“Hay que pasar del discurso a la práctica”


Los papeles que la mujer de hoy debe desempeñar: la madre perfecta, la esposa perfecta, la trabajadora perfecta. ¿Se puede ser todo eso y, a la vez, reconocerte a ti misma? Es la pregunta que se hace Rosa, una publicista y escritora de cuarenta y pocos años, perteneciente a la clase media brasileña, que se siente atrapada entre las generación de su madre y la de las jóvenes. El camino que emprende la protagonista para intentar descubrir su auténtico yo se cuenta en Como nuestros padres, cuarto largometraje de ficción de Laís Bodanzky, directora que solo había estrenado antes en nuestro país Las mejores cosas del mundo (2010). Acompañada por la actriz Maria Ribeiro (el díptico Tropa de élite), quien encarna a Rosa, vino a Madrid a promocionar su trabajo y este fue el encuentro con la Revista Insertos, una charla en la intentamos desentrañar alguna de las claves de la cinta.

 

Tratándose de un película sobre cuestiones domesticas problemáticas en relación con la mujer, llama la atención que la protagonista trabaje escribiendo sobre sanitarios (Ríe Laís). Una curiosa caracterización de un personaje que vive una situación delicada dentro de la trastienda familiar.

Laís: Ahora que lo hablamos es divertido, pero confieso que fue algo inconsciente. Es de todas formas muy interesante recoger estas opiniones para sacar lo que hay detrás de la película.

La primera cosa que salta a la vista es que Rosa está a cargo de un sinfín de cosas en su día a día, condicionada por las cargas familiares y sociales.

Maria: Efectivamente, queríamos hablar de la mujer contemporánea, alguien que tiene que hacerlo todo. Observando la historia de las conquistas sociales de la mujer, como hacer oír su voz a través del voto o el mayor acceso a la vida política, comprobamos que no se ha traducido en cambios dentro del hogar. Son papeles diferentes y difíciles de combinar. Además parece que incluso deja de ser una mujer erótica cuando está en casa o cuando ha alcanzado una cuota de poder. El hombre podía antes tener todos esos papeles a la vez, pero la mujer no. Nosotras también lo queremos, aunque a veces es difícil porque no sabemos cómo hacerlo. Hay que pasar del discurso a la práctica.

Laís: Es curioso, a veces necesitamos una visión externa, que a menudo viene de los hombres, para darnos cuenta de que estamos viviendo como unas superwoman. Yo, por ejemplo, tengo dos niños varones y he escuchado mucho: «Ah, pues tienes que tener una niña, porque los niños no van a cuidar de sus padres más tarde». Eso lo veo también con mis hermanos, que no cuidan de mis padres. Estamos tan acostumbradas a ese papel de hacerlo todo que no nos damos cuenta que somos heroínas.

La directora Laís Bodanzky

Creo, Laís, que tú lo expresas muy bien en la película con ese plano recurrente con el que separas en dos el espacio doméstico. A un lado vemos el dormitorio del matrimonio y al otro la habitación de las hijas. A ella siempre la vemos en esta última. Se crea una especie de espacio femenino. De hecho, cuando la protagonista se marcha de casa, el padre se lleva a sus hijas al dormitorio y no pisa el espacio femenino.

María: Sí, es verdad.

Laís: (Ríe otra vez antes de contestar) ¡Muy bueno! De nuevo, no fue algo consciente. Seguramente es una reproducción de la vida real. Y es así, el hombre lleva las cosas a su universo y no deja de ser quien es, mientras que la mujer se autocancela y va al universo de los demás, a veces descuidándose a sí misma. Me gusta mucho tu visión del plano que comentas. Lo que sí es cierto es que la elección de ese piso concreto, con ese pasillo y ese plano de las habitaciones, fue algo que busqué junto al director de fotografía.

Conflicto generacional, he ahí el otro punto fundamental de la película. Veo que, en vuestra historia, hay una especie de interrupción, porque los padres de la protagonista parecen personas más avanzadas, como gente de los sesenta que son, y ya han resuelto esos temas. Después aparece la generación posterior a la de la protagonista, encarnada en su joven hermanastra, que le dice a Rosa que está atrapada en cosas que muchas mujeres ya han superado. ¿Qué les ha pasado a ciertas personas que han cumplido los treinta o cuarenta años?

Laís. Bueno, no es necesariamente una interrupción, sino una consecuencia. Esta chica está encajonada entre dos generaciones, de acuerdo. Es hija de una mujer que ha pertenecido a movimientos feministas y se ha movido en espacios contraculturales. Pero como madre sigue siendo opresora y machista en el trato que dispensa a su hija. Le dice que simplemente tiene que aceptar sin protestas que su marido coja la maleta y se vaya a trabajar lejos. ¿Dónde está la modernidad en esto? Lo que hay aquí es un abismo entre el discurso y la práctica. Luego la relación cambia, hay un reencuentro entre ellas dos, un momento de solidaridad. La madre por fin llega, en un momento dado, a decirle a la hija que sea transgresora, no como al principio.

Maria: ¡Quédate en casa cuidando de tu hijos! Quizás es un esquema biológico, que cuando creemos tener muy clara nuestra crítica, al final repetimos con nuestros hijos aquello que criticábamos.

Creo que al final al espectador le queda una duda. ¿La transgresión es completa y real? (Risas generales). Está el detalle de descubrir que la obra que ha escrito la protagonista es una continuación de Casa de muñecas.

Laís: Creo que el interés de cada película reside mucho en la manera en que cualquier espectador se relaciona con ella. No hace falta tener la explicación del autor. Cada uno puede verla como quiera. Yo misma puedo ver una película hoy de una manera y dentro de diez años verla de otra, porque yo habré cambiado. Mi opinión no es la verdad. Yo, como persona, si espero que Rosa haya tenido un amante. Se lo deseo, pero lo importante no es tener un respuesta objetiva a esta cuestión, sino el hecho de saber que ella buscaba respuestas respecto a la relación con su madre y su marido. Lo importante es que se opere de verdad un cambio interior.

Maria: No importa tanto que haya tenido amante o no, sino que se haya concedido a sí misma el sentir atracción por otros hombres o sentir celos. Se ha autorizado a experimentar liberándose de los estereotipos. No sabemos hasta dónde llega, ¡pero por lo menos sí que le ha dado un beso al Pedro [el nombre del personaje] ese!

Laís: ¡De eso estamos seguras! (Risas finales).


Maria Ribeiro en Como nuestros padres

 


Agradecimientos a Laís Bodanzky, Maria Ribeiro y los compañeros de Surtsey Films


 

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