La familia bien, gracias

Jesús Cuéllar


Entre la imagen de un palestino-israelí ya mayor, que escucha obituarios en la radio, y el anuncio de una muerte al final de la película, Invitación de boda discurre casi en su totalidad sin alzar la voz, se diría que intentando evitar todo el ruido y la furia que suele rodear la cuestión palestina, la vida de los palestinos en Israel, Cisjordania, Gaza y la diáspora.

Con un cariño no exento de reflexiones críticas, la poeta y cineasta cristiano-palestina Annemarie Jacir ha filmado un retrato de su propia comunidad tomando como pretexto una boda y la entrega de invitaciones que, según dicta la tradición, deben realizar puerta a puerta el padre y el hermano de la novia a familiares y allegados. La difícil relación entre padre e hijo —el primero, profesor en la aparentemente conservadora Nazaret, obligado a acatar las normas del Estado judío; el segundo, arquitecto residente en Italia y muy concienciado políticamente—, le sirve a la directora para contraponer actitudes y conceptos como los de conformismo y rebeldía, tradición y modernidad, lealtad a la familia y coherencia con los ideales, y la situación de los palestinos del interior y los del exterior.

El relato fluye moroso y apacible, aunque la tensión se vaya fraguando hasta estallar brevemente, antes de volver al remanso, solo aparente, de los afectos familiares, tácitos o expresos. Es encomiable esta actitud mesurada y reflexiva, pero a la complejidad de los asuntos que apunta en sordina Jacir se le queda algo corto este costumbrismo bienintencionado. El conflicto entre padre e hijo funciona bien como símbolo del encontronazo entre actitudes y opciones vitales difícilmente reconciliables. Sin embargo, para profundizar mejor en las diversas realidades palestinas habría sido necesario ampliar el foco, sobre todo a las mujeres de la familia. En un entorno como el cristiano-palestino, donde, a pesar de las opresivas tradiciones, las mujeres parecen mucho más independientes laboral y socialmente que las musulmanas, ellas quedan en un sorprendente segundo plano, sobre todo porque sí había en el argumento personajes femeninos potencialmente relevantes, que habrían proporcionado más interés y relieve a un relato demasiado lineal (y masculino). Por otra parte, la realidad de una ciudad como Nazaret, predominantemente árabe, y sobre todo musulmana, queda desdibujada en la película. Es como si los cristianos-palestinos de esta localidad israelí vivieran en una burbuja, sin relacionarse apenas ni con judíos ni con musulmanes.



 

INVITACIÓN A LA BODA

Dirección: Annemarie Jacir

Intérpretes: Mohammad Bakri, Saleh Bakri, Tarik Kopty

Género: drama. Palestina, Francia 2017

Duración: 96 minutos

 


 

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