(Auto) Control


Gracias a la esforzada labor de las distribuidoras independientes por hacerles un hueco dentro de la cartelera, durante las temporadas cinematográficas pasadas pudimos disfrutar en salas –  ay, solo de Madrid y Barcelona – de varios títulos belgas y holandeses (más o menos) recientes. Por citar solo algunas, películas belgas como El veredicto y Alabama Monroe, u holandesas como Borgman, Kauwboy, Jackie, Eva Van End. Distintas las intenciones, también los resultados, pero dejaban la sensación de que ambos países europeos están creando un cine valioso del cual sería deseable una mayor difusión y un conocimiento más panorámico.

Una grata sorpresa fue Matterhorn (2013), que nos llegó desde los Países Bajos tras haber conseguido su responsable, el actor cómico Diederik Ebbinge, el premio «Pilar Miró» a Mejor Nuevo Director en el Festival de Valladolid. Esta comedia adoptaba la forma de cuento de hadas muy estrafalario y levantaba de principio a fin todo un análisis de la noción de control. Del control como concepto en sus variantes sociales e íntimas. Y acerca de los procesos de pérdida y aprendizaje (o aprendizaje y pérdida) en cualquiera de tales variantes: manifestaciones que hacían de motor a la rueda de la trama y regía los actos de sus protagonistas.

Fred es un viudo que vive en una cerradísima comunidad calvinista allá por la campiña holandesa. El control de la religión, con un dios que impone su autoridad sobre cualquier acto y sobre cualquier miembro del grupo social, le sirve al señor de dinámica perfecta que regule por necesidad su conducta, máxime cuando se adivina en su vida una tragedia que provocara el estado actual de soledad. Sin el mencionado autocontrol – pese a emanar de una superestructura que constriñe la personalidad – se daría paso al dolor, a los precipicios que abren las tristezas de la vida. La misma comida todos los días, a la misma posición en punto sobre el reloj; repetidos los gestos, las miradas, las ropas; repetidas las añoranzas, la música de Bach como la única banda sonora posible… y Fred va solventando a duras penas la existencia.

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¿Qué sucedería si quien viviera así se cruzara con un individuo que careciese del más mínimo latido de autocontrol? ¿Se acercaría para ayudar al perdido? ¿Aplicaría entonces sobre dicha persona los mecanismos de dominio y autoridad? ¿Ayudarle sería una excusa para colmar el espíritu cristiano o muestra de arrogante supremacía? El viudo se verá en la tesitura cuando se tope con Theo, un vagabundo misterioso y medio sonado que un buen día aparece en la comunidad. Y la decisión de meterlo en su casa acabará generando un terremoto dentro de esa paz dolorosa que creía haber cimentado.

Ebbinge prepara un coctel a base de minimalismo, extravagancia y cierta intriga a la hora de desarrollar una peculiar relación que al inicio bordea los límites del abuso hacia un discapacitado psíquico. Tales componentes, tan dispares entre sí, están bien cosidos, permitiendo que una cinta con vocación de relato chocante soporte los añadidos dramáticos y emocionantes. La rareza de la cinta alcanza así un punto ideal para los propósitos del autor, sin que los sepulte o, por el lado contrario, ofrezca sensación de disparar boutades a ráfagas.

Según se descubra paulatinamente el fondo de ambos personajes – dos excelentes actores, por cierto, Ton KasRené van’t Hof-, el desarrollo deparará varias sorpresas al espectador: entre los momentos de humor y las críticas a los comportamientos impuestos, se verá en medio de una curiosísima y efectiva apuesta por los procesos de cambio que alejan a las personas de los prejuicios; por los retornos a los afectos, única guía limpia que permite conducirse a lo largo del sendero y sus pendientes.

En Matterhorn se dan la mano sentimentalidad y lucha contra la intolerancia dentro de una fábula de difícil clasificación. Una pena que a día de hoy, después de un paso por las pantallas que fue corto, no exista edición española del dvd. Esperemos que esto cambie, y también que no se interrumpan los estrenos, de una manera u otra, con denominación de origen belga y holandés.


matterhornMATTERHORN

Dirección: Diederik Ebbinge.

Intérpretes: Tom Kas, René van’t Hof, Porgy Franssen, Ariane Schluter.

Género: comedia. Holanda, 2013.

Duración: 85 minutos.

 

 

 

 


(Fotografías: SherlockFilms)


 rep.

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