Trabajo, luego existo


La crisis económica y sus protagonistas son puntos de referencia que configuran el retrato de nuestra sociedad. El cine ha sabido construir un reflejo de dicho retrato haciendo visibles sus consecuencias y enfrentando a los espectadores al impacto directo que  provoca (y ha provocado) esta situación en las personas (anónimas). Los hermanos Dardenne son algunos de esos directores cuya filmografía se inserta dentro del cine social captando la realidad cercana para elaborar, con minucioso detalle, un retrato de la vida de los que viven en los márgenes de la sociedad, márgenes cada vez más amplios  en los que hay cabida para todos aquellos que padecen miserias económicas y humanas.

En ese lado marginal de Europa es donde los hermanos Dardenne sitúan Rosetta, película estrenada en 1999 y ganadora de la Palma de oro en Cannes. El film resulta ser espejo de la precariedad social de (la antigua) clase media de la Europa de 2016, cuando en realidad recoge el lado más marginal de la Europa de finales de los 90. Los Dardenne inauguran un tipo de cine que acerca a una realidad de la que quiere hacer partícipe al público, a partir de un estilo íntimo y respetuoso con la humanidad de las personas que retrata. Una de las marcas de este estilo dardenniano, presente en Rosetta, es de la que se sirven los directores para que el espectador sea capaz de conectar con la dolorosa realidad de la que parte su protagonista (quien da nombre al film) Rosetta: la pérdida de empleo.  Desde la  primera escena comienza la odisea de esta joven  por encontrar un empleo (o mantenerlo), mientras la cámara persigue a la adolescente de cerca, quedando los espectadores en la posición de fisgones, inmiscuyéndose en su  intimidad y en los reducidos espacios en los que suele estar. La cámara es testigo de unos signos corporales que delatan la angustia existencial que acompaña a ese despido: respiración entrecortada, movimientos rápidos y bruscos, dolores de tripa o los forcejeos constantes con las personas de su entorno. No hay tregua para un espectador que se sitúa a una incómoda corta distancia, sin posibilidad de despreocuparse de aquello que está siendo testigo. En este clima de inestabilidad, el frío penetra por cada plano invernal de gélidos colores donde la hostilidad se refleja en cada contacto humano que establece.

Todo es miedo en Rosetta. El miedo es ese sentimiento que proviene de la idea (y la posibilidad) inminente de caer en el hoyo. Desde la posición de guerrera, la chica protege su fragilidad y vulnerabilidad interior que traspasan las fronteras físicas que las contienen. La marginalidad geográfica que retratan los Dardenne tan solo supone un punto concreto en el que las personas pueden optar por luchar o no hacerlo. Esa disposición física proviene de una herencia familiar, circunstancia vital con las que se llega al mundo, y esta es, quizá, la diferencia entre Rosetta y cualquiera de las películas surgidas de la crisis económica actual: la situación de empobrecimiento o desempleo no proviene del lugar marginal en el que nos toca vivir. En el último film estrenado por esta pareja de cineastas, Dos días y una noche (Deux jours, une nuit, 2014), su protagonista sufre el mismo ahogo existencial que Rosetta, un ahogo económico fruto de circunstancias distintas. La empleabilidad de ambas mujeres se convierte en el rasgo definitorio de su personalidad y el sentido  de su existencia.

Quizá hoy estamos ante un momento mucho más propicio para entender determinados largometrajes en los que tener un empleo es el motor de la vida de sus protagonistas. Hoy sería impensable ver Rosetta y cuestionarse cómo un conseguir un empleo puede llevar a tomar determinadas decisiones. En definitiva, este drama social enfrenta al espectador a presenciar un proceso de crecimiento personal donde la moralidad es la única opción no predestinada. Desde esa posición de sujetos poseedores de libre elección donde reside la esperanza por huir de la marginalidad y poder tener, al menos, una vida “normal”.



rosseta

 

ROSETTA

Dirección: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Intérpretes: Émilie Dequenne, Fabrizio Rongione, Oliver Gourmet, Anne Yernaux.

Género: drama. Bélgica, Francia 1999

Duración: 95 minutos

 

 


(Fotografías: Vértigo Films)


 

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