Fragmentos de Haneke

Anaís Berdié


Un largo y monótono plano de una mujer aseándose. El frío asesinato de un hámster. Un suceso aún más siniestro que termina con una llamada a una ambulancia. Tres instantes grabados y comentados desde el teléfono móvil de una joven que sirven de arranque y carta de presentación de Happy End, la última película de Michael Haneke. Una historia fragmentada y coral que reúne todas las obsesiones del cineasta: la violencia, el egocentrismo de las clases acomodadas, la hipocresía, la muerte.

Isabelle Huppert y Jean-Louis Trintignant repiten también a las órdenes del director austriaco-alemán tras su (merecidamente) muy laureada Amor. Es más, el personaje de Trintignant resulta ser el mismo de aquella historia, aunque dicha revelación funciona casi únicamente como guiño interno a los seguidores del trabajo de Haneke. Narrativamente, ambas películas no guardan muchas más conexiones.

Lejos del prodigio conseguido en Amor de retratar la vida misma con naturalidad y minuciosidad extremas, la última cinta del director aboga por el relato hecho de retazos y deja en manos del espectador la tarea de unirlos y darles forma. El problema es que introducirse en una de las asfixiantes microsociedades hanekianas como la de esta familia burguesa de Calais de forma tan fraccionada, ese entrar y salir en momentos aleatorios de las vidas de un puñado de personajes a los que no es fácil comprender emocionalmente, acaba difuminando demasiado el hilo narrativo de la historia y puede dejar al espectador con la sensación de no saber muy bien de qué quiere hablar en realidad el autor.

Como buen maestro a la hora de generar tensión visual, Haneke aporta un puñado de secuencias que consiguen sacudir la mente durante unos minutos (el larguísimo trávelin siguiendo a Trintignant en su silla de ruedas por la calle, la última secuencia de la película), pero en Happy End no alcanza a construir con rotundidad uno de esos ambientes opresivos y de ambigüedad moral, extrañamente atractivos, que pueblan su filmografía. Lo más cercano a esa sensación lo aporta una jovencísima actriz, Fantine Harduin, con un personaje turbio a la par que vulnerable, del que apetece saber más y al que se echa de menos cuando su trama no es la que está en primera línea.


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HAPPY END

Dirección: Michael Haneke

Intérpretes: Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin.

Género: drama. Austria, Francia, 2017.

Duración: 107 minutos.

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