El orden establecido es invariable


Rocky había supuesto un antes y un después en la carrera de Sylvester Stallone. No sólo porque la cinta se llevara tres premios Oscar y fuera un gran éxito de taquilla, sino porque en ella se descubría la vena más creativa del actor, quien había dado a luz al proyecto a través de un guion que él mismo había escrito. Con este camino ya marcado, continuarlo en F.I.S.T. (1978) resultaba bien sencillo. Esta vez el libreto no venía firmado por él, pero jugó un papel determinante en el material final que fue filmado. El autor de la historia era Joe Eszterhas, quien había escrito un mamotreto de 400 páginas; un volumen inmanejable en cualquier tipo de cine, y especialmente en el de estudio. Stallone reescribió el material de partida y le dio forma de película comercializable. Un proyecto por el que se mostró muy interesado, pues su intención en aquella época era la de hacer “cine serio”, de ese que, en la eterna disputa entre la alta y la baja cultura, cumple todos los requisitos para pertenecer al primer grupo. El papel que él interpretó era jugoso, de esos que todo actor quiere encarnar: un protagonista absoluto, con valores nobles pero matices turbios que le aportan cierta profundidad a sus motivaciones. A esto se sumaba el tono dramático de la historia, con el que podía desarrollar el tipo de actuación que más se respeta entre el gran público. Un caramelito, vaya.

Sin embargo, F.I.S.T. se aleja del resultado final que presentaba Rocky. A la cinta que dirige Norman Jewison le falta, ante todo, personalidad, y esto probablemente se deba a que Stallone no escribió el guion ni tuvo poder de decisión sobre el producto final. El film bebe de la herencia de diferentes géneros cinematográficos, y, a base de parecerse a muchos tipos de película, termina por no ser nada en concreto. El film tiene parte de reivindicación social, parte de cine de mafia, parte de cine político –en su vertiente de la lucha por el poder- y parte de melodrama. Parece como si Jewison no hubiera sabido qué tipo de obra hacer, o como si, al leer el guion, hubiera sentido que la película era todas estas cosas. Son todo hipótesis, pero de lo que este crítico está seguro es de que el resultado final luce por sus carencias.

No se trata, en absoluto, de una mala película. F.I.S.T. es de ese tipo de producciones que viven a gusto dentro del circuito Oscars: en ella nada desentona y todo está hecho siguiendo los estándares de escritura y de realización. Esta, como tantas otras que aparecen cada año, presenta una factura técnica exquisita, pero quizás esa sea su mayor pega. En el universo del cine comercial, en el que el poder del productor es absoluto, ¿hasta qué punto las películas son de los directores, y no de los que ponen el dinero? Resulta complicado desembarazarse de estas exigencias lo suficiente como para que el canon de estudio y la mirada del autor convivan, y la cinta de Jewison no es de estos casos. Todo ello a pesar de los impetuosos esfuerzos de Stallone por dar la cara.

El actor está fantástico en su rol principal, que, al igual que la película, está dividido en dos vertientes tan distintas que casi parecen independientes. En la primera parte, Sly lidera con solvencia al grupo de obreros que se unen al sindicato de camioneros para luchar por un mínimo de derechos laborales. Su presencia irradia carisma, con una mirada penetrante y un físico descomunal. En la segunda mitad, a medida que escala posiciones sociales y se aburguesa, su actitud es la de un director de empresa que amasa poder y billetes. En ambas vertientes, Stallone demuestra muchas más dotes interpretativas de las que la comunidad crítica jamás le ha reconocido, y su trabajo luce muy por encima de la película, en la que se echa en falta que meta más el dedo en la llaga en lo que corresponde a la explotación laboral y al capitalismo. En esencia, y como ocurre siempre en este tipo de producciones, la narración pasa de puntillas sobre el sistema y jamás se plantea que quizás este sea el origen de todos los problemas que se muestran a lo largo del metraje. La historia apela al individuo, y lo hace no sólo porque de esta manera es más sencillo ganarse la empatía del público, sino porque, indirectamente, se reduce la influencia de esta persona, como si fuera un caso excepcional –no vaya a ser que parezca factible cambiar el orden establecido-. A fin de cuentas, Stallone escogió un papel interesante desde el punto de vista interpretativo, pero se enroló en un proyecto carente de atractivo, que a nadie molestará pero a muy pocos convencerá.


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F.I.S.T. (Símbolo de fuerza)

Dirección: Norman Jewison

Guion: Sylvester Stallone

Intérpretes: Sylvester Stallone, Rod Steiger, Peter Boyle, Melinda Dillon, David Huffman, Kevin Conway, Tony Lo Bianco

Género: drama. Estados Unidos, 1978

Duración: 125 minutos

 


Fotografías: IMDb


 

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