Irene Bullock


El análisis de Frances ( Estados Unidos, 1982), de Graeme Clifford, puede girar alrededor de dos actrices. La película es un biopic de Frances Farmer (1913-1970), una bella actriz de la Paramount que fue contratada por el estudio en 1935. Farmer no funcionó según los dictados del Hollywood dorado. Era controvertida y rebelde y quiso abandonar los platós, pues consideraba que su carrera no estaba siendo bien dirigida. Trató de hacer su camino en el teatro, pero no tuvo suerte. Regresó a la Paramount, pero su relación con la industria de los sueños cada vez fue más compleja; además su vida sentimental tampoco funcionaba, y cayó en inestabilidades emocionales y en el alcohol. En 1942, tras varios incidentes y escándalos, descendió a los infiernos de las instituciones psiquiátricas. No salió del laberinto hasta siete años después. Se convirtió en leyenda de la meca del cine: un juguete roto del sistema de estudios.

La actriz que la representó en la pantalla de cine fue Jessica Lange en uno de sus mejores momentos. Actualmente Lange está viviendo una segunda etapa dorada en su carrera como actriz gracias a la televisión. Tanto las distintas temporadas de American Horror Story (2011-2019) como la serie de ocho capítulos Feud: Bette and Joan (2017) han permitido que Lange sea conocida por nuevas generaciones y que siga mostrando las cualidades y el carisma que la encumbraron a finales de los setenta y durante los años ochenta. Si bien empezó como una sex symbol en películas como King Kong (1976) o El cartero siempre llama dos veces (1981), dos remakes del Hollywood clásico, poco a poco fue adquiriendo roles de una actriz de carácter, con papeles que no explotaban tan solo su físico. El año 1982 fue culminante en su carrera. De hecho, en la ceremonia de los Óscar de 1983 fue nominada doblemente como actriz secundaria por Tootsie (premio que finalmente se llevó) y como actriz principal por Frances (la estatuilla se la arrebató en esta categoría otra gran diva de la pantalla durante aquellos años, Meryl Streep, por La decisión de Sophie). Y es que Frances es Jessica Lange.

Licencias dramáticas

El largometraje de Graeme Clifford, un realizador de televisión que pocas veces más visitó la pantalla grande, cuenta como principal baza con la interpretación de Lange. Frances, como todo biopic, tiene licencias dramáticas. Pero, además, bastantes. No todo lo que transcurre en la pantalla sucedió tal cual. Aunque los guionistas de la película no adaptaron directamente ni su autobiografía, Will there really be a morning?, ni una novela biográfica de William Arnold, Shadowland, sí que fueron dos de sus fuentes. Ambas obras son bastante controvertidas, pues han sido cuestionadas en varios aspectos delicados. Muchos espectadores entraron en contacto con la vida de la actriz a través de esta obra cinematográfica, pero muchos de sus datos no son fidedignos. Habría que matizar que es una película inspirada en su vida.

Pero volviendo al largometraje de Clifford, se pueden señalar varios aspectos que la película convierte en ficción o no refleja claramente. Por ejemplo, Frances Farmer no era hija única, tal y como aparece en esta producción, y sus padres se separaron cuando ella era una niña, teniendo a partir de ese momento una vida familiar inestable. De hecho, en la pantalla nunca queda muy clara cuál es la relación entre los padres. A veces parece que viven juntos, y otras que están separados. Al padre se le presenta como un ser totalmente anulado por la personalidad absorbente de la madre.

Sin embargo, hay que señalar sobre todo dos cuestiones: Frances Farmer no tuvo ningún ángel de la guarda a lo largo de su vida, es decir, nunca existió Harry York (Sam Shepard), un hombre que se convierte en su sombra y que aparece siempre en los momentos más críticos de su vida. Es un personaje totalmente ficticio. Y hasta ahora no se ha podido acreditar con documentos oficiales o testigos directos si realmente sufrió una lobotomía. Más bien todo parece indicar que no. Sí sufrió, sin embargo, un calvario y encierro en instituciones psiquiátricas.

Frances formaba parte de una corriente de películas estadounidenses de cine dentro del cine que empezó a gestarse en los años setenta. Los grandes estudios habían caído o se transformaban. Había una nueva generación de directores y actores y el sistema de estudios ya no funcionaba. El viejo Hollywood era ya pasado. Así, varios largometrajes miraron hacia atrás, hacia ese Hollywood que ya no existía. La mirada de estas obras, o bien indagaba en la cara más oscura de la industria y la desmitificaba de forma demoledora, desbaratando el mundo ideal de farándula y sueños —con títulos como Como plaga de langosta (1975), Fiesta salvaje (1975), El último magnate (1976)—, o bien acudía a la nostalgia como Así empezó Hollywood (1976) o La última locura (1976).

Frances también avivaba esa atracción que siempre ha sentido y siente la industria por llevar a la pantalla las biografías de actores y actrices de vidas glamurosas y trágicas, como los protagonistas de Jeanne Eagles (1957), El hombre de las mil caras (1957), Harlow (1965) o Valentino (1977).

