Entrevista con la actriz de Me estás matando Susana

Santiago Alonso


¿Comedia? ¿Drama? ¿Comedia dramática? ¿Drama con elementos cómicos? Delimitaciones genéricas aparte, si es que eso realmente importa, Me estás matando Susana provoca al poco de empezar la sospecha de que no estamos ante la clase de cinta, un conflicto romántico contado con salero, que anuncian las frases publicitarias y los carteles. Y hay más, porque pronto intuimos también, y lo confirmamos según trascurren los minutos, que el problema es otro. Aunque esta película, que se basa en la novela Ciudades desiertas de José Agustín, intenta articular una crítica específica contra las actitudes machistas del mexicano medio, termina nadando por las aguas de la ambigüedad y, peor aún, dejando una serie de muy poco afortunadas conclusiones que derivan directamente de la caracterización que se ha trazado de los protagonistas y su tensa relación de pareja. O al menos, así le ha parecido ver a quien teclea estas líneas.

Por todo esto, sentarse a hablar con Verónica Echegui, la actriz que da voz y rostro a la protagonista femenina, podría generar, de primeras, un poco de incomodidad. Sin embargo, tras el intercambio de saludos y la primera pregunta, cualquier posible reparo se esfuma, porque ella se revela al instante como una persona cuya conversación permite que se establezca un diálogo fluido y libre de barreras, en el que las opiniones convergen y divergen con la mayor naturalidad. Echegui puntualiza, defiende, escucha, pregunta, reconoce, argumenta. La charla sólo da para comentar este último estreno y se quedan en el tintero otras cuestiones como la trayectoria de la intérprete, aunque ha nacido un convencimiento una vez se acaba el encuentro: si en el futuro surge otra oportunidad de comentar un nuevo trabajo suyo, la posibilidad de hablar en profundidad sobre la obra en cuestión, fuera de obligaciones promocionales, parece asegurada. Sean cuales sean las opiniones que se manejen.

(Huelga decir que este es uno de esos casos en los que la entrevista está más bien pensada para un lector que haya visto la película, pues se hizo imprescindible para poder desarrollar el debate comentar abiertamente la escena final)

 

Antes de nada, quiero darte la enhorabuena. La composición de tu personaje requiere un trabajo muy delicado. Habla muy poco durante la película y, de hecho, aparece durante muchos menos minutos que el de García Bernal. Era muy difícil explicar todos sus conflictos interiores.

No se cuenta desde el punto de vista de ella, sino del de él. Es curioso porque la novela sí se plantea desde el punto de vista de ella. Te lo agradezco, porque mi principal preocupación era esa. A ver cómo, con el desarrollo que tiene el personaje, se entiende lo que le pasa de verdad. Que no se quede todo como un misterio en el que ella aparece y desaparece. Me parecía lo más complicado.

Después, te reconozco que, como espectador, he tenido más de un problema con la historia y los personajes.

Bien, bien. (Ríe un poco)

Hablemos antes de Ciudades desiertas. Fue una obra importante en México cuando se publicó en los años ochenta, precisamente porque hablaba sobre el machismo instalado en la cultura de ese país. Como acabas de decir, la novela adoptaba el punto de vista de Susana. ¿Te sirvió para construir el personaje?

La leí de cara a la prueba, antes del guión. Me gustó mucho, aunque ya conocía al director. Después de la prueba, a los pocos días, me avisó para decirme que quería que fuera yo, y que tenía dos semanas antes de empezar. ¡Tenía dos semanas para ser mexicana! “No, no”, dijo, “quiero que seas española”. Ahí ya, introdujo una serie de cambios: “Que hable con acento mexicano, porque lleva años aquí, pero que se note que es española”. Pensé: “A ver cómo sale el experimento. Lo mismo va a parecer que no sé hacer una mexicana total”. Era su apuesta y a por ella fuimos. Luego, es cierto, que todo partía desde Eligio y el viaje que hacía. Con lo cual, en los espacios que quedaban, íbamos viendo cual la problemática de ella.

¡Preparaste todo en dos semanas!

Todo. Había veces que ensayábamos primero y luego empezábamos a rodar. O igual parábamos en una escena porque algo no funcionaba, debatíamos, probábamos otra cosa, la cambiábamos por completo y la rodábamos de nuevo. O la de otro día. Siendo el director también productor, podía tener la libertad de elegir. Por ejemplo, hubo una escena que estuvimos rodando durante dos días.

¿Cuál?

Pues la del plano secuencia en la habitación, cuando él llega todo encabronado, yo hago pis, discutimos… Eran diez minutos de secuencia.

De hecho es la primera, ya bien entrada la película, en la que te vemos hablar y explicarte.

Exacto. Y tenía muchas cosas, muchas capas. El director mismo a veces me decía que no entendía muy bien qué le pasaba a Susana. Al no entenderlo, lo dejaba en mis manos. En otras ocasiones él sí tenía claro por dónde quería ir. Digamos que la fuimos construyendo según rodábamos. Eso tiene cosas maravillosas, como que, de repente, surja algo espontáneo que sea genial y nos sirva. ¿Por qué ella está en ese juego y no escapa? Él le exige, la acosa y la persigue una y otra vez. Si ella no quiere estar con él y huye constantemente, ¿por qué no lo deja? Me di cuenta de que, y por eso el final tiene sentido, el problema es que lo quiere, pero no sabe cómo gestionar la situación. No quiere vivir en la relación en la que está, quiere cambiar, pero no sabe cómo plantear el cambio ni afrontarlo. Y tiene una dependencia que es insana, e igual él de ella, que hace que este ciclo se repita una y otra vez hasta el aburrimiento.

