No, no pude hacerlo


A veces aparece la niebla y envuelve el día a día de las personas. Se desliza por los rincones de un país hasta atraparlo. Cubre incluso continentes. La desparraman las corrientes de las guerras y las ocupaciones de los pueblos. Entonces el ser humano, dentro de dicha niebla, se ve a la fuerza en una disyuntiva que no puede aplazar. Es un aquí y un ahora. La diferencia entre el vivir o morir, tú, los tuyos, tu mundo. Es un debate moral interno y hay que decidir: resistir o colaborar.

La entrada violenta de las brumas caracterizó la historia de Europa durante un siglo XX donde se reiteraron sobre los escenarios, varios los países y varios los momentos, los paradigmas de invasores y colaboracionistas frente a resistentes. El film En la niebla, relato sobre tres partisanos, nos recuerda concretamente el capítulo bielorruso en aquel acontecimiento funesto que fue la Segunda Guerra Mundial, retratando el alma colectiva de una gente arrastrada a la fuerza hacia la atrocidad por parte de quienes invaden.

Los españoles sabemos bien poco acerca de Bielorrusia y su historia o de su cultura. La segunda película de ficción del reputado documentalista Sergei Loznitsa está basada  en una obra de Vasily Bykov, figura capital de las letras contemporáneas de aquel país, alguien que conoció en su juventud la realidad descrita en sus historias. Se dio la circunstancia que dicha República Socialista fue la primera en la invasión a la Unión Soviética por la Alemania nazi. Fue uno de los territorios más castigados debido al largo tiempo que duró la ocupación.

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Los alemanes tuvieron bajo la bota a la sociedad rural hasta grados de auténtica carnicería. La secuencia que abre la película describe, analiza y resume perfectamente el contexto y el estado de degradación al que fue sometida la población bielorrusa: un plano secuencia con una mirada que gira y se mezcla entre unos aldeanos que asisten al ahorcamiento de tres resistentes, de fondo las exhortaciones al pueblo en altavoz para la colaboración, y acaba el recorrido en un carromato que rebosa huesos y despojos de mercado.

A partir de ese inicio, la historia une las vicisitudes de otros tres partisanos en un destino común. El mismo huir de la niebla. La tragedia captura a protagonistas y espectadores dentro de un bosque hecho laberinto, con un ritmo en el cual el montaje ha sido excluido de la gramática cinematográfica. A unos planos secuencia donde no se busca virguería sino composición recia de los planos, se suma un cuidado especial en el sonido, en el captar al detalle pequeños rumores, el crujir de las maderas, los roces, como banda sonora para los gestos de unos personajes ante lo inevitable.

Sushenya, la figura central del relato, se ve abocado a un destino fatal pero él, ya desde el principio, resolvió la disyuntiva. “No, no pude hacerlo”, dijo. “¿Tan rápido cambia la gente con la guerra?”, se preguntaba. Su protagonismo posee además el aliento de tragedia griega, en una sobrecogedora película que además atraerá mucho a quienes ya se hayan conmovido anteriormente con los relatos de las pobres gentes, las almas en carne viva, los humillados y ofendidos que pueblan la literatura eslava.


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Dirección: Sergei Loznitsa.

Intérpretes: Vladimir Svirskiy, Vladislav Abashin, Sergei Kolesov, Nikita Peremotovs.

Género: drama. Bielorrusia, 2012.

Duración: 127 minutos.

Premio FIPRESCI Cannes 2012


(Fuente fotografías: Vértigo Films rep.

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