 Reivindicando a una mujer rebelde

Lo triste de Frances Farmer es que se conoce más su vida desgraciada que su carrera como actriz de cine y teatro. Y son más famosas y difundidas sus fotografías en los juzgados que las imágenes de sus distintos trabajos artísticos. El acceso a su obra cinematográfica no es fácil. Cuenta con títulos que muestran su carisma como actriz: por ejemplo, Rivales (1936) y El hijo de la furia (1942). Y su presencia en alguna rareza de cine negro de serie B como Among the living (1941).

La Paramount intentó modelarla como actriz tal y como se hacía en el sistema de estudios, pero Frances Farmer no solo fue rebelde sino que se mostró en desacuerdo en todo momento con la manera en que se  estaba dirigiendo su carrera. Ella quería ser una actriz seria con buenos papeles. Además, no le gustaban los compromisos ni la vida de Hollywood. Si algo la disgustaba, no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba sobre cualquier asunto que no le pareciese bien. Farmer mostró desde muy joven que tenía ideas propias y un talante progresista. La película de Clifford comienza con dos acontecimientos de su juventud durante los años treinta: por una parte, su vena creativa en la escritura ganando un concurso literario con un texto donde cuestiona la existencia de Dios; y por otra, cuando gana otro premio a través de un periódico de izquierdas que le permite emprender un viaje a la Unión Soviética para conocer el Teatro de Arte de Moscú. Estos acontecimientos son reales. De hecho cuando regresó de Rusia, aterrizó en Nueva York para empezar como actriz de teatro, pero un cazatalentos la hizo firmar un contrato con la Paramount.

La película hace hincapié en su carácter independiente y creativo y cómo el estudio quiere cortarle las alas. Ella planta cara al todopoderoso y abandona Hollywood, pues no es feliz ni con el éxito, ni con la hipocresía que la rodea ni con el hombre con el que se casa, un compañero de trabajo, uno de tantos actores olvidados del sistema. Y empieza de cero en el teatro. Así, a través de Harold Clurman, entra en contacto con el New York City’s Group Theater. Y consigue un papel en Golden boy, una obra del dramaturgo Clifford Odets (en 1939 se llevó a cabo una adaptación al cine con Barbara Stanwyck y William Holden). Y también inicia una relación sentimental con Odets.

Exactamente, eso también es verídico, sin embargo, de nuevo llegó la decepción. No solo no le dieron el papel en la representación de la obra en Londres, sino que además Odets cortó su relación con ella. Él estaba casado con  Luise Rainer. Sus siguientes pasos en el teatro no lograron proporcionarle una estabilidad y tuvo que regresar de nuevo a Hollywood. Todos estos episodios sí están reflejados en Frances. Y ahí empezó el declive, la industria ya no la quería, no le hacía la vida fácil y Frances seguía siendo rebelde. Además su inestabilidad emocional la hizo caer en el alcohol. Todo se complicó a raíz de una detención por conducir ebria. A partir de ese momento una serie de incidentes, provocarían su caída e internamiento en instituciones psiquiátricas. La película describe crudamente todos estos momentos, los tratamientos inadecuados, las vejaciones en las diferentes instituciones e incluso plantea que se le practicó una lobotomía, que anuló sus emociones y su creatividad.

Abandonada por todos, en la película de Clifford, el único que trata de sacarla de todos los aprietos es Harry York. Se conocen cuando esta tiene dieciséis años y a partir de ese momento sus destinos siempre se cruzan. Para ella, él es su ángel de la guarda; y para él, ella es su amor imposible. Y es curioso el tratamiento de este personaje a lo largo de la película. Es como una aparición. Surge en los momentos más inesperados. Ella lo ve por primera vez en la pantalla de cine como la sombra que está detrás de un líder político local. A partir de ese instante aparece y desaparece en las situaciones más críticas de la actriz siempre dispuesto a echarla una mano. Frances nunca decide quedarse con él. Y este siempre la deja marchar, pero nunca la abandona. Es una relación intermitente. Casi se puede pensar que es un personaje imaginario, una sombra que ayuda a Frances a seguir adelante.

Otro aspecto que la película desarrolla (y que podía haber sido el centro de la trama) es la relación tóxica que mantiene con su madre, Lilliam Farmer (una estremecedora Kim Stanley). No solo Farmer tiene que enfrentarse a todos los problemas que tiene con Hollywood y sus inestabilidades emocionales, sino también a su madre.  Llama la atención cómo un personaje tan rebelde, tan creativo e independiente tiene ese vínculo  de dependencia, y cómo su progenitora la destroza y le complica la vida al convertirse en su tutora legal. Sí parece ser que en la vida real Frances tuvo una relación complicada con su madre. La cinta también refleja la relación con su padre. Se muestra la complicidad entre ambos y se justifica la debilidad de carácter de él, que siempre esté a la sombra de la madre. La actriz lo quiere. Pero al final le reprocha que nunca haga nada, que no se ponga de su parte y la defienda y que no se enfrente a su esposa.

