Siguiendo nuestra tradición inveterada de parcelar la realidad agotando el número diez (que creo un poco forzada porque mi teoría es que el auténtico fundamento es el nueve): por ejemplo, las Tablas de la Ley de Moisés, el calendario lunar romano (antes de la admisión de enero y febrero), el Decamerón de Boccacio, los cuerpos principales del sistema solar -nueve planetas más el sol, en torno al cual giran, aunque parece que últimamente Plutón se está quedando fuera-, o el sistema métrico decimal -es curioso que no se implantara hasta mediados del siglo XIX-, además de ejemplos menos elevados como Maradona, Zidane o Messi, y el Sobresaliente en el boletín de notas, se me han ocurrido diez reglas o leyes para identificar al perfecto aficionado al llamado séptimo arte (que aunque sea siempre “séptimo” no siempre es “arte”, cosa bien de lamentar). Si bien es perfectamente posible que haya cinéfilos excelentes que no cumplan una o varias de estas razones, yo las creo sin embargo indispensables para considerarlos como tales y por mi parte intento cumplirlas todas: cada uno en la vida se guía por lo que se guía, y lo que es válido para unos puede que no lo resulte para otros. En cualquier caso, ahí van las primeras cinco.

1.- No te desesperarás cuando a tu vecino de butaca le suene el teléfono en mitad de una película. Ya sabemos que no costaría nada silenciarlo: las llamadas y los mensajes seguirían entrando y no se molestaría a nadie, pero dado que tiene que haber gente de todo tipo es conveniente no irritarse por ello. Ocurre igual en las reuniones de trabajo salpicadas cada pocos segundos por el aviso potente de un nuevo whatsapp: ¿tanto cuesta quitar el sonido si el mensaje te va a llegar igual? A veces se me ocurre que la gracia está precisamente en que se oiga el aviso y hacer patente ante los demás la vida social tan interesante que lleva quien continuamente está recibiendo mensajes, mayormente chorradas por lo demás. Pero este narcisismo tan extendido se suele dar a cara descubierta: ¿qué sentido tiene en una sala a oscuras donde nadie te ve, y aunque te vieran nadie te conocería?

Eso sí, nuestro vecino del móvil tampoco puede irse impune: sería buena idea desearle profundamente que en una de las muchas ocasiones en que vaya mirando el teléfono mientras camina dé un mal paso y se tuerza un tobillo (desearle que lo pille un coche al cruzar la calle es quizá desproporcionado). Estoy convencido de que si todos los cinéfilos se disponen a proyectar sentimientos así a este tipo de gente es muy probable que se acaben cumpliendo: al fin y al cabo un desconsiderado armado con un smartphone va generando a su paso un karma bastante negativo. Allá ellos.

La mención al móvil era un poco obvia; pasemos a lo siguiente.

2.- Te abstendrás de emitir tópicos: además de que revela una gran pereza mental eso de repetir lo que circula por ahí y no ser capaz de pensar por uno mismo, resulta un poco pesado oír por enésima vez cosas como “se trata de una película necesaria”, o “ahora mismo el mejor cine se da en las series de televisión” (con sus variantes de “la mejor narrativa actual es la que se escribe para la HBO” o “si Shakespeare y Dickens vivieran hoy en día serían showrunners”). Otros lugares comunes entre la gente del cine son expresiones del tipo “este autor es fiel a sí mismo” (siempre que oigo eso me dan ganas de replicar: “entonces es que no se ha puesto los cuernos…”); también “la interpretación de Fulano es espectacular” (adjetivo este último que se aplica ya a cualquier cosa), otros como “la historia que cuenta no te deja indiferente”, y mi favorita por su brevedad, sencillez y falta de pretensiones: “esta película es genial”.

Pero ciertamente es difícil escapar a los lugares comunes; cuando uno habla o escribe se da cuenta a menudo de que los tópicos lo han invadido sin darse cuenta, y a la menor ocasión saltan al exterior para hacernos quedar como tontos con pretensiones. Quien esté libre de pecado, etc.

3.- No elogiarás a Woody Allen para tener a continuación el pretexto de perdonarle la vida por sus últimas películas. No es que Allen no sea un genio en lo suyo: todos sabemos que lo es, pero eso de que nos recuerden que tampoco es Dios y que por tanto no todas sus obras son tan excelentes como las mejores o que lo último que está haciendo es “cine turístico”, me parece un poco mezquino. Y dicho sea de paso: la mayoría de sus películas de la llamada “etapa europea” también están muy bien, qué cojones.

4.- No te descargarás gratuitamente películas de internet si tienes más de treinta y cinco años. Podría ponerse una edad más baja por respeto a la industria, ciertamente, pero también es verdad que en España cada vez tarda uno más en entrar en la edad adulta y no digamos en encontrar un trabajo decentemente remunerado. Por otro lado, los treinta y cinco años ya son el límite de lo aceptable, y quien a esa edad aún no haya conseguido un medio de ganarse la vida que permita a la gente del cine ganarse la suya siempre puede pedir prestados DVDs a los amigos. Por debajo de los treinta y cinco no es que las descargas sin pagar sean lícitas, pero en fin: todos hemos hecho fotocopias, y también es cierto que el cine sigue siendo caro y que muchos productos no valen ni de lejos lo que cuestan (¿por qué ha de valer lo mismo una película de Hitchcock que una de, pongamos, Julio Medem?).

Si descubrimos que alguien por debajo de esa edad piratea cine, pues todos haremos un poco como que no vemos, como hacía con nosotros cuando nos pillaba copiando en un examen aquella profesora a la que caíamos bien. Supongo que es un tipo de corrupción que la sociedad puede soportar, puesto que ha soportado otros peores.

5.- No denostarás más al cine español: es humillante, injusto y vejatorio compararlo con el norteamericano o con el que se hace en otras partes de Europa, y ya todos sabemos de sobra lo que hay en casa como para hacer más sangre con el asunto. Si los autores norteamericanos, o los británicos o los franceses han espabilado antes y han podido desarrollar un talento que aquí algunos envidian, pues mejor para ellos. Si a uno no le gusta el cine español actual, que no vaya a verlo y punto. Es cruel e innecesario meterse siempre con el menos listo de la clase: qué más le gustaría a él que ser de otra manera. Por otro lado, supongo que el cine que se hace en un país es un poco como los políticos que ese país aúpa al poder: ambos son consecuencia directa de lo que la gente demanda, prefiere y elige. Por tanto, pienso que deberíamos empezar por mejorarnos todos un poquito a nosotros mismos, que lo demás vendrá por añadidura.

(Continuará)


(Fotografía: The Parthenon in Athens / Steve Swayne (CC BY 2.0 via Wikimedia Commons )


Leer DECÁLOGO DEL CINÉFILO  (y II)

 

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