Una noche de verdades y demoliciones

Santiago Alonso


En la pasada Berlinale Sally Potter contó a la prensa que las dos semanas de rodaje de The Party coincidieron con la recta final del referéndum por el Brexit de 2016. Gran parte del abatimiento que, siempre según Potter, se cernió sobre buena parte de los intérpretes y gente del equipo durante aquellos días parece haber dejado huella en las secuencias de la obra: ahí están, impregnando las imágenes y los gestos, una negrura que lo ensombrece todo y un ambiente de confianza rota entre amigos, que flota por las habitaciones de las que entran y salen, en estado de creciente agitación, los siete personajes. En cualquier caso, ya desde la fase de escritura e independientemente de la coincidencia concreta con la victoria del sí a la salida de la Unión Europea la cineasta había establecido el enfoque político para la película. Y, además, que sería demoledor, pues había gestado la historia al calor de su desilusión por las elecciones generales celebradas un año antes y por una izquierda que daba una imagen apenas diferente a la ofrecida por la derecha.

La fiesta del título es asimismo, jugando con la polisemia, la esquemática radiografía de un partido y su gente. El nombre del partido nunca se precisa. Ni falta que hace. A causa de su reciente nombramiento como nueva ministra de Sanidad, el personaje interpretado por Kristin Scott Thomas invita a sus amigos más cercanos a cenar para celebrar la noticia. La casi inmediata transformación del júbilo en catástrofe sin remedio –justo esa noche toca soltarse a la cara la verdad sobre tantas cuestiones—le permite a la directora preparar una cáustica comedia cuyo planteamiento formal recoge tanto ecos del teatro de Harold Pinter y otros angry young men, en una versión tirando a farsesca y juguetona, como antiguos aires del cine británico más combativo, principalmente con un blanco y negro de alto contraste, muy desazonador.

La cámara y los intérpretes bailan alrededor de una hoguera de debilidades, traiciones y violencias. Cada personaje representa las diferentes dianas sobre las que Potter ha sentido que debía lanzar sus dardos: una ministra que aún se proclama idealista, una cínica feroz que fue compañera de viaje mucho tiempo atrás, un terapeuta experto en desarrollo personal y contrario a la medicina occidental, un filósofa lesbiana que presume de sus trabajos académicos sobre género… La autora ha aplicado el mismo patrón de hipocresía a todos, sacándoles un lado oscuro proveniente de los dilemas derivados de la tensión entre lo que consideran correcto (o dicen considerar correcto) y lo que después marca la construcción de una vida pública o las horas de la verdad, horas que al final siempre llegan.

Quizás, el único contraste a las miserias de un grupo donde el mejor ejemplo de postración lo ofrece el marido de la anfitriona (Timothy Spall), derrotado e inmóvil en una silla durante dos tercios del metraje, venga marcado por los dos individuos más jóvenes y, en realidad, ajenos al círculo, aunque tampoco sean precisamente un dechado de virtudes: la pareja de la filósofa (Emily Mortimer) y un tiburón de la City (Cillian Murphy). Con unos y otros, Potter hace su instantánea satírica de un laborismo en horas demasiado bajas, encerrado en la postura socio-liberal abrazada desde hace décadas. Eso sí, la directora de Orlando y La lección de tango no se propone profundizar en los temas que saca a relucir, sino que prefiere crear con ellos una ventana por la que miren los espectadores (británicos), dejando que la rabia fluya a través del ritmo frenético de la función. The Party es un golpe seco y expeditivo (el filme dura 71 minutos) sobre el partido antes de la era Corbyn. Y la curiosidad nos llevará a hacernos una pregunta: ¿cómo sería la fiesta ahora que dicen que por fin sí se ha abierto un camino a la izquierda en el Partido Laborista del Reino Unido?



 

THE PARTY

Dirección: Sally Potter

Intérpretes: Kristin Scott Thomas, Timothy Spall,  Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer, Cillian Murphy.

Género: comedia dramática, sátira. Reino Unido, 2017

Duración: 71 minutos

 


 

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