El mayor fallo de Frances es el de muchas películas biográficas: quiere abarcar demasiadas facetas del personaje y varias etapas de su vida. Por otra parte, no encuentra el punto de vista. Primero parece que va a ser una película narrada desde la mirada de Frances; después pasa a la de Harry York (lo convierte en narrador), pero esta voz se diluye. Y entonces entra, en primer término de pronto,  la relación compleja con su madre. Luego refleja todos los sufrimientos posibles de la actriz en las instituciones psiquiátricas hasta un triste final de una Farmer apagada, anulada.

Sin embargo, se mantiene la atención a lo largo de toda la película gracias a la magnética interpretación de Jessica Lange, muy bien acompañada por Kim Stanley y Sam Shepard. Ella construye un personaje femenino complejo y potente. Además es una producción que cuida la ambientación: Seattle durante los años treinta; el viejo Hollywood del sistema de estudios; el mundo del teatro en Nueva York… Todo envuelto con la fotografía suave, de colores cálidos, de László Kovács y la banda sonora de John Barry, que juega con el romanticismo, la nostalgia y la tristeza.

 Historia de pasión detrás de las cámaras

Pero esta película esconde otra historia extracinematográfica, que se refleja en cada fotograma. Y es la química especial que se establece entre dos de sus protagonistas. Entre Jessica Lange y Sam Shepard. Precisamente, fue en Frances donde iniciaron su historia sentimental. Nunca llegaron a casarse, pero vivieron juntos casi treinta años y tuvieron dos hijos. Una historia que duró hasta el año 2009 (ocho años después falleció el dramaturgo, músico y actor). No fue una historia fácil, ni siquiera durante sus comienzos. Ella acababa de ser madre y estaba con Mijaíl Barýshnikov, y él seguía casado con su primera esposa O-Lan Jones y era padre también de un niño. A partir de este rodaje, siguieron viéndose intermitentemente, y, pasado un tiempo, empezaron a vivir juntos.

El personaje de Frances Farmer le supuso a Jessica Lange su consagración como actriz. De sex symbol a actriz de carácter. Los mismos pasos que hubiese querido dar Farmer si la hubieran dejado…


 

2 Comentarios »

  1. No me suena para nada esta actriz y sin embargo al leer en tu texto, querida Irene, que formó parte del círculo teatral de Odets en los años ’30, supongo que debo haber tropezado con su nombre cuando leí una biografía de nuestro querido John Garfield (estoy presumiendo que compartes el sentimiento con Hildy Johnson y conmigo).-
    El cine de los ’70 se me escapa pero agrego un papel más en el que Jessica Lange deja una impresión duradera: la bella y etérea Muerte en All That Jazz.-
    Y ya que mencionás el biopic de Valentino filmado en los ’70 (que no he visto pero leí sobre él) ¿sabías que hay un biopic anterior en el que la protagonista femenina es Eleanor Parker? Lo tengo en mi colección pero aún no lo he visto. Es una cuestión resbalosa la de los biopic, porque cuando están bien hechos son una fiesta con sus recreaciones de época y la posibilidad de saciar la fascinación que produce la vida privada de las estrellas, pero por otro lado tendemos a olvidar que ante todo son películas, no libros de historia, y que como tales tienden al entretenimiento y a la manipulación de los hechos. Y está bien que así sea, ¿te imaginás una película que retrate tal y cómo sucedieron los hechos de la vida de una persona, sin omitir ninguno? No sólo sería imposible sino además aburridísimo.-
    Un cariño enorme, pero de verdad, no de biopic,
    Bet.-

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  2. ¡Irene Bullock, al habla!
    Mi gran amiga Bet, ¡por supuesto que comparto con vosotras un gran amor hacia John Garfield! Odets no sale muy bien parado en la película, pero ¡qué guiones más maravillosos salieron de su pluma!: Chantaje en Broadway (Sweet Smell of Success). O como me gusta la película que adapta su obra teatral: Golden boy. Frances Farmer tiene una historia supertriste. Un juguete roto. Yo he podido verla tan solo en dos películas, y luego he leído bastante sobre ella. La primera vez en el primer volumen de “Hollywood Babilonia” de Kenneth Anger. Adoro All that jazz, este verano tuve la oportunidad de verla en pantalla grande y me dejó fuera de juego. Jessica Lange está maravillosamente etérea como la muerte. ¡No me acordaba para nada de la película sobre Valentino con una Eleanor Parker de protagonista! Yo me lo paso muy bien con los biopic. Esta película la primera vez que la vi me impactó. Sí, es cierto, que todo biopic ficcionaliza, y no suelo tener problema alguno. Aquí lo que pasa que al no ser muy conocida Farmer, la película puede ser la primera y única referencia. Ahora para mí sigue siendo una gozada disfrutar de una interpretación de Jessica Lange brillante.

    Beso
    Hildy

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