La actriz Verónica Echegui /Foto: Rubén Vega

Viendo Me estás matando Susana uno es consciente de que la intención de Roberto Sneider ha sido poner en solfa los comportamientos del macho mexicano, que tal y como se cuentan se pueden perfectamente extrapolar a comportamientos masculinos universales…

Vamos, seguro que encuentras de esos aquí.

Pero la sensación angustiosa que me estaba ofreciendo Susana, por la imposibilidad efectiva de escapar que decías, no parece que fuera muy importante para el director.

Sí, es angustioso. Porque la verdad, a ver, yo me lo pasaba muy bien cuando interpretaba, pero en realidad es un lugar muy incómodo. La situación que ambos viven es insostenible, nada agradable en algunos momentos.

Es como si toda la relación se basara en una pregunta.

“¿Por qué me amas? ¿Por qué me amas? ¿Por qué me amas?”

Y en esa petición: “Dime que me quieres”.

“Pero, ¿por qué has vuelto? ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué has vuelto?” Sí, para él, esa es la pregunta durante todo el recorrido de la historia, ¿no? Si ella le dice que lo ama, a él ya le vale. En el caso de ella, no le vale, pero no sabe cómo abordar el tema. “Mira, te amo, pero contigo así yo no voy a estar y tenemos que tratar aquí cosas que son muy hondas”. Y a mí me da que no va a poder ser…

Un poco a eso quería llegar. Y a la última escena de reconciliación. Mención aparte del momento de las cachetadas que recibe Susana, que me parece tremendo…

Me alegro, me alegro que te haya parecido eso.

…la película ¡está acabando muy mal! Vale, él ha recibido una lección, pero conociendo su trayectoria y viendo lo de las cachetadas porque la protagonista se ha portado mal…

¿Qué aprende?

Insisto, entonces. No sé si el director ha controlado del todo el mensaje de la película.

¿A ti qué sensación te da?

Nada buena (Verónica ríe). Se ha querido criticar la figura del mexicano posesivo, del hombre que hace lo que le da la gana, que maltrata y engaña a la mujer, pero parece que con recibir una reprimenda…

Ya está.

Ya está. El hombre, pobre, ha sufrido lo suyo y se ha dado cuenta de que se portaba mal. Punto.

Estoy de acuerdo contigo. Pienso que es una tragedia. Porque no están reconociendo y asumiendo la realidad. Están tapando de nuevo. Desde luego, si vuelves a casa tranquilo pensando: “El amor, ¡hay que ver! ¡Cómo son las relaciones románticas!”, pues entonces [la película] sería un gran fracaso. No sé hasta qué punto Roberto lo tenía tan diseñado esto o no. O sea, sí que quería hacer una crítica al macho mexicano, pero es un final que está abierto. Creo que él, en parte, quería que cada uno sustrajera de ello una conclusión propia. Hasta el momento he escuchado varias versiones.

No sé, tal vez es una historia que en los años ochenta tuviera una cierta carga crítica. Llevada a nuestro momento se queda corta.

Como hay cosas que cambian respecto a la novela, yo simplemente hablaría de la peli. Por un lado escuece, porque es desagradable ver cómo se retrata esta relación, en qué lugar está él, y en qué lugar se la coloca a ella. Duele, ¿no? Pero por desgracia, aunque venga de los ochenta, este tipo de relaciones se dan en la actualidad, tal cual. Y más de lo que nos gustaría.

¿Destacarías alguna escena más? Porque tuvieras el control de tu personaje o porque la disfrutaras sin más.

La que teníamos tumbados en el campo. Nosotros nos ceñíamos a la historia, pero muchas veces el director nos proponía que empezáramos a improvisar, y si le gustaba lo que había, se quedaba con lo que teníamos. Esa fue una de ellas. Luego mira, hay una en la que sí que reconozco que disfruté. Es después de cuando se ha montado todo el jaleo, cuando me pregunta que cómo la tiene el otro, “¡pero no, pinche Susana!” (Dice Verónica poniendo entonación mexicana). A la mañana siguiente, cuando hacemos el amor. Esa escena era muy difícil de rodar. Y yo me quedé contenta porque creo que, se entienda o no se entienda, se expresa la frustración de esta mujer, el sentirse en esta historia tan extraña y tan amarga. Por un lado hace el amor, por otro está llorando porque sabe que todo esto no va a ningún lado.

Es curioso porque este mismo año hemos hecho una obra de teatro llamada El amante en el Teatro Kamikaze y estábamos trabajando sobre lo mismo. Si la vienes a ver, que volveremos en marzo, habla de dos personas que tienen un enganche, una codependencia tremenda y no saben cómo trascender la situación en la que están dentro de la pareja. No se atreven a dejarlo. Siguen en lo mismo, eternamente, en un ciclo en el que se están dañando. Se crea un conflicto tremendo. Es algo que, como espectadora, me revolvería en mi asiento, porque seguramente me vería identificada con muchas cosas que no me haría ninguna gracia reconocer de mi misma. Igual que muchos hombres se verán reflejados y dirán que ellos no son así, que eso es muy machista. No darnos cuenta de lo machista que es nuestra sociedad y de cómo son nuestras relaciones todavía, creo que lo ves en esta peli. Te parece extremo, y además trata del prototipo de macho mexicano, pero estoy segura que habrá mucha gente a quien no le haga sentirse bien porque posiblemente reconozca reflejadas cosas suyas muy profundas.


Crítica de Me estás matando Susana, por Mar Nolasco


Verónica Echegui en Me estás matando Susana’

Agradecimientos a Verónica Echegui y a Stefania Piras


 

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