Afectos y necesidades

Santiago Alonso 


Es curioso y de veras gratificante comprobar el modo en que últimamente se están revalorizando las posibilidades de ciertos géneros híbridos que apenas se han apreciado en el pasado, tales como el docudrama y otras ficcionalizaciones guiadas por un eminente afán pedagógico. De hecho, en un mismo año llevamos dos largometrajes que, pese a estar concebidos bajo distinto signo y proceder de cinematografías dispares, comparten la misma naturaleza, que no es otra que presentarse como un indisimulado publirreportaje sobre la adopción. Hace tres meses se estrenó la comedia estadounidense Familia al instante, y ahora llega la coproducción franco-belga En buenas manos, a cargo de Jeanne Herry. Tanto una como la otra ajustan su estructura narrativa al proceso, paso a paso, de un caso concreto, y proponen una óptica instructiva que siempre se acaba anteponiendo a cualquier recurso de la dramaturgia y la guionización. Eso sí, mientras la primera potenciaba el carácter humorístico, tirando hacia un modelo guasón bien reconocible para entendernos: su creador, Sean Anders, es el responsable de Padres por desigual, la segunda puede considerarse su reverso dramático, más solemne y atento al detalle.

La cinta trata el nacimiento de Theo, su entrega en el programa de adopción por parte de la madre biológica y el complejo trabajo colectivo para conseguirle una adoptiva. Herry procura en todo momento no despegarse del hecho explicativo, pues su discurso analiza con detenimiento las instituciones galas, y hace un retrato no acartonado de los profesionales y las demás personas que participan durante el cuidadoso procedimiento. La cineasta plantea simplemente —palabras muy parecidas les dice una de las trabajadoras sociales a unos candidatos cómo se efectúa la unión de dos vidas que provienen de caminos diferentes. El protagonismo es coral: médicos, enfermeras, psicólogos, asistentes en las distintas fases, familias de acogida, posibles familias finales… Y los temas, ¡qué diferente parece Francia!, se van desgranando a medida que aparecen estas personas; por ejemplo, la ayuda a la madre biológica, la evaluación psicológica de niños y adultos, o las posibilidades de que una madre divorciada se acoja a los programas. La cuidada puesta en escena, más ciertos ganchos puestos con la finalidad de que mantengamos la atención, contribuyen a que el mensaje instructivo se comprenda y le sea útil a quien se esté planteando crear un lazo vital con un menor necesitado de afecto y protección.



 

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