Hogar, traumático hogar


Hacia el final del primer tercio de Grandes familias el protagonista interpretado por Mathieu Amalric, un financiero francés residente en Pekín que por cuestiones de negocios hace un regreso relámpago a su país natal, visita el apartamento de un amigo de infancia que es promotor inmobiliario. Ambos recuerdan el pasado ante la panorámica urbana: donde ahora hay edificios y luces a montones antes era apacible rincón de provincias, un paraje de árboles y tranquilidad. Pero no hay entrada ni para el lamento ni para los debates respecto a la evidentísima transformación a golpe de grúas y ansias especuladoras: el promotor ha sido el feliz artífice de la estampa hecha de cemento, y al espectador se le ha contado que el financiero pretende acelerar la venta de la mansión familiar, el derribo y posterior construcción sobre el terreno, aún está por dilucidar si un complejo de lujo o si viviendas municipales con algo de verde. Es así como certifica el film que trata el tema de la vuelta al hogar sin atender a nostalgias – aparte queda la más que vaga nota acerca de los abusos del sector del ladrillo – y sitúa el foco sobre las emociones dolorosas de quien huyera. Poco influirá el recuerdo del espacio donde se levantó el país de la infancia cuando las vivencias allí forjaron la personalidad bajo el trauma y aún pesan los conflictos familiares.

Encontraremos en Grandes familias velocidad,  contrastes entre pasado y globalización, un cierto conformismo y un más resultón que efectivo renuevo de la farsa. Son los recursos principales que despliega el octogenario Jean-Paul Rappeneau en su regreso al cine, doce años han pasado desde Bon voyage, para activar la trama de una comedia burguesa con secretos y mentiras al descubierto, herencias y riñas entre hermanos. Por medio y poco a poco, también el amor. Como se presupone en la buena consecución de un planteamiento según las mencionadas características, se ha trabajado el ensamblaje de la coralidad. El conjunto de intérpretes funciona bien, aunque siempre acabarán destacando la presencia de Amalric, tan notable como acostumbra, y las zozobras que definen a su personaje a cada paso.  Por encima de cualquier otro impulso, parece que lo que realmente motiva a Rappeneau es dirigir la mirada hacia un hombre muy poco consciente de las fuerzas que lo rodean, un tipo taciturno y ambiguo que no sabe en realidad de quién o de qué ha estado escapando durante toda la vida.


"Belles Familles" de Jean-Paul Rapenneau


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GRANDES FAMILIAS

Dirección: Jean-Paul Rappeneau

Intérpretes: Mathieu Amalric, Gilles Lellouche, Marine Vacth, Nicole García, André Dussollier.

Género: comedia dramática. Francia, 2015

Duración: 113 minutos

 

 


 

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