Una historia de drogadicción


La apertura a un mundo amplio y la posterior precipitación cuesta abajo. Se articula bajo esa secuencia prácticamente cualquier relato sobre las experiencias con las sustancias cuando se deriva hacia el consumo sin orden ni control. Es la misma idea que condensa el primer plano de Mi amor, anunciando el marco de la historia que estamos a punto de ver. Una panorámica de un paisaje nevado y la protagonista Tony (Emmanuelle Bercot) desciende la pista con sus esquís. Una bajada temeraria, un abismo. Se desliza a tal velocidad que la caída se acaba produciendo. Rotura de una rodilla y rehabilitación forzosa. Pero el destrozo – se pasará a detallar – ha sido otro, el de una vida, y el lento proceso de cura deberá suponer una desintoxicación y el paulatino desenganche. Porque la crónica del restablecimiento físico es la excusa para contar otro de índole emocional, una terapia parar curar el mal que hace girones la existencia de Tony. Poder andar significará poder andar sola. Sin la sujeción llamada Giorgio (Vincent Casell): su amor. O mejor, su rey, el término del título original (Mon roi) que encaja con justeza, con terrible justeza, las circunstancias de vasallaje.

Tras el éxito de la coral Polisse, continúa Maïwenn su carrera de directora –  la actriz de Alta tensión suma ya cuatro títulos – efectuando aquí una narración que entrelaza dos procesos sucesivos, uno de ida y otro de vuelta, a partir del largo ingreso en una clínica. A la cinta la compone el día a día de la mujer mientras los recuerdos acuden: transición, estabilización y recuperación frente a lo que fueron enamoramiento, noqueo, paulatina anulación y humillación, a veces también voluntaria. Los flashbaks ocupan dos tercios del metraje y el espectador deberá agarrarse bien a la butaca, ya que lo zambullirán dentro de un viaje lleno de agitaciones y agotamientos, un espectáculo que oficia sin desfallecer ese objeto del deseo pasado de revoluciones que encarna Cassell.

Si estuviéramos ante una película de amor, intensidad y desasosiego sin más, nos cansaría al rato tanto grito, tanto aspaviento, y no sentiríamos la más mínima empatía, pero el propósito de Maïwenn se dirige hacia otro lugar. Mi amor es ante todo un estudio sobre la drogadicción. Está hecha para verse así y se aproxima a las referencias de tal temática, desde Trainspotting hasta Requiem por un sueño – ante las cuales asiste, desde el otro lado de la barrera, quien no viva o haya vivido dependencias tales – , separando su sentido al de otros títulos que a priori se le asemejarían, como la reciente De óxido y hueso. Y planea encima una sensación mientras avanza: tal vez la directora sea conocedora y sabe que nunca se extinguirá el temor a las recaídas. Que pese a la lucha, el bucle podría rehacerse.


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MI AMOR

Dirección: Maïwenn.

Intérpretes: Emmanuelle Bercot, Vincent Cassel, Isild Le Besco, Louis Garrel .

Género: drama. Francia, 2015.

Duración: 124 minutos.

 

 


 

 

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