Still Pasolini


Cuarenta años después del asesinato, la figura de Pier Paolo Pasolini late todavía dentro de la sociedad italiana. Basta acercarse a una librería grande de cualquier ciudad y se encuentran sus obras, bien visibles, constantemente reeditadas. Cuando filmotecas y cineclubs proyectan sus películas, la afluencia supera el poder de convocatoria por otros directores nacionales, igualándole quizás solo Fellini. Se sigue hablando del intelectual, del novelista, del poeta corsaro, del cineasta, del personaje público, del auténtico radical, tanto por las circunstancias bajo las sombras del crimen, como de su clarividencia y su espíritu crítico respecto a una Italia a la que carcomen conformismos, degradaciones y otros males desde la segunda mitad del siglo XX.

Al tratarse de un coloso de dimensiones tales, alguien que levanta pasiones, genera rechazos y en torno al cual no se apagan las controversias, el acercamiento cinematográfico cuenta de primeras con el hándicap de las suspicacias y las lupas encima. Había muchas ganas, pese a todo, por ver el que preparaba Abel Ferrara. Para muchos, algunos comentarios de promoción y los ‘glups’ tras Welcome to New York (2014), trasunto de las correrías de Dominique Strauss-Kahn, mostraban señales de mal augurio.

Una vez vista Pasolini, podemos decir que las inquietudes no se han cumplido. El resultado del tributo del neoyorkino es, ni más ni menos, que una mirada de autor sobre un creador irrepetible, un homenaje pasado por los sentimientos personales de Ferrara y no por el intelecto. Entonces ningún sensacionalismo, ninguna extravagancia, ninguna vocación de rebuscamiento. Tampoco se pretende hacer narrativa de docudrama y didactismo. Esta crónica de sus dos últimos días con vida, es simplemente la puesta en imágenes de los latidos que impulsaban el artista al crear dentro de un mundo convulso, como lo era allí la realidad  de los 70.

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La revisión en París de la copia francesa de Salò, la entrevista para la televisión, el regreso a Roma junto a la madre, la escritura (y recreación) de la novela Petrolio, la última entrevista con Furio Colombo (‘Siamo tutti in pericolo’), los preparativos (y recreación con el mismísimo Ninetto Davoli haciendo el papel pensado para Eduardo de Filippo) del nuevo proyecto que tenía entre manos, Porno-Teo-Kolossal… Ferrara y el guionista Maurizio Braucci van superponiendo, uno tras otro y en orden, hechos y personajes hasta la madrugada fatal en el Idroscalo de Ostia, contada sin entrar en mayores certezas que la ya aceptada versión de la intervención en el homicidio de un grupo de matones.

El conjunto destila el deslumbramiento profundo de Ferrara, mostrándose totalmente fiel a sus percepciones como espectador y lector de Pasolini: la pasión, la modernidad, el torbellino sin red de seguridad, el impulso por el riesgo y el escándalo como compromiso ético. ¿Profundiza de veras el norteamericano o se queda en el arrebato del admirador? Al pasoliniano, a cualquiera que haya adentrado en la figura anteriormente, le sabrá a poco porque no le contarán nada que ya se haya hablado, explicado y remirado desde el 1975. En ese sentido, el ambiente histórico se antojaba tan fundamental para dibujar al individuo, que la ojeada durante una escena al Corriere della Sera, nutrido con la barbarie de los Años de Plomo, queda flojísima e insuficiente.

Ferrara tiene a las claras en mente un público que se acerca por vez primera a la figura total de Pasolini, y es ésta la medida sobre la cual considerar el film. El conjunto es muy irregular y reúne durante 86 minutos esfuerzos notables – ahí un Willem Dafoe haciendo mímesis y al mismo tiempo lo contrario -, junto a varios momentos que evocan con energía; pero también tiene otros nulos, como los encuentros corrientes entre el poeta y los secundarios. Y después está el extrañamiento que produce la alternancia sin justificación en los idiomas, el escuchar a un Pasolini con acentazo de turista y a unos actores hablar inglés con dicción de italianos. Cabe preguntarse si sería mejor que se exhibiera la versión italiana en el estreno español, aunque el director nos abroncaría y diría que la película es como es porque le salió hacerla así y punto.


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PASOLINI

Dirección: Abel Ferrara

Intérpretes: Willem Dafoe, Ricardo Scamarcio, Ninetto Davoli (Epifanio), Valerio Mastandrea, Maria de Medeiros, Adriana Asti

Género: biogáfico, drama. Bélgica, Francia, Italia, 2014

Duración: 86 minutos


 

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