Trastorno fílmico-compulsivo


Desde su estreno en el parisino Théâtre du Palais-Royal hace doce años, Toc Toc también ha triunfado en el mundo hispanohablante. De la pieza del dramaturgo francés Laurent Baffie se han hecho montajes en varios países americanos (México, Argentina, Chile…), y en el nuestro un ejemplo de su éxito es el de Madrid, que va ya por la octava temporada. Con este último precedente, parece casi una consecuencia natural que su adaptación cinematográfica se haya hecho aquí. Para llevar a la pantalla esta famosa comedia, Vicente Villanueva (Lo contrario al amor, Nacida para ganar) ha seguido hasta sus últimas consecuencias una única consigna. Y dicha consigna, aparte de que puede discutirla cualquier amante del cine impuro, se revela tirana y con consecuencias fatales: Villanueva se empeña de principio a fin en borrar cualquier rastro de que la base del filme es una pieza escénica.

Si la transformación al cine de un texto teatral necesita que se ajusten un número determinado de aspectos espacio-temporales y, tal vez, rítmicos respecto a una función sobre las tablas, es razonable, cuando no prácticamente obligatorio, que cualquier elaboración jamas pierda por el camino la teatralidad intrínseca. Porque esa condición insoslayable construye una esencia que aúna la forma y el sentido de la obra. En la presente esa esencia es de carácter cómico y, además, la acción transcurre en un mismo escenario, la sala de espera de un psiquiatra, donde varios pacientes aquejados de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) improvisan una terapia de grupo a la desesperada. No es un problema que Villanueva decida componer un prologo en el que presenta a los personajes, intercale experiencias pasadas de los mismos en lugares diferente o amplíe el escenario añadiendo otras habitaciones adyacentes. El quid de la cuestión reside en que tanto ritmo acelerado a modo de dopaje por sustancias euforizantes (o quizás, de acuerdo, a modo de un TOC), tanta cámara sorpresiva que no para quieta un instante, tanto corte al baño donde va el personaje de la mujer obsesionada por la limpieza y tanta separación en decenas de mini secuencias acaban arruinando el pulso cómico de la función. Se neutraliza el fluir del texto y se resiente, en consecuencia, el espectáculo. Y en cualquier caso, el espectador virgen, el que no haya ido antes al teatro, ni siquiera sabrá valorar si la base del original era de por sí buena (hay indicios de que no lo era tanto).

Irreprochables son los esfuerzos por parte del reparto (Paco León, Alexandra Jiménez, el argentino Óscar Martínez, Rossy de Palma, Adrián Lastra, Nuria Herrero e Inma Cuevas) aunque haya quien salga mejor o peor del montaje que ha preparado Villanueva. Porque una cosa es querer huir de un ejercicio tan poco estimulante como significa filmar teatro sin más, y otra desdeñar el hecho de que existe el teatro cinematográfico, cuyas exigencias pueden resultar apasionantes. Y que, tanto si se quiere como si no, la reconversión siempre pasa por una idea, evolucionada y amplificada, de puesta en escena. Justo lo que falla en Toc Toc, la película.



 

TOC, TOC

Dirección: Vicente Villanueva.

Intérpretes: Rossy de Palma, Alexandra Jiménez, Paco León, Óscar Martínez.

Género: comedia. España, 2017

Duración: 90 minutos.

 


basado en

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