina de escribir, y me dijo: «La escritura hará que te concentres un poco, querida Irene, escribe sobre lo que más te plazca». Y yo descubrí que era feliz viendo películas, pero que adoraba también los entresijos del cine… ¿Cómo unir esas dos pasiones? ¡Escribiendo sobre películas que su tema principal fuese el cine dentro del cine! Además me di cuenta de que mientras tecleo en mi máquina, ese es el único momento del día  donde mi cabeza encuentra un poco de paz , pero sigo siendo creativa. Este es mi diario… de todas las películas en las que voy buceando y que me permiten además contaros la historia del cine. Ahhhh, mi vida sigue siendo una fiesta continua, así logro enfrentarme a todo… y de esta forma conozco cada uno de los mecanismos de los fotogramas donde habito.

 


Fotografias: BFI, IMDB


 

2 Comentarios »

  1. ¡Hola, hola! Paso a presentarme, soy Bet y he llegado hasta aquí a través de un pasadizo secreto por el que me condujo una amiga en común, Hildy Johnson.-
    ¡Qué interesante suena esta película! Intentaré dar con ella, me fascina el cine mudo y ni que hablar si además se mira a sí mismo. Las historias de cine dentro del cine se cuentan entre mis favoritas.-
    ¿Puede ser que haya un cierto aire a Pagliacci en esta historia?
    Un beso grande y mil felicitaciones y roturas de botellas de champaña por este nuevo espacio,
    Bet.-

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    • Qué alegría, Bet, leerte. Hildy Johnson ya me había hablado mucho de ti. Brindemos con champán. Si te gusta el cine mudo y la temática Cine dentro del cine, Estrellas fugaces te va a fascinar.
      ¡Pagliacci, ayyyyy! ¡Otro dramón!¡Otro trío! ¡Y una mezcla de los límites de la realidad y ficción!… pero verás que la resolución de Estrellas fugaces es otra.
      Te espero en The Dump

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